Tres exposiciones de la donación de dibujos que realizó Manuel Hernández al Museo de Artes Visuales estarán abiertas al público en los próximos días. Las obras, que muestran el conjunto de trabajos, revisan los diversos estadios que el maestro ha interpretado durante toda su vida artística y que dejó como legado al Museo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
En Bogotá dos exposiciones muestran su repertorio visual y estético: una parte se encuentra en El Museo de Artes Visuales, casa de la donación y en donde también se exhiben su novedosa y fresca colección permanente. Otra, más pequeña pero igualmente interesante se abre al público en la Alianza Francesa (Sede norte) el 16 de febrero. Muestra curiosa porque nos permite observar la vida expresionista de un hombre que pinta el silencio y, una próxima también retrospectiva se abrirá el 6 de mayo en Museo de Arte Moderno de Barranquilla. Todo este complejo revisa la donación en un conjunto de obras que muestran los diversos estadios de un trabajo que es demasiado significativo para la historia del arte abstracta en Colombia.
Significativo porque es unos de los pilares del arte abstracto. Importante porque ha sido un artista en permanente producción que, con dudas pero sin altibajos, ha mantenido un lenguaje sutil que busca mostrar cómo la luz vibra en el borde de una superficie, cómo una forma flota en un espacio atmosférico o cómo la diagonal es un elemento que une mundos alternos. Una lección de honor que el maestro Hernández nos ha dejado como legado para que conozcamos las pequeñas historias de los diferentes recorridos.
Para Manuel Hernández ser artista creador es creer en el permanente desarrollo de una idea donde desgraciadamente omite las historias personales porque siente y tiene la intención de crear. Ese difícil camino se hace mientras se encuentra una constante en una búsqueda espiritual que, al pintarlo o dibujarlo, convalida un presentimiento interno. En ese difícil cruce de caminos de ideas, comienza una obra y nace el riesgo.
El dibujo contiene una doble acción: lo que se hace y, lo que se deshace en el camino. Y en el retroceso, comienza un nuevo camino.

El trabajo de los dibujos que, son nuestro tema, el artista capta espiritual y libremente una primera impresión que corresponde a la emoción de una forma y sus direccionales. Por eso lo conmueve un dibujo porque al trabajar con libertad se hace evidente le certeza de sus libres trazos.
Dentro del manejo de las formas geométricas, le interesa el óvalo y el rectángulo en todas las combinaciones que, a veces atraviesa una diagonal. En esas combinaciones encuentra lo armónico. El óvalo es una forma abierta y el rectángulo la forma cerrada. La diagonal, son los puntos de encuentro.
