Es muy cierto lo que dicen los analistas cuando aseguran que con la adhesión de Antanas Mockus a Gina Parody, la campaña por la Alcaldía Mayor de Bogotá se puso interesante, y no porque los candidatos a ocupar el segundo cargo más importante de este país no lo sean, sino porque toda la atención se estaba centrando en Gustavo Petro y Enrique Peñalosa. Dado que ideológicamente ellos son opuestos, se necesitaba una propuesta de centro que entrara a pelear, no solo el segundo lugar, sino también el primero.
Con lástima debo decir que el único perjudicado aquí es Enrique Peñalosa candidato del Partido Verde, y no porque no reúna las calidades que se necesitan para dirigir una ciudad como Bogotá, sino por la cantidad de errores que ha cometido y que hoy hacen tambalear su candidatura.
En primer lugar, el sentido de ser del Partido Verde se empezó a desdibujar desde el momento en que el expresidente Álvaro Uribe dio su apoyo a Peñalosa y él lo aceptó sin poner resistencia alguna. Eso trajo como consecuencia la salida de Antanas Mockus, principal líder del movimiento político, quien siempre se opuso al acompañamiento del exmandatario por sus conocidas prácticas oscuras y el juego sucio que suele usar cuando sus objetivos no logran el panorama que le beneficie.
Desafortunadamente para Enrique Peñalosa este primer desacierto le hizo bajar puntos en las encuestas de preferencias electorales, en una ciudad que no acostumbra a pasar por alto prácticas non sanctas y que hoy sufre las consecuencias de la politiquería, la mala gestión y la corrupción que trajo la elección de Samuel Moreno como Alcalde Mayor de Bogotá. No en vano el candidato de los verdes bajó a un segundo puesto, luego de aceptar un apoyo que a los bogotanos hastiados de la corrupción pública les va a sonar a más de lo mismo, cuando en teoría se supone que la principal razón por la cual la ola verde tuvo su mayor auge en la capital del país, fue precisamente como una forma de resistencia y protesta a todo el mal proceder que hubo en el gobierno de Álvaro Uribe.
Un segundo error de Enrique Peñalosa es aceptar dentro de su grupo de asesores al rey de la propaganda negra, JJ Rendón, con lo que le da la razón a Antanas Mockus al retirarse de los verdes, porque con esto demuestra que para ganar está dispuesto a ejecutar prácticas que sin ser necesariamente ilegales, dan al traste con la ética y la transparencia que prometían rescatar los verdes en la gestión gubernamental durante la campaña presidencial de 2010.
Por otro lado, no se qué tan válido sea para Enrique Peñalosa mostrar al Sistema Transmilenio como su gran aporte a la capital del país durante su alcaldía. Nadie niega que los buses articulados mejoraron la calidad del transporte urbano en Bogotá, pero no se tuvo en cuenta que como solución, fue una medida a mediano plazo y que ya se está agotando, si es que no se agotó. Lo que es peor es que los bogotanos de hoy, en su mayoría no son los mismos de hace diez años y por lo tanto no conocieron la diferencia entre utilizar un Transmilenio y los buses viejos que circularon por la Avenida Caracas durante varias décadas, pero si se ven expuestos a la inseguridad que surge como consecuencia del tumulto que se forma en los articulados durante la mayor parte del día y el mal estado de las losas por el relleno fluido, hecho que como la construcción de la Troncal en la 26, le ha costado a las arcas del distrito miles de millones de pesos. Y peor aún, le seguirá costando, dado que la solución a este problema es estructural y no se ejecuta de la noche a la mañana.
No sé qué tan positivo sea para una ciudad como Bogotá, elegir a un político como Gustavo Petro como Alcalde Mayor, puede que no me guste mucho la idea, aunque debo reconocer que el excongresista no se parece en nada a Samuel Moreno Rojas y que a diferencia del nieto de Gustavo Rojas Pinilla, Petro es un trabajador incansable. Pero lo que sí sé es que para Enrique Peñalosa no es nada gratificante perder nuevamente unas elecciones, porque con esto quedaría demostrado que, en primer lugar, los bogotanos no lo desean más en el puesto de burgomaestre, y segundo lugar, que la política no se hizo para él.
