Con su propuesta de dialogar con el expresidente Alvaro Uribe, Timochenco acaba de darle una lección de política al presidente Juan Manuel Santos. Al invitar al dirigente del Centro Democrático a “conversar tranquilamente” el líder guerrillero decidió tomar el toro por los cuernos. Y si se descuidan también el timón del barco de la paz. Con esta movida queda en evidencia que si el presidente no aprende a jugar mejor sus cartas el héroe de la jornada, irónicamente, terminará por ser el jefe de las FARC. Asumir la iniciativa en momentos en que Santos goza de la más baja popularidad es una audacia política que lo pone al nivel de las exigencias de la coyuntura actual.
Es mostrar la capacidad de ver el todo y no solo las partes. Es reconocer que la fuerza del uribismo no es subestimable y que para sacar adelante un proceso hacia una paz duradera y sostenible es imprescindible involucrar a la derecha en los acuerdos de La Habana. Es hacer gala de que conoce mejor la historia reciente de Colombia y que entiende que firmar un acuerdo con la guerrilla, el cual deje herida a la ultraderecha, lo único que garantiza es que se abran nuevos frentes de batalla, lo cual no es otra cosa que la perpetuación de la guerra. O sea conseguir una paz efímera que en menos de nada reviviría los brotes de violencia. Es repetir la historia.
Timochenco se aproxima a la comprensión de que hablar de paz es tener en cuenta a quienes, por equivocados que parezcan, se sienten víctimas de la guerrilla y por tanto aspiran a ser reconocidos en la solución del problema. Por eso el jefe de las FARC llega a la conclusión de que la paz no solo debe ser mirada desde la propia experiencia sino que es necesario proyectarla de cara a las futuras generaciones. Y por prevenciones que existan sobre esta nueva postura nadie duda que Timoleón Jiménez, Timochenco, habla con la verdad cuando le dice a Uribe: “Lo queremos a usted sentado a la Mesa de la Reconstrucción y Reconciliación Nacional”.
El recorderis que hace el jefe guerrilero de algunos episodios en los que incluso le enrostra a Uribe que no pudo derrotar a las FARC, más que una factura de cobro o una provocación, como lo han entendido algunos emotivos, es una mirada si se quiere holística de la paz. La enumeración de las lecciones aprendidas en este trayecto de negociaciones en la Habana dejan ver una madurez que no ha exhibido hasta ahora el primer mandatario colombiano. Frases como “con odios no se llega a ninguna parte. Tenemos muy claro que la pasión y la polarización son malas consejeras, que nadie es dueño de la verdad absoluta, que la paz es una construcción colectiva”, reflejan que Timochenco ha entendido lo que Santos todavía no: Que sin Uribe no hay paz.
Esta perspectiva ha sido pregonada desde varias posturas pero ignorada con cierta soberbia. Hace unos tres años se lo advirtió Angelino Garzón al presidente Santos, hace año y medio el exministro Alvaro Leyva Durán le hizo en carta abierta a Uribe la invitación a que se vinculara al proceso de paz. Y no hace un par de semanas el excandidato a la alcaldia de Bogotá, Alex Vernot la escribió en Las2orillas (ver columna). Allí Vernot hace una sugerencia que no puede ser considerada menos que sensata: “Que se reúna ya el Presidente Uribe con las Farc y con el Presidente Santos, por separado, a fin de acordar los términos políticos de una nueva Constituyente, con unas reglas claras para la elección de sus miembros. Que el Presidente Santos renuncie a su idea fija de manejar y controlar todo el proceso político de la negociación y de la constituyente; que las Farc dejen de manipular al gobierno... y que el presidente Uribe renuncie a sus inamovibles, en beneficio de lograr “un camino” de entendimiento que habrá de ser construido por todos y no sólo por los suyos”.
Que la paz sea con todos es apenas justo y necesario. La paz debe ser construída por las mayorías y debiera ser el resultado de un encuentro de voluntades en el que todos pongan sus cartas sobre la mesa. Esa es una aspiracion legítima de la amplia mayoría de los colombianos. Pero que los protagonistas lo entiendan de esa manera es un incierto porque hasta ahora ha podido mas la mezquindad y los egos. Que la paz se hace justamente con todos los enemigos no parece entenderlo aun el gobierno. Porque si bien Uribe ha terminado como el malo de la película porque se opone a la forma como se negocia en La Habana, Santos no se ha quedado corto en su táctica de reducir el uribismo cueste lo que cueste.
Por eso es notorio que mientras Antanas Mockus y otros pacifistas se rompen la cabeza para ver cómo logran sentar a Uribe en una mesa negociadora o cómo generan una pedagogía sobre la paz que no ha podido emprender el gobierno, Santos se dedica a echarle leña el fuego a la pelea con el uribismo recordando oportunistamente un pasado en el que el propio presidente no es ajeno, como son los falsos positivos, las chuzadas y la calidad de algunos funcionarios de la era de Uribe. Ya hoy no se sabe si es más camorrero Santos que Uribe. Habla de la reeleccion fraudulenta como si la mermelada que lo reeligió a él si fuera legítima.
Santos debe entender el mensaje de Timochenco, así no haya sido hecho desde la humildad y a pesar de que no logre sugerirlo modestamente al presidente. Que el presidente debiera sentarse con Uribe y acordar con las FARC. El presidente podría buscar ayuda profesional para esto. Angelino, Antanas, Vernot o Leyva están en capacidad de ayudar a que se produzca ese entendimiento. Santos debe dejar de lado las presiones de los impulsores de la paz burocrática para que jueguen los gestores de la paz democrática. Que no le pare tantas bolas a los senadores tipo Roy Barreras y demás mermelados porque ellos no saben lo que hacen.
Hay que entender lo que monseñor Luis Agusto Castro dice “el país necesita es una invitación a ir superando esos sentimientos que tiene en el corazón en términos de odio, de venganza y desquite, de revancha, por todo lo que ha sufrido”. No se puede celebrar que se avanza con las FARC mientras se acentúa la contradicción con el Centro Democrático. Solo un ingenuo puede creer que si se permiten echar al viento especies como que Timochenco va al congreso mientras Uribe irá a parar la cárcel, o que se les dejarán territorios libres, no va pasar nada con los ganaderos que han sufrido la crueldad de las FARC. Nadie puede pensar que así se puede construir paz en este país.
Quizás Santos tenga que entender el mensaje de Antanas a Uribe cuando le dice que “Hemos pagado altos precios por la guerra, debemos estar dispuestos a pagar un precio por la paz...Es tiempo de madurar. Tiempo de comprender. Tiempo de dejar atrás los atajos de la violencia y la trampa”.Porque aun en respuesta al llamado a la resistencia civil Timochenco reacciona más comprensivamente que Santos. “Discutamos sobre su llamado a la resistencia nacional contra la paz, producido sin haber escuchado a quienes tanto combatió por tierra, mar y aire sin vencerlos”. Se le sale la arrogancia pero refleja que puede dejarla de lado. Santos hágale caso a Mockus: “La paz sí que merece dejar atrás orgullos”.
Sátiras a Uribe para que las entienda Santos
Mar, 17/05/2016 - 15:08
Con su propuesta de dialogar con el expresidente Alvaro Uribe, Timochenco acaba de darle una lección de política al presidente Juan Manuel Santos. Al invitar al dirigente d
