Las Farc, un tema de neuronas y hormonas

Las Farc, un tema de neuronas y hormonas

29 de agosto del 2017

Por Ignacio Arizmendi Posada

Tanto en programas de radio y televisión como en periódicos, portales y revistas de Colombia y del exterior, los jerarcas de las Farc han aparecido en entrevistas y conversaciones de distinto calado. Los temas dominantes han sido alrededor de asuntos de interés humano, si se quiere, pero lejos de una perspectiva crítica dado que se trata de una organización marxista leninista –dicho por sus jerarcas– que aspira a establecer un régimen de visos soviéticos en Colombia.

Si lo establecen, sería un giro de ciento ochenta grados para el país y de consecuencias catastróficas. Basta recordar la historia de las naciones que sufrieron o sufren bajo el yugo implacable de un gobierno comunista para concluir que los cambios no se dan por evolución sino por revolución, y que no se hallan en línea con el mensaje que los líderes de las Farc y sus aliados están enviando consistente en parecer buenas personas, respetuosos, amables, limpios de culpa, honorables.

Por eso el tema Farc, como organización o “holding” que busca llegar al poder por vías electorales, hay que verlo, desde los escenarios periodísticos, con neuronas y hormonas. Neuronas para ser lúcidos, hormonas para ser intrépidos.

Los periodistas demócratas que inviten a sus medios a conversar a los jerarcas de dicho partido de extrema izquierda necesitan de los dos elementos para desarrollar una función de concreción, de dejar claras las cosas, de facilitar el conocimiento sobre lo que las Farc –con tal nombre o con otro– pretenden realizar desde el gobierno a partir de 2018, si ganan los comicios.

Neuronas para llamar a las cosas por su nombre y hormonas para preguntarles sin miedo: es que se hallan frente a hombres y mujeres autores intelectuales y/o materiales de asesinatos, secuestros, extorsiones, ataques terroristas, degradación del medio ambiente, masacres, hurtos, reclutamiento y abuso de menores, y toda clase de crímenes de lesa humanidad “en busca de la felicidad del pueblo”.

Neuronas y hormonas para no desaprovechar la oportunidad preguntándoles cómo era la vida en el monte, cuáles eran sus horarios, qué costumbres tenían, cómo hacían el amor, cómo cocinaban, cómo se aseaban, dónde hacían pipí y popó, cuál era el trato de unos con otros, qué jugaban, qué papel desempañaban las mujeres, cuántas podía “tener” cada uno de los duros, etc.

Neuronas y hormonas para lograr que los invitados de las Farc, o como se denomine su partido, especifiquen en términos concretos cómo aplicarán el marxismo-leninismo en la economía, la banca, el comercio, la educación, los medios, las libertades ciudadanas, los derechos individuales y sociales, la tributación, el sindicalismo, los partidos no marxistas, la explotación de los recursos naturales, las relaciones internacionales, la propiedad privada, la empresa, la oposición, las iglesias, las Fuerzas Militares y de Policía, los organismos de seguridad, y un largo etcétera. Eso –concretar– es lo que tienen que hacer los periodistas demócratas con las damas y los caballeros de las Farc cuando los tengan a tiro en sus entre- vistas y conversaciones, en lugar de indagarlos sobre la vida en la selva, lo que no aporta nada al criterio ciudadano.

Porque los grupos marxistas-leninistas, comunistas, cuando arriban al poder hacen lo que predican: prohíben los partidos demócratas para que sólo funcione el del régimen; nacionalizan la economía; expropian los bienes privados; estatizan la educación; arrebatan la patria potestad; clausuran los medios demócratas y los reabren como voceros revolucionarios; prohíben las elecciones libres; los periodistas, los escritores y los artistas tienen que operar en un único sindicato o de lo contrario se fugan, si pueden, o pagan cárcel; las buenas viviendas se las toman los burócratas y seguidores del partido y en las restantes acomodan a tres o cuatro familias de barrios menos favorecidos. Etc. La cosa no es jugando a las mamacitas.

Neuronas y hormonas para aterrizarlos en sus afirmaciones: si dicen que van a “fundar una nueva Colombia”, que digan qué diablos es eso; si sostienen que durante su gobierno “habrá una verdadera justicia”, que precisen qué vacas son esas; si comentan que “el pueblo colombiano alcanzará la dignidad que nunca ha tenido”, que especifiquen qué entienden por dignidad y cómo la alcanzarán. Y repreguntar, repreguntar, repreguntar. Y así, con numerosos temas reales, ciertos, no retóricos. Al fin y al cabo, lo que se pretende es imponer un régimen totalitario de corte soviético dizque teniendo en cuenta las lecciones de la historia y los nuevos tiempos:

Las exigencias de concreción son diferentes con líderes de partidos y movimientos demócratas. En este caso ya se trata de que precisen cómo estimularán las exportaciones, impulsarán la vivienda social, erradicarán el analfabetismo, propiciarán el emprendimiento, reducirán las desigualdades, mejorarán la justicia, crearán empleo, etc., no cómo van a arrasar con la democracia colombiana ni a exterminar las imperfectas instituciones que nos rigen, como sí buscan los ilustres señores y señoras de las Farc y sus aliados.

Ojalá se den por aludidos los periodistas hombres y mujeres de Caracol radio, Caracol televisión, La W, Blu radio, RCN radio y televisión, La FM, La Hora de la Verdad, las emisoras regionales, Semana, Diners, Don Juan, Soho, Bocas, Cromos, los portales y los periódicos de Bogotá y capitales. En sus manos y lenguas, con neuronas y hormonas, está la posibilidad de realizar una pedagogía que busque desnudar las verdaderas ideas e intenciones de quienes hablan, abiertamente, de su condición marxista-leninista y del objetivo de establecer, lógicamente a las malas, la llamada “dictadura del proletariado” en pos del “paraíso comunista”. Que no han podido construir en Cuba luego de sesenta años de gobierno unifamiliar y totalitario.

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