Las dos caras de la figuración: Alejandro Obregón y Lorenzo Jaramillo

Dom, 15/04/2012 - 01:03
Para mí, Lorenzo Jaramillo y Alejandro Obregón fueron seres humanos que por sus actitudes me infundieron su afán por vivir las horas de la vida con enorme intensidad

Para mí, Lorenzo Jaramillo y Alejandro Obregón fueron seres humanos que por sus actitudes me infundieron su afán por vivir las horas de la vida con enorme intensidad. En la galería El Museo en Bogotá, se conmemoran 20 años de su partida. Se exponen trabajos en donde podemos observar cómo pensaron de maneras distintas a la figuración.

De Alejandro Obregón (1920- 1992) es palpable la experiencia barroca donde la creación es un impulso de la naturaleza. Las bondades del gran pintor que fue, se encuentran en los trabajos que realizó con óleo y donde aparece la magia en el tratamiento de los grises. El cuadro más bello de esa época, lo pude ver hace poco, es un toro-águila y pertenece al Museo de Arte Moderno de Barranquilla, en donde existe la evidencia de grave combate por la gloria. Una obra maestra donde se puede observar la fuerza con que este hombre poderoso, pintaba.

Alejandro Obregón, La Isla, 1961.

Con la técnica del acrílico en los años en los años sesenta, el maestro Obregón encontró su propia trampa en el facilismo del secado rápido del material. Perdió ese misterioso mundo atmosférico y se perdieron la gracia de las pinceladas, solo quedaron los gestos secos de una pintura plana. En la exposición es evidente el salto mortal. A manera de retrospectiva se exhiben cuadros con su cubismo latente y los trabajos de 1961 realizados con una paleta magistral. Ya, los pintados con acrílico, se nota el enorme facilismo de la mano rápida y hábil del artista que, poco a poco, se reinventó en gestos y formulas aprendidos. Su impaciencia se tradujo en la utilización del color y, su habilidad lo llevó a pensar más en sus temas del horizonte y su geografía y quedó estancado en su búsqueda emblemática por la abstracción figurativa. Atrás se quedó el pintor. En sus cuadros las pinceladas crean manchas, como en el terrible Eclipse de 1976, La nube de 1982 o Los vientos que realizó en los años noventa.

Alejandro Obregón, Eclipse, 1974.

Eso sí, también en la exposición hay joyas sobrias en pequeño formato de 1961 que colgaron en una pared que pintó la galería de amarillo para crear un efecto de contraste.

Lorenzo Jaramillo, Mujeres danzantes (tríptico), 1980-90.

Lorenzo Jaramillo (1950-1992) creó su lenguaje con la fuerza de la desproporción expresionista. Con sus trazos aparentemente histéricos, logró su propia coherencia cuando realizó una serie de enormes caras siempre en desorden –Talking heads–desproporción en la que insistió que hizo una figuración poderosa mientras hacía homenaje a la rebeldía y estética punk. También se encuentra expuestas, la serie de Los Muchachos extravagantes que los pintó durante los 365 días del año 1985 y se encuentran también algunos de los trípticos donde Lorenzo Jaramillo logró un manejo del color nocturno. Las figuras en constante movimiento nos hacen pensar en una danza o en una coreografía con las luces artificiales dan la idea de teatralidad, a unas mujeres terribles que con todo su cuerpo nos muestran formas de agresividad frenética. Interesante exposición que comenzó el 12 de abril y acaba el 26 de mayo.

Lorenzo Jaramillo, Talking Heads, 1982.

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