Micromovilidad en Bogotá

30 de abril del 2019

Diego Molano

Micromovilidad en Bogotá

El concepto de “ciudades inteligentes” se ha utilizado desde hace varios años, sin embargo, sólo hasta hoy, se ha incorporado como la nueva tendencia en el desarrollo del urbanismo y la sostenibilidad de las ciudades. Diversos ámbitos crean una ciudad inteligente, por ejemplo: buen manejo de residuos, eficiencia energética, reutilización de recursos bajo la estrategia de una economía circular, franjas de árboles como corredores verdes para ayudar a la conectividad ambiental o estrategias de movilidad sostenible que incorpore facilidad para los ciudadanos. Esta última, la movilidad sostenible, es lo que hoy nos atañe.

Bogotá, siendo una ciudad cosmopolita, extensa y con grandes retos en temas de infraestructura en movilidad, es el laboratorio perfecto para la implementación de innovaciones que lleven a una movilidad eficiente, no sólo porque ofrece todos los servicios para que sean desarrolladas sino también, para solucionar de manera rápida, limpia y eficiente el problema de congestión y de contaminación del aire.

Para nuestra tranquilidad ya hay ciudadanos que están pensando en soluciones efectivas para Bogotá.

Emprendedores que se la juegan por incorporar nuevos modos de transporte prácticos, limpios, dinámicos y modernos, están ya presentes en ciudades del mundo implementando un concepto conocido como “micromovilidad”.

Esta se refiere a “vehículos pequeños, por lo general eléctricos, que sirven para cubrir el primer y último kilómetro de un trayecto” (SEAT, 2019). Las patinetas y bicicletas eléctricas, llegaron para quedarse.
Y es que este nuevo fenómeno de bicicletas y patinetas eléctricas ya se está utilizando en otras ciudades del mundo que hoy en día necesitan responder a la necesidad de cuidar el medio ambiente, generar apropiación del espacio público, mejorar sus condiciones de contaminación atmosférica y, sin ser menos importante, ahorrarle tiempo al usuario en su recorrido.

Siendo así, la importancia de la micromovilidad se vuelve cada vez más grande dado los beneficios que aporta a las ciudades. Bogotá, por ejemplo, tiene una ventaja muy grande respecto a otras ciudades y es que tiene la red de ciclorutas más grande de Latinoamérica con más de 540 km por lo que el tema de motores eléctricos de dos ruedas, es bastante atractivo para desarrollar.

Entonces, ¿por qué debería ser importante la micromovilidad en Bogotá? Si pensamos en sostenibilidad como ese triángulo equilibrado en lo social, económico y ambiental podremos entender que la micromovilidad aporta a la sostenibilidad de la ciudad.

Veamos porqué: Primero, es un incentivo para la utilización del transporte público al solucionar el problema de movilizarse rápido en la última milla, lo que asegura que los ciudadanos tengan acceso de formas más ágil al sistema y, por ende, asegura que más ciudadanos puedan tener acceso al sistema de transporte. Segundo, ahorra en tiempo de viaje al dar una nueva alternativa para el último kilómetro, la ciudad se ahorra en gastos de un transporte con combustión (generando emisiones, gasto en combustible, etc.) además de externalidades como gastos en enfermedades respiratorias y pulmonares a causa de la contaminación por motores de combustión interna. Tercero, es un beneficio en calidad del aire, en la adecuación y apropiación del espacio público (generando nuevas oportunidades en su desarrollo) y en el aporte a la cultura ciudadana.

Ante esto es urgente que la Secretaría de Movilidad regularice la micromovilidad que ya está en las calles de la ciudad; hay que hacer inversión pública, hay que coordinar y darle certeza jurídica a esos emprendedores que quieren prestar un servicio público que en el mediano y largo plazo disminuirán los viajes de carro y de tiempo. Lo que no puede pasar fue lo mismo que pasó con el sistema de arrendamiento de bicicletas públicas donde se perdió la oportunidad de reglamentar un servicio clave para el incentivo al uso de la bicicleta sólo por temas administrativos; la ciudad debe tener reglas claras frente al espacio público, reglas de operación pero siempre, acompañados de la mano de los operadores.

Bogotá debería ser no sólo la capital mundial de la bici sino también la que abandere un sistema robusto de micromovilidad. En el mundo hay más de 35 millones de viajes en más de 100 ciudades sólo con patinetas eléctricas reduciendo emisiones, incorporando tecnología e innovación en la movilidad reduciendo congestión y por ende, generando apropiación de ciudad y mejor calidad de vida.

Esto es lo que se podría entender como una ciudad inteligente.
Quedan varios retos gigantescos: ¿Quién se va a apropiar y a ponerle corazón al tema de micromovilidad en la ciudad? ¿Estára Bogotá preparada para afrontar las innovaciones y tecnologías de vanguardia y estar al unísono de las capitales del mundo? ¿Tendrá valor la administración para, no sólo regular, sino también para encontrar espacios de concertación con estos emprendedores? Estos son sólo algunos de los interrogantes que surgen casi siempre con un elemento nuevo que nos hace tambalear nuestra zona de confort.

Sólo espero que, a pesar de ser preguntas incómodas, Bogotá pueda abrir sus puertas y aprovechar las ventajas que tiene en este momento, como esta oportunidad única de la implementación de otros sistemas de transporte que construyen una mejor ciudad, una Bogotá con mejor calidad de vida.

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