Motivo fiesta

Lun, 04/07/2016 - 15:49
El que pasó puede ser uno de los puentes más festivos del año. Junto con la Semana Santa y el Fin de Año, que se celebran generalizadamente, las fiestas de San Pedro y San Pablo se comparten en mu
El que pasó puede ser uno de los puentes más festivos del año. Junto con la Semana Santa y el Fin de Año, que se celebran generalizadamente, las fiestas de San Pedro y San Pablo se comparten en muchos departamentos y municipios, en especial en el Huila y Tolima, pero también hay fiestas en los Llanos con el Festival del Joropo, en Tunja, Pamplona y Ocaña y se les suman municipios aislados como Santander de Quilichao que es sorprendentemente rumbero, Rock al Parque en Bogotá y las Marchas del Orgullo Gay en muchos lugares. Claro, San Pedro y San Pablo son apenas una disculpa cultural, en nuestro país desde que se establecieron los puentes Emilianni, en honor al Congresista que tuvo la idea de trasladar los días festivos para los lunes. Los fines de semana largos son ahora la norma, no la excepción. Como quien dice, una buena fiesta no se le niega a ningún santo. Lo extraño no son los puentes, sino la ausencia casi total de religiosidad, que en principio fue la disculpa para mantener estos festivos. En el puente de San Pedro y San Pablo, hay de todo menos misas. Hay reinados, desfiles, comparsas, cabalgatas, conciertos, trago y exhibiciones. Ah, y ruido mucho ruido, porque en Colombia estar feliz se debe demostrar con una consola a todo volumen que hace imposible el descanso de los vecinos. No me opongo para nada a las fiestas, reconozco que son un aporte importante para la economía y el turismo interno, pero tengo algunas quejas que podrían hacer de estos fines de semana un mejor momento para compartir y divertirse. La principal, como puede adivinarse de lo que acabo de escribir, es la bulla y la segunda es el mugre que queda en las calles, ocupadas por hordas de fritangueras, ventas de todo tipo de chucherías y la tercera, pero no la última son los carros, que se toman todos los espacios, sin respetar andenes, ni garajes. Las fiestas, benditas sean para los negocios, se pueden convertir en un dolor de cabeza para las personas que no las viven porque es como si se decretara que todo el mundo tiene que vivirlas por obligación, les gusten o no. Ah y todavía nadie le ha explicado a este país laico, que rompió el nexo con la Iglesia Católica desde la Constitución de 1991, ¿por qué seguimos celebrando tantos y tantos días en honor a tantas figuras católicas como un deber, cuando podrían dejarse el día que son, sin trasladarlas como festivos a los lunes? Y que los municipios que quieran celebrar, pues que las celebren como sus fiestas patronales pero no se decrete festivo en todo el territorio. Seguramente esa no es una propuesta que guste porque es más rico descansar que trabajar, como sería la lógica de Pambelé. Pero entonces qué dejen descansar y apaguen la música que suena hasta las cinco de la mañana, como pasa en este hermoso municipio de Santander de Quilichao. www.margaritalondono.com http://blogs.elespectador.com/sisifus
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