Nacer de la enfermedad

1 de enero del 2011

“Un diamante no puede ser pulido sin fricción, una persona no puede perfeccionarse sin desafíos” proverbio chino.

Natividad, nacimiento, nacer, bellas palabras que evocan  sentimientos de alegría, ternura y placidez. Al pronunciarlas sonreímos, sonríe el cuerpo entero e ilumina cual sol naciente a la humanidad. Nacer, es nacer a un nuevo estado en la vida, ya sea en la vida eterna o en la  vida temporal  en este mundo.

Cuando nacemos del vientre materno, en realidad ya hemos nacido a este mundo 9 meses antes, llevamos un buen tiempo disfrutando el estado de crecimiento y desarrollo primigenios. Al “nacer” sencillamente salimos del capullo, al seno de nuestra familia. Cambiamos de un estado de protección y nutrición absolutos al espacio de confrontación con el medio ambiente del cual dependemos querámoslo o no. Pero más importante, nacemos al mundo de las decisiones.

Nacemos también a otra vida, después de hacer la única e inevitable transición que llevamos indeleble en nuestro ser, la muerte.

Son los dos nacimientos en los que no tenemos decisión absoluta. Ya que durante la vida si decidimos con cada nuevo nacimiento, el rumbo que tomamos. No vivimos solo uno, dos o tres nacimientos, sino múltiples y muy variados. Algunos son reconocidos socialmente como son el grado del colegio, el ingreso a un trabajo o la renuncia a él, el matrimonio, la salida del hogar paterno, el cambio de ciudad o país y sendos más.

Otros no son tan reconocidos, mas bien con frecuencia son rechazados y sufrimos por ellos, como son la perdida de un familiar, el cambio de pareja, la ausencia de un progenitor, el despido del trabajo, la quiebra económica entre otros.

Pero todos, todos son nacimientos ya que traen aparejados unos ingredientes comunes que son el significado puro del nacer, estos ingredientes son: el cambio de rumbo, la creación de nuevos objetivos, el alcanzar metas diferentes.  Nacemos cuando enfrentamos desafíos, luego crecemos cuando ante estos desafíos nos perfeccionamos, como dice el proverbio que se lee al inicio del artículo.

La enfermedad es un desafío, por tanto  genera un nacimiento. Mientras la tenemos, corta o larga, se está en un periodo de gestación, de embarazo por así decirlo, durante en cual nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones se van transformando, desaparecen hábitos viejos, dan paso a los nuevos, los paradigmas se cambian, todo para nacer a un nuevo estilo de vida. La enfermedad nos lo impone, nos muestra el camino, nos hace un profundo llamado de atención. Finalmente se ha encontrado un nuevo estado del ser, hemos tomado decisiones para sanar y curar y dichas decisiones nos han perfeccionado.

¿Porqué entonces rechazar la enfermedad?, si es la fuerza necesaria para mejorar. Acojamos la enfermedad y aprendamos de ella. Permitamos que su influjo positivo nos lleve adelante, paradójicamente solo así, ella, la enfermedad, dejara de existir. Ya la hemos utilizado de la mejor manera posible.

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