La última masacre: Aurora, Colorado

21 de julio del 2012

La masacre de Aurora, Colorado, no es la primera y tristemente no será la última masacre que ocurra. De tiempo a tiempo las autoridades se ven enfrentadas a eventos que fácilmente pueden catalogarse como de terroristas. Las comunidades entran en un proceso de duelo y sanación tanto para aquellos que pierden sus seres queridos como para los que logran sobrevivir los eventos y tienen que aprender a vivir con el drama de haber sido testigos de primera línea.

Mal contados, desde el año 1996, alrededor del mundo se han presentado 72 actos violentos en planteles educativos, y otros 25 en lugares públicos incluyendo el ocurrido hace un año  en el campo de verano de Noruega que dejó 77 niños muertos.

Pero volvamos de nuevo al caso de Aurora. ¿Cómo una persona cual James Holmes, 24 años, que en algún momento intentó estudiar medicina, graduado con honores, candidato a doctorado en neurociencia, puede de pronto terminar con la vida de 12 personas y dejar 70 heridas, siendo el autor de la masacre más grande  de este tipo en Estados Unidos? Cómo pudo tener la posibilidad de adquirir legalmente por internet dos pistolas glock, un rifle automático de asalto y una escopeta con 6000  tiros de munición, adicional a toda la ropa y accesorios tácticos de guerra.

Un hombre,  que según sus vecinos se veía como una persona amable y cordial, no solo entra disparando a un teatro sino que deja una trampa minada en su apartamento y los alrededores con la potencialidad de continuar con un asesinato en serie tanto a las autoridades que atenderían el magnicidio como a los vecinos de la zona. Como caso casi excepcional en estos eventos, no se quitó la vida después de ocurridos los hechos.

Una de las víctimas del cine donde se estrenaba la película de Batman, a la que el destino le tenía una ruta marcada es Jessica Ghawi, 24 años, quien irónicamente había escapado de otro acto violento, la balacera ocurrida en la ciudad de Toronto que tuvo lugar el mes pasado en un conocido y popular centro comercial de la ciudad, el Eaton Center, el cual dejo en shock a la ciudad, que se ha visto afectada por otras tres balaceras en el último mes, actos violentos a los que no está acostumbrada.

Siempre se busca una respuesta o una explicación a la ocurrencia de estos actos violentos. Y es difícil encontrar una sola.  Realmente es el resultado de muchos factores: el exceso de violencia en la televisión, el cine, los videojuegos; la inmediatez y el avance acelerado y de las redes sociales, los sistemas educativos, la falta de regulación, y sobre todo la ausencia de familia y de valores, como se aprendía en cívica: la célula básica de toda sociedad.

Sin lugar a dudas el tema de las armas será nuevamente debatido en la campana  electoral norteamericana, igualmente lo será el tema tecnológico y de la influencia del internet.

Mal podríamos satanizar la tecnología, lo que debemos cuestionar es la reglamentación, la prevención y la velocidad que tiene la sociedad para adaptarse a los cambios abruptos y vertiginosos a los que nos estamos viendo abocados.

Con las redes sociales y el internet también cambia el espectro de las investigaciones así como el de las especulaciones. Es una nueva herramienta que puede servir como en la persecución del crimen como ocurrió con la captura del “carnicero” de Montreal el mes pasado.

Vale entonces la pena replantearnos qué necesitamos como Estado, como sociedad, como familia, para ser nosotros los que regulemos y controlemos la tecnología, los medios y las armas y no que sean estos los que nos rijan y controlen a nosotros, a nuestros jóvenes y niños.

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