Ponqué soñado, como la escritura perfecta

22 de enero del 2011

Dibujar un perro sin pensar “que contarlo diera/para tantas tergiversaciones”,  las que enmarcan la historia de Julio y Carlota y se leen en  el periódico Los Mundos, en Todo en otra parte. Ejercicio de escritura o páginas de absurdos, al filo de la posmodernidad de desencantos y fracturas, para mostrar que la ficción de Carolina Sanín pareciera surgir más de la teoría que de su ingenio. Viajes sin punto de llegada, lo cotidiano a veces salpicado de hechos históricos para hacer verosímil la novela que sucede en Barcelona, Nueva York, Bogotá.  Sexo que dista del amor y la soledad sin opciones, preguntas existenciales apuntadas en el cuaderno de problemas que dejan intacto el aburrimiento del lector, reaparecen en  Ponqué y otros cuentos, la nueva obra de Sanín.

“Ponqué” reflexiona sobre la escritura perfecta: creación soñada que no deja dudas sobre la diferencia entre ser escritora y hacer un libro.  ¿Lograr un bello lenguaje será la tarea imprescindible de una autora? ¿O será escandalizar lo que no debe hacer ella? “El gran ponqué del mundo” donde estaría inscrita su vida y la búsqueda de ancestros de judíos, los que saben interpretar los sueños.  “Deseando no ser de ninguna parte, o anhelando un cierto lugar, Jerusalén, a donde regresar”.  Miriam a instancias del profeta de Times Square convertida en lo que había soñado ser y siendo otra mientras la conversión tenía lugar.  Reescribiendo la leyenda bíblica de José con sus enigmas y trazando su árbol genealógico de gallegos venidos a Antioquia.  Sin sangre hebrea.

“La hija del revisor” vendió un pollo a Víctor y Oliva en un tren que se desliza por quién sabe dónde mientras va para Armero, con sus ovejas de calor, es también parte del libro de cuentos que Miriam quería publicar.  “Una hoja escrita” sigue la ruta de un bus que termina en Usaquén.  Va allí una joven desesperada, con “la desesperación de estar sola, la soledad de saber que no había otro lugar en el mundo en el que pudiera estar, a menos que llegara al mar”.   De un edificio que además es granja con gallinas, ovejas y perro pastor salen Maruna, de falda amarilla, y el profesor que antes se fascinó por la chica que enseña español.  Son “Ellos dos”.

Aunque leamos con cuidado “Radio Clásica” no sabremos por qué ríe Margarita, la locutora.  E ignoraremos la precariedad del amor de dos hombres en “Los ombligos”. Uno de ellos calza los zapatos de un prisionero de Auschwitz.  Festejamos el cumpleaños de Alicia en “El récord”.  Alicia con sus bizarras ideas contadas a medias, seguidas de etcéteras y por ejemplos.  “Carolina en su funeral” hilvana las memorias de una tarde de duelo, homenaje a Carolina, dueña de todas las casas de la familia. Naná llamó esta mañana de Bogotá para anunciar su muerte, dice su nieta.  Hay frío en Nueva York en este relato menos incoherente que los otros, pero hecho de la misma amargura con igual desfachatez.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO