¿Revocatoria o destitución?

8 de enero del 2013

La Revocatoria del mandato de un gobernante es un juicio político, mientras que la destitución es derivada de un juicio legal, por lo tanto son dos cosas completamente distintas que sirven a fines diferentes; así que no suena sensato como sugieren algunos que para el caso de Bogotá una cosa sustituya a la otra. Cuando […]

La Revocatoria del mandato de un gobernante es un juicio político, mientras que la destitución es derivada de un juicio legal, por lo tanto son dos cosas completamente distintas que sirven a fines diferentes; así que no suena sensato como sugieren algunos que para el caso de Bogotá una cosa sustituya a la otra.

Cuando un gobernante comete un delito, como en el caso del carrusel de la contratación, por ejemplo, debe ser juzgado desde el punto de vista penal, fiscal o administrativo. Para lo penal está la fiscalía, la contraloría para lo fiscal y para lo administrativo la procuraduría. Estos tres entes muchas veces se cruzan porque un mismo hecho puede tener repercusiones en cada una de las instancias.

Sin embargo, la Constitución del 91 fue sabia y como todavía quedaba un espacio para juzgar, creó otra “IA”, si se quiere, la del  juicio político ejercido por la ciudadanía y para ello diseño un mecanismo, un tanto tortuoso y truculento, que se llama revocatoria del mandato. Lo conozco porque hace unos años junto con el actual alcalde de Cali, lideramos la quijotada de buscar la revocatoria a Apolinar Salcedo, un hombre que ofreció mucho en su campaña y después lo que hizo fue abandonar a la ciudad al desgreño y al robo.

En aquella ocasión recogimos casi el doble de firmas necesarias para iniciar el proceso; yo misma y grupos de voluntarios, nos parábamos en las esquinas a solicitar el apoyo ciudadano. Sin el acompañamiento de partidos políticos, ni dirigentes empresariales, que como de costumbre estaban acomodados a la corrupción y al clientelismos, llenamos las planillas rigurosamente y las chequeábamos después contra las bases de datos de la Registraduría, y sin embargo a la hora de la revisión, esa entidad, que tantas veces le ha fallado a la ciudad, fallo una vez más al desconocer como válidas la gran mayoría de las firmas y con esto enterró el proceso.

Ah, la Registraduría, esa misma que hace apenas año y medio tampoco encontró suficientes firmas válidas para inscribir a Rodrigo Guerrero y sin embargo fue obligada por la presión social y política a enmendar su error y la misma que es acusada de haber entrado en oscuras negociaciones con el ex senador Martínez para asegurar la elección de su candidato, hace menos de un año….

Pero dejando de lado este escollo, tal vez el más difícil de sortear en este proceso, para regresar a lo que significa la revocatoria como manifestación del descontento popular, porque la revocatoria no es un juicio legal, con pruebas y contrapruebas, sino una consulta al pueblo, una pregunta directa sobre la apreciación que los ciudadanos tienen sobre un mandatario.

Ahora que en Bogotá se inicia este proceso, me parece que con aplausos y críticas de lado y lado, debemos verlo sin miedo, como algo sano para la democracia, como algo que debe adelantarse sin tropiezos, sin cortapisas, para que en ese juicio popular quede claramente establecido si la gente está o no contenta con el plan de gobierno que adelanta Gustavo Petro.

Y me parece que es importante para que el Alcalde Mayor pueda también mostrar sus ejecutorias, para que escuche a la ciudadanía y vaya enmendando sus errores que por supuesto los tiene, a pesar de sus buenas intenciones. Si se lleva hasta el final, es decir hasta la votación directa en la que la ciudadanía contesta si o no “está de acuerdo con revocar el mandato” puede resultar favorable a Petro, ser su refrendación como gobernante y en ese caso lo que habrá conseguido el representante Gómez Martínez será atornillar al Alcalde, como sucedió un día con el presidente Chávez de Venezuela, cuando la oposición perdió esta consulta y consolidó el proceso Bolivariano.

Como lo ha dicho Petro en repetidos trinos a este proceso no hay que temerle, sería como (y me perdonan los anti- taurinos) la pica que saca la casta de los toros buenos y acobarda a los malos. Si Petro tiene la casta, que ya en otras ocasiones ha demostrado, se crecerá frente a la revocatoría y eso es bueno para Bogotá, pero si su trapío es poco y sus fuerzas como gobernante exiguas, caerá rendido y habrá que buscar un nuevo alcalde y eso a la larga también es bueno para la ciudad. Este es pues un proceso legítimo y conveniente al que nadie debe tener miedo, ni estigmatizar y mucho menos los demócratas que creemos en la participación popular.

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus/2013/01/05/de-la-habana-viene-un-barco/

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