Lo que está en juego

Mar, 06/03/2018 - 04:13
Es de tal magnitud el desprestigio del congreso y de los partidos que las elecciones del próximo 11 de marzo han estado frías y sin emociones. Los ciudadanos están más preocupados por las presiden
Es de tal magnitud el desprestigio del congreso y de los partidos que las elecciones del próximo 11 de marzo han estado frías y sin emociones. Los ciudadanos están más preocupados por las presidenciales porque el escenario estaba, hasta hace pocos días, muy abierto. El poder presidencial es tan fuerte que el elector cree que es la única contienda relevante pues sabe que el parlamento hará lo que le indique el ejecutivo. La herencia de la mermelada es tan fuerte que las condiciones en que quede conformado el legislativo es un tema de poca importancia para la opinión pública. Es cierto que los ocho años de santismo destruyeron los partidos. Los que apoyaron el proceso de paz como la U, los conservadores y los liberales tendrán que asumir el costo de haber estado del lado del gobierno más impopular de la historia moderna de la república. Cambio Radical espera que, tanqueado de mermelada y respaldado por las más cuestionadas figuras de la política nacional, logre escapar de la sanción del pueblo. La izquierda, que apoyó a Santos en casi todo, también tendrá que asumir su parte de la responsabilidad. Los verdes y otros movimientos sin estructura tendrán dificultades para sobrevivir en una elección donde los partidos de la coalición del gobierno están llenos de recursos. Pero el ciudadano debe entender que el gobierno requiere de un buen Congreso para poder atacar los grandes desafíos que se avecinan. En el próximo cuatrienio deberán adoptarse decisiones trascendentales en los campos de la economía, la seguridad, las pensiones y la salud. Para ello es necesaria una mayoría que le garantice al presidente la posibilidad de hacer las reformas necesarias. La gobernabilidad es un pre- requisito para poder garantizar la eficiencia de las políticas públicas. En las últimas décadas el principio de la gobernabilidad ha sido garantizado por la corrupción. Santos, en el gobierno de Pastrana, ideó el sistema de los cupos indicativos para garantizar que el congreso, mayoritariamente compuesto por opositores del gobierno, aprobasen las leyes y presupuestos. Los gobiernos posteriores los han utilizado pero nunca en la proporción que lo hizo Santos en sus dos gobiernos. Amarrar cupos presupuestales a contratos amarados a nivel departamental y municipal ha sido el eje que le ha permitido al gobierno garantizar, a pesar de su alta impopularidad, su total del Congreso. La mermelada en la era Santos ha llegado al poder judicial, la prensa, los gremios y toda organización que tenga influencia en la sociedad como las empresas, encuestadoras, los militares, la policía, las iglesias y el deporte. Santos vinculó a la corrupción a todos los estamentos de la sociedad para lograr que la complicidad fuese lo más amplia posible. Nadie debía quedar por fuera de la corrupción. Lo que está en juego el próximo domingo es si esta trinca de corrupción sigue mandando en el Congreso.
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