La quejadera

La quejadera

13 de agosto del 2018

Arrancó el gobierno de Iván Duque y la primera semana fue de descubrimientos y críticas. Al nuevo gobierno le tocó descubrir los regalos envenenados que le dejó Santos. Nombramientos de última hora en la nómina burocrática, decretos liberando cientos de presos y la cereza del ponqué: una crisis diplomática con un aliado cercano como Israel.

Pero también fue el inicio de la oposición. Una tradición no escrita le daba al gobierno entrante un período de gracia de unos cien días en los cuales la prensa y los partidos políticos esperaban que la nueva administración lanzara sus programas y conformara su equipo de trabajo. No sucedió así esta vez. Desde el día 7 de agosto, la oposición, liderada por la prensa santista, arremetió contra el gobierno sin reparar en ninguna consideración.

Esta actitud es el resultado de la polarización heredada del período anterior. A pesar de los esfuerzos del nuevo presidente por conciliar la opinión pública, el ambiente está sensible. Hay poco espacio para matices y otro tipo de consideraciones. La oposición le apuesta al fracaso de Duque pues está convencida que podrá conquistar el poder sobre las ruinas del actual. A ello se suma la cercanía de las elecciones regionales donde las fuerzas quieren medirse y ampliar su influencia nacional.

Que la oposición, golpeada por la derrota y sus implicaciones políticas, desprestigiada por el pésimo legado de Santos y debilitada por sus incoherencias, no quiera darle un compás de espera a la nueva administración es entendible. Fueron muchos años de privilegios y presupuestos a su disposición; demasiados compromisos entre los poderes públicos, los gremios y la prensa alrededor de la mermelada. La pérdida de estos caramelos es muy dura para quienes disfrutaron -sin límites ni vergüenza- las larguezas de la corrupción santista. Por su parte, la extrema izquierda en cabeza de Petro, está convencida que tiene el viento de cola que la convierte en la inevitable triunfadora en cuatro años.

Algunos dirán que la oposición a Santos también fue muy negativa. Ello es cierto pero también lo es que nunca en nuestra historia existió una administración más displicente y mediocre como la anterior. La actitud del Santos no dejaba espacio ni alternativa para quienes consideraba como enemigos y no como opositores.

Las realidades de la política son impredecibles. Los que se oponen, desde el primer día y sobre todos los temas, sin permitirle al nuevo gobierno iniciar su gestión, terminarán enceguecidos por su negativismo. La quejadera es un arma política de doble filo pues desgasta también a quien la ejerce.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.