La fille mal gardée

14 de julio del 2012

Una comedia, una pantomima, una coreografía plena de trucos alegres y sorpresas como la presencia de un bailarín disfrazado de gallo despertando a las gallinas de su corral y bailando con ellas una divertida danza de gallinero. Esto fue lo que disfrutaron el 10 de julio en el Palais Garnier, en París, quienes asistieron a […]

Una comedia, una pantomima, una coreografía plena de trucos alegres y sorpresas como la presencia de un bailarín disfrazado de gallo despertando a las gallinas de su corral y bailando con ellas una divertida danza de gallinero. Esto fue lo que disfrutaron el 10 de julio en el Palais Garnier, en París, quienes asistieron a la presentación de La fille mal gardée.

La fille mal gardée, La joven mal cuidada, es considerado como el primer ballet moderno, con mucho de vaudeville y de comedia. Fue concebido por el coreógrafo Jean Dauberval, en 1787, irónicamente unos días antes de la toma de la Bastilla, el 14 de julio. Este ballet fue calificado como algo revolucionario en la danza, una puesta en escena que cambió el concepto del ballet tradicional, acercándolo más al pueblo, a su vida cotidiana, aquella de una granja y sus sencillos habitantes, incluso sus animales.

La historia es sencilla y común. Una joven campesina, cuya madre viuda la quiere casar con el hijo de terrateniente de la región, un amanerado joven que tiene una extraña fijación por su paraguas rojo. Naturalmente la joven no desea este matrimonio, pues está enamorada de un humilde campesino, líder de los trilladores del pueblo.

El papel de la viuda es bailado por un hombre y el del amanerado hijo del terrateniente, por una bailarina. Ambos papeles requieren mucho de mímica, comicidad y maestría en la danza. Al igual sucede con el papel del gallo y de sus cuatro gallinas.

Esta obra tuvo un gran éxito desde su estreno y en pocos años ya había sido presentada en los más importantes teatros de Europa y Estados Unidos. Con el pasar de los años algunos de los coreógrafos y bailarines más destacados del mundo, como Ivanov, Petipa y Nijinky, hicieron modificaciones importantes a su presentación adaptándolo a los diferentes estilos de sus compañías.

La obra que se presenta por estos días en París es la versión creada por el inglés Fredrick Ashton para el Royal Ballet de Londres en 1960.

Es claro que parte del placer de asistir a este ballet es revisitar el magnífico edificio de la Opera de París, o Palais Garnier. El edificio fue planificado, en 1820, por Haussmann, el gran arquitecto de París. Sin embargo, su construcción solo se efectuó 40 años más tarde por el joven, pero ya famoso, arquitecto Charles Garnier.

Nunca deja de deslumbrar la majestad de su fachada, su escalinata principal y su gran foyer con columnas de mármoles de ocho colores diferentes, múltiples arañas de bronce y cristal y docenas de espejos que multiplican su luz. Este escenario ha sido mencionado en innumerables novelas y filmado en el mismo número de películas.

El techo de la sala principal, decorado en 1964 por Marc Chagall, es alumbrado por una gigantesca araña que pesa ocho toneladas.

El edificio se puede visitar en un interesante tour que lo lleva a uno tras bambalinas. En fin, si se visita París, este es uno de los lugares para no perderse y si tiene la suerte de poder asistir a una de sus presentaciones, mejor aún.

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