La gobernación del Huila estuvo vacante por una semana

La gobernación del Huila estuvo vacante por una semana

17 de marzo del 2016

Es posible que muchas decisiones (decretos, resoluciones, compras, nombramientos o traslados) carezcan de vigencia, si los firmó la Secretaria de Gobierno, Liliana Vásquez de Bravo, en ausencia del gobernador Carlos Julio González.

Mediante decreto 115 de 2016 , González designó como gobernadora encargada a la señora Vásquez, para que lo reemplazara los días 27 y 28 de enero. Pero el 29 le hicieron una cirugía al mandatario seccional y lo incapacitaron por diez días.

El 1 de febrero solicitan que el presidente o el Ministro del Interior autoricen la incapacidad y el mismo día el alto gobierno pide que “la transcriban”, es decir que la firme una EPS y no un médico particular, como estaba. Lo hacen el 4 de febrero. Al día siguiente, devuelven el trámite por extemporáneo.

Hubo, entonces, en términos jurídicos y prácticos una vacancia del cargo. Y nada que haya firmado como gobernadora encargada la señora Vásquez tiene validez legal.

La secretaria de gobierno no estaba facultada por Presidencia ni por el Ministerio del Interior para ejercer el cargo de gobernadora.

El asunto parece ser minúsculo, pero resulta de enorme importancia si la funcionaria firmó como gobernadora, no estando autorizada legalmente.

Es la diferencia entre una finca y una gobernación. En la primera, el dueño se larga cuando quiere, sin permiso ni licencia. En un cargo oficial hay unos trámites obligatorios que se cumplen o producen acefalías y errores administrativos. En ocasiones las ausencias sirven para que un funcionario menor resulte firmando un entuerto mayor.

El gobernador le queda debiendo al Huila (no a mí, mero espectador) la explicación sobre los males que lo aquejan y que obligaron a una intervención quirúrgica. Es posible que nunca lo haga, por la costumbre de “dejar pasar”, como estrategia política. El olvido se utiliza como herramienta terminante para prescribir responsabilidades, en un país donde la justicia es morosa –cuando no inoperante- y la memoria farragosa en una vida que marcha tan rauda, tan deprisa.

La señora Vásquez, esposa del exsenador Bravo, quien pagó cárcel por un hecho de corrupción en su gobernación, deberá pisar fino en la administración de los González Villa, enseñados como están a manosear las leyes y caminar por el filo de la ilegalidad.

Es posible que ellos –los González Villa- carezcan de escrúpulos, pero sería una lástima que la muy dulce señora también sea presa del festín. Y me temo que si no aclara la situación referida, ya hace parte de la corruptela y el desmadre, en un gobierno que antes de posesionarse tenía ese sello, por antecedentes de familia.

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