La subversión existe, y no es paja

La subversión existe, y no es paja

9 de febrero del 2019

Hace poco, la izquierda celebró (no entiendo qué) los veinte años del arribo del coronel comunista Hugo Chávez al poder en Venezuela… ¡Ah!, sí, está claro qué celebraban: la forma en que dicho comandante (ahora dicen que es “eterno”) y sus allegados penetraron no solo el cuerpo armado venezolano, sino otros ámbitos de la nación vecina, lo que les permitió tomarse el gobierno y el país.

Tan “magno” acontecimiento sirve de motivo para volver a hablar de un tema que parece venido a menos: la “subversión” (de subvertir, “trastornar o alterar algo, especialmente el orden establecido”, dice la Academia), palabra muy utilizada antes y desaparecida, de modo misterioso, del vocabulario colombiano. Quizás fue por la negociación entre Rodrigo “Timo” Londoño, cuando gobernaba en las zonas donde imperaban las fuerzas ilegales, y Juan Manuel Santos, cuando gobernaba (se supone) en las zonas donde imperaban las fuerzas institucionales.

Se creería que el término se esfumó en virtud de una orden de no usarlo emitida por alguno de los dos dirigentes, buscando, quizás, un ambiente “más objetivo” en las conversaciones de paz. Sin embargo, ahora, en la administración de Duque, con una visión más fresca y realista, el término y el tema “subversión” empiezan a aparecer de nuevo en boca de oficiales de las FF.AA., de analistas y hasta (increíble) de periodistas, perspectiva que cobrará más intensidad debido al lanzamiento, por parte del presidente, del Plan Nacional de Seguridad.

Es una verdad, a puño alzado, que Chávez llegó al poder gracias a los votos de muchos ciudadanos, pero también a una paciente labor de polinización ideológica en múltiples campos con el fin de respaldar las aspiraciones políticas del camarada comandante, camuflado de demócrata. Lo suyo fue una paciente empresa subversiva con mentores, objetivos, recursos, estrategias y tácticas, orientada, claro está, a romper el orden y las instituciones de la Venezuela de esos años. Lo mismo que buscan en Colombia diferentes organizaciones, regidas por iguales ideales, algunas desde hace 60 años y otras desde hace menos, confiadas en colapsar el orden establecido y sustituirlo con “el paraíso socialista del siglo 21”.

Sus dirigentes están convencidos, como buenos colombianos –es que nos las sabemos todas…–, de que ellos sí tienen el secreto de construir el cielo proletario que no lograron, en decenios, sus “comandante eternos” en la Unión Soviética, Cuba o Venezuela, para no citar más casos. Y ese convencimiento los conduce a realizar una infinidad de actos subversivos orientados a lograr “la República Socialista y Antiimperialista de Colombia”.

¿De cuáles acciones subversivas puede hablarse? Por supuesto, de asesinatos personales y colectivos, ataques terroristas, secuestros, etc., pero también de acciones de filtración y control, apoyadas por guerrillas urbanas y fuerzas organizadas, en un sinfín de escenarios a lo largo y ancho del país: la prensa, la radio, la televisión, los portales internéticos, las redes sociales y espacios online, los docentes y estudiantes, las universidades y colegios, los sindicatos, las empresas particulares y estatales, los trabajadores independientes, las fuerzas militares y de policía, los servicios de inteligencia y vigilancia, las instancias religiosas de todos los credos, las representaciones nacionales en el exterior y las extranjeras acreditadas en Colombia, los líderes sociales, las barriadas urbanas y rurales, los estratos de 1 a 6 (incluidos aquellos hombres y mujeres de perfil “mamerto”), las instituciones del Estado (ministerios, superintendencias, cortes, juzgados, fiscalía, procuraduría, veedurías, contraloría, etc.), los gremios privados, las autoridades periféricas, el sector de la salud, las víctimas del conflicto, el frente intelectual y artístico (escritores, analistas, tanques de pensamiento, cineastas, artistas y otros), el mundo deportivo, las ong, los partidos y movimientos políticos, etc. Todo un cosmos.

Tontos, si no lo hicieran.

Los propugnadores del imposible paraíso socialista necesitan disponer de miles de agentes en la cotidianidad nacional, con la misión de horadar las estructuras y servir de fuerzas cruciales de cara a subirse al poder. No les importa si es a través de un golpe revolucionario o un triunfo en las elecciones presidenciales. Lo que primero les sea factible combinando todas las formas de lucha. Ni les quita el sueño que la Historia y los pueblos indiquen que los gobiernos “socialistas” permanecen por largos lustros en manos de gentes ineptas, condición que las lleva a ser irresponsables; esto, a ser tiranas; esto, a ser arrogantes, y esto, a ser corruptas. ¿Paja? Creer que es paja es hacerles el juego.

INFLEXIÓN. La subversión, de boba, no tiene un pelo; de nefasta, todos.

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