Otros que están pasando sin mojarse en el lío de los carros del Senado

Otros que están pasando sin mojarse en el lío de los carros del Senado

9 de abril del 2016

La máxima autoridad gerencial del Senado es -en este caso- la directora administrativa, Astrid Salamanca Raín, quien llegó al cargo de la mano del polémico Roy Barreras. Pero son los presidentes del Senado quienes “delegan”, más no se despojan del control total.

Sin embargo, la funcionara, elegida por dos años y después reelegida por el mismo tiempo, está pasando sin mojarse en el lío de los carros que remató el Senado y fueron a parar, muchos, a manos de funcionarios de la corporación. Y otros, supuestamente, en poder de bandas criminales, o sujetos a su servicio.

La señora Salamanca ha mantenido silencio e inexplicablemente los reflectores no se han dirigido a ella, para indagarle sobre su omisión.

El jefe de control interno

Más grave aún es la desidia del jefe de control interno, Alex Fernando Hernández Oyola, en el cargo desde hace una década, quien ha visto pasar ríos enormes de agua sucia, sin inmutarse.

El señor Hernández Oyola fue propuesto -según fuentes enteradas- por el senador conservador Roberto Gerlein Echeverría, como cuota de su colectividad.

Sobre los hombros del funcionario recaen las mayores responsabilidades de vigilancia en toda la contratación del Senado, por la supervisión expresa que le ordena la ley. Que las autoridades miren bien el ejercicio de su trabajo, que -a todas luces- resulta ineficiente por el asunto de los carros en referencia.

AlexFernandoHernandez

Alex Fernando Hernández Oyola

Presidentes y secretarios del Senado

No son ajenos a todos los enredos de contratación los presidentes y secretarios del Senado porque, cuando lo quieren, ejercen fuerte presión sobre los funcionarios escogidos, que los elige el pleno del Senado o los nombran directivamente las directivas.

Conveniente que los últimos presidentes de la corporación entreguen sus versiones: Armando Benedetti, Juan Manuel Corzo, Roy Barreras, Juan Fernando Cristo, José David Name y Luis Fernando Velasco.

¿Y qué decir de Emilio Otero Dajud, el rey de la trampa y la bribonada? Otero no sólo estuvo muchos años en el cargo sino que manipuló contratos y negocios del Senado. –Sólo le faltó cargarse con el capitolio, me dijo un funcionario que conoce bien los vericuetos políticos y administrativos del Congreso.

Tampoco han salido a la palestra los miembros de una “junta de administración del Senado”, que elige la corporación cada dos años, en representación de todos los partidos. Generalmente son buenos en la pelea por sus tajadas burocráticas, pero nunca responsables de los entuertos, robos y atracos.

Así las cosas, que le caiga todo el peso de la ley a Magdalena Morera, la gerente financiera en desgracia, pero las responsabilidades y las mafias están por descubrirse.

La versión más clara sobre el tema de los carros, es que funcionarios del senado (entre ellas la Morera) se quedaron con uno o varios vehículos blindados para su uso personal, como parte del negocio que permitió la entrega de casi 300 carros que dio “de baja” el Senado. Pero siguieron siendo utilizados con documentos del Congreso y -es probable- a cargo del Senado (sus impuestos y hasta mantenimiento).

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