Punto para Putin

16 de septiembre del 2013

La lección de Putin a Barack Obama. Opinión de @Malondono.

Con una inusual forma de diplomacia, la de escribir a nombre propio en un medio de comunicación de otro país, el presidente ruso, Vladimir Putin, logró aplazar y tal vez cancelar la propuesta norteamericana de intervenir en Siria.

El medio seleccionado fue el New York Times, uno de los periódicos más leído a nivel mundial y uno de los más respetados por su larga tradición de profesionalismo informativo. Putin se dirigió al pueblo norteamericano y al mundo y habló como un estadista, alejado de esa imagen de gobernante totalitario y obtuso que han tenido los presidentes rusos en el mundo occidental. Apareció como un hombre reflexivo, que argumenta sin amenazas y que reconoce los límites impuestos por la legislación internacional al poder arrogante de las grandes  potencias.

Al cierre de la comunicación Putin considera extremadamente peligroso que un pueblo como el norteamericano se crea único,  y discrepa del discurso en el que Obama dice que la política de Estado es lo que los distingue, los hace un pueblo “excepcional”.  Entonces cierra con un tono irónico para rebatir este pensamiento y recuerda que “hay países pobres y ricos, países grandes o pequeños, pero todos fueron creados igualmente por Dios”.

También aclara en su comunicación que lo que se pelea en Siria no es una lucha por la democracia. “No hay campeones de la democracia en Siria”, dice,  hay una lucha de facciones, que puede extenderse y contagiar a otras naciones. Y asegura además que no hay duda de la utilización de armas tóxicas, pero sí las hay sobre quienes fueron responsables de utilizarlas.

El presidente ruso hace una defensa del sistema de justicia internacional, bajo la tutela de la Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, porque por muy difícil que sea la aplicación de esta justicia, es preferible a la acción unilateral de las grandes potencias. Actuar sin el consenso de las naciones sería repetir errores que le han costado mucho a países como Iraq y Afganistán.

La comunicación de Putin parece haber dado resultados positivos. Ya el presidente Obama, a través de su secretario de estado Kerry, acordó con Rusia y con Siria un plan de supervisión internacional al arsenal de armas químicas y esto por ahora pospone cualquier intervención externa unilateral como la que estaba preparando Obama.

Pero también la carta de Putin fue el salvavidas que sacó a Obama de la encrucijada en la que se estaba metiendo: si era débil y no actuaba militarmente perdería liderazgo frente a una parte de la población que adora el papel de policía del mundo que se ha abrogado Estados Unidos; pero si actuaba con la fuerza en una intervención unilateral podía terminar como en Iraq y Afganistán, metido en una guerra interna, perdiendo miles de soldados y desgastado a nivel mundial.

Entonces aparece el ruso y da una clase de diplomacia y de sensatez. Con firmeza llama a las cosas por su nombre: los sirios se están matando entre ellos, pero no por eso las grandes potencias tienen derecho a meter sus narices allá.

La anotación, en este juego de la geopolítica, se la ganó Rusia y Obama perdió de todas maneras, perdió porque ha sido indeciso, perdió porque se dejó atrapar en la lógica institucional americana y perdió porque su principal rival, aunque no enemigo, le dio cátedra de cómo manejar un conflicto externo. Y conste que si hay un país que haya cometido más errores e intervenciones en otras naciones, además de Estado Unidos, es Rusia que por años masacró y dominó a las naciones que tuvieron la desgracia de caer en la “cortina de hierro”.

Lo que muestra la carta de Putin es que al menos allá están aprendiendo a no cometer los mismos errores del pasado y Obama, en cambio, está empeñado en repetirlos.

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