Hace un año, concretamente el 7 de febrero de 2017, la empresa Publimetro divulgó los resultados de su encuesta “Pulso País” sobre la intención de voto de los ciudadanos en las elecciones presidenciales de este 2018. Dos exalcaldes puntearon: Gustavo Petro, con el 12,9%, y Sergio Fajardo, con el 12,3%. Posiciones que hoy, mutatis mutandis, se mantienen.
¿Por qué punteaban hace un año y puntean ahora? Porque ello no es producto del azar. Fajardo, ¿por la pinta? Petro, ¿por la labia? ¿El uno por la calma, el otro por la rabia? ¿El primero por centrista y el segundo por chavista?
¿O será por la edad? ¿Por sus condiciones intelectuales? ¿Sus experiencias? ¿Por encarnar, aparentemente, una opción distinta a las tradicionales?
¿O por la matriz de comunicación verbal y no verbal de uno y otro? ¿Por sus palabras, giros, gestos, mensajes inconscientes? ¿O el manejo de los auditorios, el nivel de confiabilidad que inspiran, la cercanía con la gente? ¿La interpretación de las expectativas de los votantes, la nivelación emocional con éstos, la urdimbre populista o realista de sus afirmaciones? ¿La carga racional y emocional que liberan, los respaldos que poseen?
¿O van punteando por lo que están prometiendo, por lo que será la carta de navegación para el triunfador y para el pueblo, la nación, el país? ¿Porque sus promesas son realmente útiles en el campo al que se aplicarían, viables en su ejecución e implementación, sostenibles durante el tiempo para el que se conciben? ¿Por carecer de fallas estructurales en sus programas de gobierno?
Estas, y otras cuestiones, podrían dilucidarlas las firmas encuestadoras y los “think-tanks” criollos. Sería una labor muy útil para la ciudadanía y los mismos candidatos, tanto para los dos mencionados como para los que les siguen en el grupo central y el de la cola.
Pero no son sólo las firmas encuestadoras y los “think-tanks” las llamadas a contribuir a la claridad de las cosas referidas a Fajardo, Petro y demás aspirantes. Los periodistas y los moderadores también tienen un gran papel para desempeñar. Al fin y al cabo cuentan con el “privilegio”, por su rol social y profesional, de estar cerca de los candidatos en la puja, de tenerlos “a tiro” en las entrevistas, los debates, las presentaciones individuales o grupales, las invitaciones especiales y otros escenarios de comunicación y participación.
Esos periodistas y moderadores hablarán en nombre de los electores. Son nuestros voceros y personeros ad hoc, y esperamos que lo hagan con franqueza, respeto, lucidez. Con neuronas y hormonas. Agudos, astutos, sabiendo leer entre líneas, con visión contextual, con pasado, presente y futuro en sus indagaciones.
Sin comer cuento: se calcula que cada persona de alimentación normal se come sesenta y dos toneladas de alimentos durante su vida. ¿Cuántas de “cuento”, filosofía barata, blablá “descrestador” y alucinante ingerirán los periodistas y moderadores en sus limitados espacios de tiempo? En ocasiones serán víctimas. Recuérdese que Fidel Castro, en la “infancia” de su triunfo en Cuba, y antes, repetía a los periodistas que su movimiento no era comunista. Lo propio hizo Hugo Chávez. En las redes sociales hay videos y grabaciones originales de estos dos caballeros que lo ilustran con elocuencia.
El padre de Winston Churchill, Lord Randolph, político como su hijo, formuló una breve y reveladora confesión, con luces para estas notas: “No he encontrado ningún juego más excitante que la política, ni nada más emocionante que una votación crucial”.
Lo que puede suceder es que un candidato se deje llevar más de la cuenta de la emoción y la excitación de ganar la presidencia, y prometa paraísos. Como el hombre que, tras vender un gato con la promesa de que era “maravilloso” para los ratones, recibe una llamada del cliente enojado: “Cuando usted me vendió el gato, me aseguró que era ‘maravilloso para los ratones’, ¡pero ni siquiera se les acerca!”. El desgraciado vendedor ya tenía la respuesta: “Bueno ¿no le parece eso ‘maravilloso’ para los ratones…?”.
“Influir en la gente es un arte, no un truco”, dice el estadounidense Les Giblin en una de sus obras sobre motivación personal y social.
Evitar el truco es lo que tienen que procurar, en primera instancia, y hasta donde sea factible, los periodistas y conductores de foros y debates. Sí, el juego de la política es excitante, pero gigantescamente serio por la enorme responsabilidad de quienes, desde la actividad pública, buscan servir a su país, no servirse; engrandecerlo, no engrandecerse; orientarlo, no confundirlo. Eso es lo que hace crucial una votación crucial, aquella en la que los ciudadanos, en libertad, “separamos” de los demás, por mayoría, a quien deberá gobernarnos digna y eficazmente durante el tiempo para el cual lo escogemos.
¿Será Fajardo? ¿Petro? ¿Otro? ¿Por qué? ¡Pilas, encuestadores, periodistas y moderadores! Que el papel de ustedes es de alto valor.
INFLEXIÓN. Para un buen comunista, lo primero es el Partido; para un buen demócrata, el pueblo. La historia lo tiene muy claro. Y caro.
