¿Por qué no se trata la trata?

Mié, 08/06/2016 - 16:17
Hay temas vedados en muchos espacios, y el de la trata de personas es uno de ellos por muchas razones.

Creemos que eso les pasa a otros y no a nosotros; suponemos que quienes denuncian que fueron v
Hay temas vedados en muchos espacios, y el de la trata de personas es uno de ellos por muchas razones. Creemos que eso les pasa a otros y no a nosotros; suponemos que quienes denuncian que fueron víctimas, en últimas sabían a lo que iban y se lo merecían; pensamos que eso pasa en otros países y algunos todavía están convencidos de que la trata todavía es de blancas y sólo supone una esclavización sexual. Pero el tema es mucho más dramático.  Hablar con una víctima nos lleva a saber que no hay palabras para calificar este acto que hoy por hoy se denomina trata de personas y está definida como el traslado, tanto dentro como fuera del país, de individuos con fines de explotación sexual, laboral, mendicidad, o matrimonio servil, entre otros. En caso de que logren salir de ese infierno - en el cual dejan de decidir por sí mismos qué hacer, a qué horas y en qué lugar -, la ruta para recibir apoyo no está definida y por lo mismo las víctimas no saben qué hacer.  Algunos pocos acuden a la Policía para interponer un denuncio y generalmente los conducen al hospital más cercano con el fin de someterse a exámenes y recibir alguna ayuda relacionada con su salud.  Allí, ese momento clave en que debería ofrecérsele apoyo psicológico, rara vez ocurre, pues es enviada a diferentes instancias y en el entre tiempo muchos desisten de continuar por este camino tortuoso que los re victimiza en cada paso.  Algunos llegan a denunciar en la Fiscalía, pero realmente son pocos y por eso las cifras que manejamos, por ejemplo en Bogotá, son prácticamente insignificantes. No hay datos que den cuenta cierta de los alcances de este delito; ante el Ministerio del Interior, entre 2014 y 2015 se recibieron alrededor de 20 denuncias; y ante la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) 55; en la capital, en la Dirección de Seguridad de la Secretaría de Gobierno de Bogotá se conocieron 29 casos en 2014-2015. Claramente aquí hay un subregistro cuyo común denominador es que quien logra salir no sabe qué hacer, quiere evitar recordar lo que pasó e incluso prefiere no denunciar para evitar ser señalado, que otros se enteren de la situación por la que pasaron o, lo peor, que sus victimarios los localicen de nuevo. Es necesario, entonces, que pasen situaciones que obliguen a mirar lo que ocurre realmente en las calles, y no en las de otros países, sino en las nuestras; a la vuelta de la esquina.  El Bronx, una olla que toda Bogotá conocía pero en la cual las autoridades no se habían adentrado - o los que sí, eran parte o cómplices  de alguna de las mafias que allí delinquen-, comenzó a ser noticia cuando algún medio de comunicación habló de lo que los jóvenes llamaban una rumba de fin de semana que se estaba convirtiendo en moda y en la que el consumo de estupefacientes era el principal atractivo.  Lo otro, ¿la forma como debían pagar por el vicio? Bueno, generalmente en especie, porque el dinero no alcanza para tanto. El último fin de semana de mayo se realizó un operativo con 2.500 miembros de la Fuerza Pública, que fue resultado de un gran trabajo de inteligencia coordinado entre la administración distrital, la Fiscalía, el ICBF, la Policía y el ejército; en el que las autoridades ingresaron a la zona del "Bronx", ubicada a pocas cuadras de la iglesia del Voto Nacional - antiguo orgullo de la ciudad y hoy una zona que para muchos era el infierno-, encontrando decenas de menores de edad, personas retenidas contra su voluntad, trata de personas, explotación sexual de menores, armas, al menos 1.000 dosis de estupefacientes y un laboratorio para procesamiento de droga. Algunos llegaron a este lugar atraídos por la aparente facilidad con que podrían acceder a las sustancias psicoactivas sin saber que, una vez allí, serían esclavizados sexualmente para satisfacer las necesidades de los sayayines (encargados de la seguridad en el Bronx) y convertirse en los placeres de personas capaces de pagar incluso más de un millón de pesos – que obviamente las víctimas nunca vieron – por un rato de sexo.  Historias hay por decenas, padres desesperados averiguando por sus hijas y otros tantos menores cuyos familiares abandonaron la búsqueda y ahora nadie sabe a dónde llevarlos. No podíamos quedarnos contemplando esta dura realidad desde la barrera.  Hemos hablado con varias personas que han sido víctimas de trata; consultado con las diferentes secretarías y entidades que deberían ofrecer respuesta y apoyo; y por supuesto hemos revisado la normatividad existente.  Encontramos que hacen falta estrategias de prevención de este tipo de delitos, acciones concretas de apoyo a las víctimas, explicar claramente qué ruta seguir y las competencias de cada una de las entidades involucradas en la respuesta. El Plan de Desarrollo propuesto para Bogotá y que fue aprobado en el Concejo de Bogotá contempla la formulación de una política pública de prevención de trata de personas que debe convertirse en una primera herramienta para torcerle el cuello a esta problemática que es mucho más grande y está más cerca de lo que nos imaginamos. Sólo así la palabra denuncia cobrará un nuevo sentido y se convertirá en clave para ayudar a que nadie más caiga en las diferentes redes que además de apartar a las personas de sus entornos, someten sus cuerpos y acaban con sus sueños. @angelagarzonc
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