Sarcasmo e ironía

Publicado por: admin el Lun, 03/02/2020 - 05:21
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Una muestra de ingenio es la capacidad de acudir al sarcasmo y a la ironía cuando se presenta una oportuna ocasión… pero es un arma de doble filo. Según algunos psicólogos, los niños hasta comi
Sarcasmo e ironía
Una muestra de ingenio es la capacidad de acudir al sarcasmo y a la ironía cuando se presenta una oportuna ocasión… pero es un arma de doble filo. Según algunos psicólogos, los niños hasta comienzos de su adolescencia no entienden cuando se les habla con ironía o con sarcasmo. Para los pequeños no existe el doble sentido y necesitan de todo un aprendizaje para llegar a saber que se les ha querido decir algo opuesto a lo que escucharon. En la edad adulta conservamos algo de esa incapacidad y quedamos desubicados si escuchamos decir un “sí” cuando se pretende que se entienda por un “no”, o decir que es bueno algo que se tiene por malo, especialmente si quienes lo dicen son personas a las que consideramos amigas de la verdad y lejanas de aquellas que tienen el humor negro como hábito y fustigan a otros con sus mordaces comentarios. Muy malas compañías son estas dos desviaciones juguetonas del lenguaje cuando se trata de conversaciones constructivas. El desconcierto que causan y la trampa que significan para el que intenta un diálogo serio, dificultan cualquier posibilidad de llegar a conclusiones positivas o de generar nuevos interrogantes que lleven a la solución de un problema o al enriquecimiento mutuo que pueda resultar del intercambio de conceptos y opiniones. La charla animada con apuntes y punzadas, en la que el sarcasmo y la ironía reinan, no puede ser unívoca, se requiere de interlocutores que estén en capacidad de responder con agudeza y sepan resistir los embates recibidos para poder responder con la frase aniquiladora que deje por el piso al contrincante de tal manera que lo desanime a nuevos ataques. A quienes han tenido ese, no muy bien visto, talento de golpear donde más duele a los otros con palabras hirientes, entre los que por desgracia me cuento, les vendría bien comprender que el sarcasmo y la ironía pueden volverse en su contra. La satisfacción obtenida, al provocar algunas risas, no compensa el rencor por el dolor causado en la autoestima de su víctima que puede perdurar años y años como lo he podido constatar causándome profundo remordimiento. Entre más privado e intimo sean utilizados el sarcasmo y la ironía, su efecto puede llegar a ser inofensivo y hasta muy divertido pero cuando pasa al campo público, como en el caso de la política o el periodismo en donde el lenguaje llega a ser un instrumento y un arma poderosa, las cosas se pueden salir de control. En el uso del sarcasmo y la ironía, el lenguaje corporal -un guiño, un movimiento de la mano, una cierta sonrisa, un golpe suave- propio de la comunicación directa con el interlocutor, puede poner sobre aviso a quien le corresponde extrañamente escuchar “si” cuando se dice “no” y quitarle seriedad a lo que es solamente una broma. El lenguaje público, tanto oral como escrito, queda expuesto a ser sacado de contexto cuando se citan y editan fragmentos de discursos o de comentarios con la mala intención de hacer creer que lo dicho tiene un significado diferente al original, desinformando así para causar daño a quien lo dijo y a sus seguidores. Esto ocurre tanto en el caso de un político o de un líder de opinión. Ojo, mucho ojo. Aconsejaría que preferiblemente dejemos estos modos de expresión a la literatura y conformemonos con un uso cuidadoso para que su doble filo no nos cause daños irreparables.