No más festivos

Dom, 08/04/2012 - 00:00
Debo confesar que desde que comenzó a anunciarse la llegada de la Semana Santa me invadió una angustia singular. Temblaba cada vez que veía la aparición de monseño

Debo confesar que desde que comenzó a anunciarse la llegada de la Semana Santa me invadió una angustia singular. Temblaba cada vez que veía la aparición de monseñor Juan Vicente Córdoda en televisión. Me dio fiebre cuando me enteré de que la cadena de radio más importante del país iba a tener una programación llena de reflexiones sobre Cristo, historias de milagros y coloquios sobre lo sagrado rematados con el famoso sermón de las siete palabras. Mejor dicho, el medioevo en pleno siglo XXI sólo que sin la hoguera para las brujas y las misas en latín.

Y no es que me oponga a las manifestaciones religiosas. Cada cual es libre de decidir qué cree y a quien. Si usted quiere ir a una iglesia carismática y semanalmente entregar al Señor el diez por ciento del fruto de su trabajo, quédese tranquilo, no lo voy a juzgar. Si se le antoja subir a Monserrate de rodillas para pagar una promesa, no se inquiete, respeto su decisión. Lo que sí me molesta es que nos obliguen a vivir esos misterios religiosos como si en Colombia todos compartiéramos las mismas creencias.

Semana Santa es el súmmum de esa situación. En televisión y radio nos llenan de historias de procesiones, milagros, lavatorios de pies y vigilias. No hay emisión de noticias en donde no salga al menos un cura. No hay promoción de destino vacacional que no esté relacionada con “las bellas manifestaciones del fervor católico en nuestro país”. Esta es, sin duda, la temporada del año en que más nos bombardean con contenido ligado a la Iglesia Católica, nos guste o no.

Pues bien, si ese es el precio que tengo que pagar por los puentes festivos de Jueves y Viernes Santo, prefiero que se acaben esos días de descanso y tengamos una semana de cinco días hábiles.

En increíble que aún no se haya generado un verdadero proceso de reflexión sobre el impacto cultural que tienen estas celebraciones sobre la verdadera configuración de Colombia como país laico. Es imposible decir que el nuestro es un país en el que ninguna religión prevalece sobre las demás cuando 12 de los 18 días festivos que se celebran están relacionados con fechas relevantes dentro del calendario católico.

¡Bendita sea la Iglesia por darnos tantos días de descanso! Pero esa no es la gracia. Mientras sigamos diciendo que el día del Corpus Christi o el día de la Asunción de la Virgen María son fiestas nacionales, estaremos más lejos de decir que el nuestro es un país en el que la Iglesia Católica no rige nuestros designios.

En otros países los días festivos o no laborables están ligados a la historia propia del país. Es el caso de los Estados Unidos donde tienen fechas como el Memorial day Thanksgiving day o el Veteran’s day. En Francia, aunque sí celebran algunas fechas católicas estas no superan en número a las verdaderas fiestas nacionales como el armisticio de la Primera Guerra Mundial o la firma de la capitulación alemana que puso fin a la Segunda Guerra Mundial.

Evidentemente, si quitamos los festivos católicos perderemos muchos fines de semana largos con sus consabidas jornadas de descanso, una idea que no le llamará la atención a nadie. Entonces, propongo algo, quitemos los religiosos (no todos) y reemplacemos a la mayoría con festivos que nos hablen de nuestra historia como país. ¿Qué tal un festivo para recordar al Bogotazo cada 9 de abril? ¿Cómo le parecería que cada 11 de marzo tuviéramos puente para conmemorar el aniversario del movimiento de la séptima papeleta que le dio vida a la Constitución de 1991? ¿Interesante un festivo el 7 de marzo para recordar la abolición de la esclavitud con la Constitución de 1853? Podríamos inventar algo para el 10 de mayo, fecha de la caída de Gustavo Rojas Pinilla, ¿le suena el nombre de día de la democracia?

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Post-It: Es muy triste ver el silencio que han mantenido los medios de comunicación de nuestro país sobre todo lo que está pasando en Malí. El 21 de marzo los militares le dieron un golpe de estado al presidente de ese país. El viernes pasado rebeldes tuareg declararon la independencia (no reconocida) del norte de Malí. África se sacude con lo que puede terminar en una nueva dictadura que se sumará a las que ya existen en el continente. Mientras tanto, en Colombia, no sabemos nada. Es como si no nos interesara lo que pasa en el mundo. O como si África fuera demasiado pequeña e insignificante para nosotros.

 @colombiascopio

 juanpablocalvas@gmail.com

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