No es momento para diálogos de paz

Mié, 04/04/2012 - 01:01
Al igual que muchos colombianos, la inmensa mayoría para ser más específico, me uno al sentimiento de gratitud con la excongresista Piedad Córdoba, lo mismo que con

Al igual que muchos colombianos, la inmensa mayoría para ser más específico, me uno al sentimiento de gratitud con la excongresista Piedad Córdoba, lo mismo que con  Marleny Orjuela presidenta de Asfamipaz, por lograr el objetivo perseguido durante muchos años, el feliz regreso de quienes estuvieron secuestrados por las Farc. Sería infame de mi parte no reconocerlo, porque la situación vivida por estas personas es un crimen detestable desde cualquier punto de vista, y más si se trata de quienes le ponen el pecho a la guerra combatiendo en el terreno a  la ilegalidad. Sin embargo, insisto, no es momento para diálogos de paz.

El país entero ha tenido que padecer las consecuencias de dos malogrados procesos: primero con las Farc en San Vicente del Caguán en el gobierno de Andrés Pastrana, segundo con las AUC en Santa Fe de Ralito con Álvaro Uribe. En ambos casos los resultados fueron nefastos porque no se fijaron reglas claras para sentarse a dialogar. Eso permitió a los dos grupos actuar a sus anchas y demostrarle a las administraciones que sus intenciones no eran precisamente las de reintegrarse a una vida en paz con el resto de colombianos, como ingenuamente lo creyeron los mandatarios de ese entonces, sino por el contrario, seguir con su vida delictiva.

Juan Manuel Santos no puede darse el lujo de cometer el mismo error de sus dos antecesores, arriesgándose a dialogar con la guerrilla de las Farc, dejándose llevar  por los afanes y la euforia de Colombianos y Colombianas por la paz, luego de traer exitosamente a las personas que el grupo armado ilegal utilizó durante más de diez años para presionar la salida masiva de sus miembros que en estos momentos purgan penas en las cárceles del país.  Aunque todos reconocemos este logro, no creo que sea suficiente para sentarse a hablar con la subversión, dándole de paso un estatus de beligerancia que obligaría al resto de países sacarlo de la lista de terroristas.

Para llegar a tal fin falta, y mucho. Las Farc aún no han demostrado su voluntad de paz, porque aunque dijeron que no volverían a secuestrar a nadie con fines políticos, no han dicho todavía si van a continuar con el secuestro extorsivo. ¿Dónde están los desaparecidos?, ¿van a renunciar a la siembra de cultivos para uso ilícito?, ¿se van a sincerar con el país y están dispuestos a confesar quienes les apoyan desde la legalidad?, ¿cuáles instituciones del nivel local han permeado?, etc.

 Por tal motivo estoy de acuerdo con el presidente Santos cuando dice que con las liberaciones de los militares y policías no es suficiente para hablar de paz, porque es algo que se debe demostrar con hechos y no con palabras. A mi modo de ver era lógico  que estas personas fueran liberadas al representarle a las Farc un motivo de señalamiento y no ser más bien la excusa perfecta para presionar exigencias, como sucedió en el gobierno de Ernesto Samper cuando comenzaron a ejecutar esta práctica y la administración cedió a su pretensiones, hecho que le costó la salida del mando militar al General (r) Harold Bedoya al oponerse a los despejes que podrían llevarse a cabo en esa época.

Es esta, entonces, la oportunidad de las Farc para demostrarle al país que tan dispuestas están para un eventual diálogo de paz. Y al presidente Santos para no dejarse llevar por la emociones de Colombianos y Colombianas por la paz, a quienes se les debe agradecer el esfuerzo, pero llamar a la calma, porque del afán y las carreras solo queda el cansancio.

Sea esta también la oportunidad para darles la bienvenida a las personas que regresaron a la vida, luego de más de diez años en la selva y para pedirle al Estado un verdadero acompañamiento para que sus vidas sean llevaderas, porque es claro que este calvario no termina con la liberación.

@sevillanojarami

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