No puedo creer que esté en juego un pedacito de Colombia en La Haya. Y aunque San Andrés y Providencia están fuera de cualquier discusión con Nicaragua, ante la Corte Internacional de Justicia (órgano de Naciones Unidas), la delimitación marítima puede dejar a los isleños rodeados y asfixiados económicamente (me refiero a la pesca) por Ortega.
En cualquier litigio se puede ganar o perder y Colombia se equivocó en reconocer la jurisdicción de la Corte, frente a un tema tan sensible como éste. Seguramente esto se debió a un exceso de confianza, que no midió las consecuencias, como tampoco lo hizo recientemente la canciller María Ángela Holguín, socializando públicamente la posibilidad de que perdamos un pedacito de Colombia en La Haya.
Sea lo que sea, Colombia no puede acatar ninguna sentencia a favor de Nicaragua y ya veremos sin nos invaden como si fuéramos Costa Rica. En otras palabras, invito a la desobediencia y a la insubordinación, porque después de aceptar equivocadamente esa legislación internacional, el país puede perfectamente desconocerla y prepararse para asumir las consecuencias.
No solo por el potencial petrolero o la fauna, sino porque los isleños, a pesar haber sido olvidados históricamente por todos los gobiernos, se sienten tan colombianos como los rolos, los costeños, los paisas y los vallecaucanos. Además, ese pedacito del que estamos hablando, significa la pendejadita de cincuenta mil kilómetros cuadrados. Pero Colombia, al contrario de Nicaragua, sigue sin una embajada permanente en La Haya, mientras que el sandinismo lleva años haciendo muy bien su tarea.
La prueba es que la Corte impidió que Costa Rica y Honduras se involucraran para apoyar a Colombia, porque tampoco quieren delimitar con Nicaragua. Y ese es un mal precedente para el fallo final, fallo que no es apelable pero que sí puede ser inaplicable.
Que yo sepa, hasta ahora no ha habido ninguna guerra por dejar de acatar un fallo de la Corte Internacional de Justicia, aunque la coyuntura geopolítica de la región no nos favorezca. Pero no deja de ser interesante que la mayoría de los litigios vigentes en América Latina, ya no sean por las fronteras terrestres, sino por las fronteras marítimas.
En todo caso, estamos hablando del Interés Nacional del país, interés que comparte Estados Unidos, porque si Nicaragua nos quita esa parte del mar, se afectaría la interdicción aérea y marítima que hacen todos los días los gringos para combatir al narcotráfico.
Por lo tanto, a Nicaragua ni por el carajo se le puede entregar el mar, un sólo cayo y ningún islote que componga El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, porque en la vida uno escoge sus peleas y esta es una que debemos dar todos los colombianos.
