Mujeres al borde de un ataque al corazón

25 de agosto del 2011

El título alude claramente al clásico film de Almodóvar pues en la interpretación que hacemos de las enfermedades son importantísimas las imágenes que el cine y la televisión dejan en nuestra memoria individual y colectiva. Por ejemplo, siempre imaginamos un ataque al corazón como un hombre con saco y corbata que se toma del pecho […]

El título alude claramente al clásico film de Almodóvar pues en la interpretación que hacemos de las enfermedades son importantísimas las imágenes que el cine y la televisión dejan en nuestra memoria individual y colectiva. Por ejemplo, siempre imaginamos un ataque al corazón como un hombre con saco y corbata que se toma del pecho y cae al suelo.  Escarben en sus recuerdos fílmicos y televisivos y no encontrarán una mujer que cae al suelo muriendo de infarto de miocardio.  Pues bien, hoy es cada vez más frecuente la enfermedad coronaria en pacientes femeninas.

En los Estados Unidos, según la American Heart Association (Circulation, 2010)  5 mujeres de 100 tienen historia de infarto del miocardio, isquemia coronaria o angina.  La enfermedad cardíaca es allí la causa principal de muerte entre las mujeres: 35% de las muertes en mujeres mayores de 20 años.  Y mueren 5 veces más por infarto de miocardio que por cáncer de seno.

Entonces los guionistas de cine y televisión deben revisar las causas de muerte de sus personajes femeninos pues “Pepi, Luci, Bon y otras chicas del montón” (una de las primeras películas de Almodóvar) pueden estar sufriendo del corazón.  Del corazón real digo, del músculo que se infarta.

Nuestras pacientes femeninas comparten con la población total los problemas de sedentarismo, obesidad, estrés e hipertensión arterial. Esos son los graves problemas de estilo de vida asociados a enfermedad cardiovascular en nuestra humanidad globalizada y no  hay grandes diferencias entre los géneros. Pero en un aspecto particular ha ocurrido un gran cambio en los últimos cincuenta años: las mujeres fuman cada día más.  Se puede demostrar esto con otra enfermedad: el cáncer pulmonar, también asociado a tabaquismo, es tan frecuente hoy en mujeres como en hombres y antes no era así. Entonces que las mujeres fumen más podría explicar buena parte de la creciente enfermedad coronaria femenina.

Pero también los médicos, profesionales e investigadores de la salud olvidamos a veces que las mujeres mueren de infarto cardíaco.  Según el Journal of Women´s Health sólo el 27% de los sujetos incluidos en investigaciones cardiovasculares publicadas son mujeres. Esto puede deberse a la educación médica que grabó en nuestras mentes  por siglos al hombre como paciente típico de enfermedad coronaria (aquel señor de saco y corbata que caía al suelo tomándose el pecho). Las cosas sin embargo están cambiando y haremos referencia a dos publicaciones recientes.

En agosto de este año saldrá en The Lancet un estudio de la Universidad de Minnesota describiendo un hallazgo interesante: las mujeres fumadoras tienen un 25% más de riesgo para enfermedad coronaria que los hombres fumadores.  Por ahora este riesgo aumentado del tabaquismo en mujeres es sólo una descripción epidemiológica y no tiene explicaciones claras. No parece haber mayores diferencias biológicas entre hombres y mujeres que lo expliquen. Algunos han especulado que las mujeres extraen más tóxicos y sustancias carcinogenéticas de un mismo número de cigarrillos que los hombres. ¿Será que ellas fuman más desesperadamente que ellos?, me parece una explicación traída de los cabellos.

Yo creo, sin ser genetista de población, que los hombres más propensos a morir de infarto de miocardio tras fumar han ido desapareciendo década tras década de nuestra población masculina.  Las mujeres por el contrario son una población solo recientemente expuesta al factor de riesgo del tabaquismo. De todas maneras no se sabe el por qué de la diferencia.

Por otro lado y contrariando la sabiduría popular, las mujeres no causan infarto en sus parejas, más bien lo evitan o contribuyen a su pronto tratamiento.

Se sabe hace tiempo que para los hombres el estar casado es un factor que disminuye el riesgo de enfermedad coronaria fatal.  La explicación usual es que el hombre soltero tiene peor alimentación, es menos preventivo en sus hábitos (no hay quien le diga “dejá esa fumadera tan horrible” por ejemplo) y no acude al médico con frecuencia.  Esto último parece deberse a miedo o a cierta actitud machista que no reconoce las fragilidades biológicas, prejuicios típicos del sexo “fuerte”.

Además para evitar la enfermedad coronaria fatal es importante acudir al médico cuando se tienen los primeros síntomas.  La revista de la Asociación Canadiense de Medicina publica en julio de este año un artículo que debe avergonzar a todo nuestro género masculino. Vale la pena traducir literalmente su conclusión principal: “Entre los hombres con dolor pectoral e infarto agudo del miocardio el estar casado estuvo asociado a más temprana asistencia al médico, factor asociado a menor mortalidad, beneficio que no se observó en la contraparte de mujeres casadas”.  El esposo, en otras palabras, no se dio cuenta que su consorte estaba sufriendo isquemia coronaria.

Nadie tiene presente que una mujer puede sufrir infarto de miocardio, ni la sociedad ni muchos investigadores médicos ni su descuidado marido (quizás sin buenas intenciones este último).

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