Motocicletas: un tema de mucho interés público

21 de julio del 2016

Es entendible que los Gobiernos eviten tomar medidas antipopulares.

Ayer en la mañana salí en mi pequeña moto de 125 cc en medio de un tráfico pesado, pero avancé más rápido que buses y autos y pude cumplir una cita a tiempo; llegué media hora antes de lo previsto. Me considero un conductor prudente que no abusa de la velocidad ni usa la estrategia del zigzagueo y, además, respeta todas las normas de prevención —como el uso del casco y protectores de rodillas y codos—, consciente de que una fractura de cráneo me puede costar la vida, y una de rodilla puede significar al sistema público de salud varios millones de pesos y causar incapacidad de meses a quien la sufre. Al regresar a casa, reflexioné sobre el maravilloso cambio social y de transporte que se está produciendo con el auge de motos y bicicletas, y pensé que, en algunos años, los automóviles particulares serán desplazados.

Por la noche, al ver y oír los noticieros que mostraban escenas de accidentes que involucraban a motociclistas, pensé que esta historia tiene otra cara, menos positiva, y que progresivamente el motociclismo se está convirtiendo en un problema serio para la sociedad, el cual no solo debería llamar la atención de las autoridades de tránsito, sino preocupar al Gobierno nacional, tal vez desde el Ministerio de Transporte, en razón a la magnitud de los problemas causados por estos artefactos.

Las motos tienen una historia larga, son centenarias, inclusive anteriores al automóvil. Se puede ver en fotografías de las dos grandes guerras mundiales cómo este vehículo ligero fue utilizado por las diferentes fuerzas, para cumplir tareas de transporte individual en terrenos difíciles. Algunas de las legendarias marcas de autos comenzaron produciendo motos en Europa y Japón, pero su uso fue limitado por mucho tiempo. Según el investigador sobre innovaciones irruptoras, Clayton Christensen, una idea genial fue la de los fabricantes de motos japoneses, al apartarse del modelo de la pesada motocicleta tipo “Harley Davidson”, para producir vehículos más ligeros y de menor costo que se venderían a granel en todo el mundo, particularmente en los países de menor desarrollo. Como negocio, las motos han resultado una innovación tan impactante como los autos hace cien años. La semana pasada se anunció en El Tiempo que la nueva planta de Honda, localizada en Yumbo (Valle) estaría en capacidad de ensamblar 100 000 motocicletas al año, y en el artículo se dice que “en los 90, en Colombia se vendían 50 000 unidades y en el 2015 se colocaron 670 000”.

Lamentablemente, las motos —y en menor grado las bicicletas— se están convirtiendo en un serio problema público, y por ello deben llamar la atención de los Gobiernos, no solo en Colombia sino en varios países de la región. El número crece exponencialmente: hace una década, el registro en el país no llegaba a 100 000, hoy pasa de los 2 millones. En Bogotá, según estudio de Juan Carlos Echeverry, tendremos circulando dentro de escasos 10 años más de 3 millones de esos vehículos. Las razones para la multiplicación son obvias: se compran con la cédula y además son baratas, muchas no pagan peajes, ni están restringidas por el “pico y placa”, los impuestos son accesibles y, como se dijo antes, son muy versátiles a la hora de conducir. El crecimiento de ventas es mayor al 20 % anual, en más de la quinta parte de los hogares se hace uso de ese vehículo y la cuarta parte de los pilotos son mujeres; jóvenes entre 18 y 26 años constituyen la tercera parte de los compradores. Para adquirir una moto, solo se requieren en promedio cinco salarios mínimos, mientras que un auto requiere 10 veces esa suma.

Dos son los problemas principales que las motocicletas —y en pocos años también lo harán las bicicletas— están causando: complicación en el tránsito y altísima accidentabilidad. En relación con lo primero, baste detenerse en un semáforo para ver en segundos un enjambre de motociclistas tratando de llegar a la línea de frente mediante maniobras audaces y peligrosas, o desde un auto observar cómo estos vehículos se acercan y sobrepasan a altas velocidades por derecha e izquierda.

Sin embargo, el problema principal son los accidentes causados por la indisciplina de la mayoría de motociclistas. Las cifras de Fasecolda son impresionantes: en 2004, se expidieron 514 000 pólizas y 10 años más tarde, se duplicaron. En 1986, había en Colombia 144 000 motos (0,25 por automóvil), y en el 2014 se registraron 5 836 000, casi dos motos por carro.

Hace dos años, el 39 % de las primas y 83 % de los siniestros correspondían a motos, mientras que en 2004 las muertes de motociclistas en accidentes correspondieron al 24 % y, en el 2014, al 46 % (1800 fallecimientos), prácticamente el doble en un período de 10 años. El costo de la accidentabilidad, calculado por el Gobierno, es cercano a 1,5 puntos del PIB.

Los accidentes que involucran una moto están desangrando no solo a los conductores, sino al sistema de salud, debido a que un paciente politraumatizado por accidente vial puede costarle al sistema entre 5 y 10 millones de pesos. Recuerdo, hace más de 30 años, que un importante hospital de Medellín había bautizado a un pabellón con el nombre de una marca famosa de motos japonesas, y ya en esa época era común recibir en las urgencias motociclistas con trauma múltiple y en malas condiciones.

La comunidad está esperando medidas efectivas antes de que el asunto se desborde y no haya nada que hacer. Se debe partir del entendimiento de los aspectos positivos de las motos y de consideraciones sociales, como su contribución al 6 % de los empleos (la mayoría usa estos vehículos para su transporte personal, pero una buena cantidad las emplea como medio de trabajo, por ejemplo en mensajería) y las ventajas como transporte eficiente.

Restringirlas provocaría una fuerte reacción de millones de beneficiarios; no hacer nada y permitir que los problemas se agranden, produce considerables efectos negativos en toda la comunidad.

Es entendible que los Gobiernos eviten tomar medidas antipopulares, y eso está ocurriendo con las motocicletas, ya que estas decisiones producirían una fuerte reacción de los casi 6 millones de usuarios; sin embargo, en menos de cinco años ya no serán 6 sino 10 o más millones los que se opondrán a cualquier restricción o penalidad. Mientras tanto, ¿qué soluciones se ofrecerán para evitar tanto accidente y aliviar los costos millonarios de estos?

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