Seguimos respirando un aire que mata

27 de febrero del 2019

Opinión de Diego Molano

Seguimos respirando un aire que mata

“Para mejorar la calidad del aire en Bogotá no se necesitan milagros; la solución está en las manos de los dirigentes que quieran tomar decisiones contundentes políticamente pero que, a futuro, nuestros hijos van a agradecer”. Así terminó el artículo que escribí hace un par de años en el que insistía en que un sistema de transporte público debe ser el ejemplo para la mejora en la calidad del aire de la ciudad. Desde que se publicó este artículo (2017)la ciudad sólo ha avanzado en la implementación de una ruta para el fomento de la movilidad eléctrica y/o cero emisiones directas por medio de un Acuerdo del Concejo de Bogotá. Lo demás, como dicen las abuelas, se ha quedado en el tintero.

En estos días de emergencia amarilla y naranja los expertos de las mejores universidades del país, profesores, investigadores, periodistas, políticos, y demás personajes de la vida pública, han manifestado su descontento porque las acciones que se implementaron durante la emergencia eran pañitos de agua tibia ante la gravedad del problema. Decretar el pico y placa de vehículos lo que hace es aliviar la movilidad pero no la descontaminación, pues estos vehículos contaminan el 3% . Así, nuestros niños y adultos mayores continuarán afectándose día a día por un aire que mata.

Según el Instituto Nacional de Salud en su informe “Carga de Enfermedad Ambiental de Colombia” afirma que casi 2000 muertes al año son atribuidas a la calidad del aire en Bogotá. La emergencia ambiental, que se está presentando en este principio de año, la hemos visto anteriormente a causa de condiciones atmosféricas con variabilidad climática alta; de hecho, ya estamos entrando a los picos epidémicos donde se aumenta la probabilidad de contagio y propagación de virus respiratorios. Siendo así, nos podríamos preguntar: ¿Qué decisiones está tomando el Distrito para prevenir estos cuadros de emergencias? La Administración no debería esperar a que se declare una alerta naranja para actuar.

A pesar de los esfuerzos que la Secretaría de Ambiente, la Secretaría de Movilidad y la Secretaría de Salud están realizando, se ven más actuaciones limitadas. ¿Cuáles son los protocolos que se deberían implementar cuando hay emergencia ambiental? ¿Cuáles son las acciones inmediatas? ¿Qué deberíamos hacer como ciudadanía para bajar la concentración de emisiones?

Estas y muchas preguntas más nos hacemos los bogotanos cuando todavía, a pesar de que el porcentaje de emisiones en fuentes móviles no ha cambiado desde el último inventario de emisiones de la Secretaría de Ambiente (43% transporte de carga, 17% SITP zonal y provisional, 14% transporte especial, 8% camperos, 7% motos, 6% taxis, 3% automóviles y 2% Transmilenio), no se han tomado decisiones contundentes. El sistema de transporte público es un ejemplo fundamental para que el nivel de exposición de casi 3 millones de personas que se movilizan en él no sea tan alto como hoy en día.

El problema de calidad del aire es un tema transversal que podría tener varios frentes de trabajo a corto y mediano plazo. A corto plazo deberían hacer un seguimiento exhaustivo de las revisiones tecno-mecánicas que se están realizando en Bogotá, no sólo en automóviles particulares sino también en el sistema de transporte público y en transporte de carga. Se necesitan protocolos que indiquen qué debería hacer la administración y los ciudadanos cuando haya una emergencia y no seguir con limitaciones afectando la salud de los bogotanos. Con estas emergencias, se demuestra la necesidad de un sistema de transporte limpio, cero emisiones y que hoy la administración no se atrevió a tomar las cartas de los buses eléctricos. Esto es una medida necesaria a mediano plazo. Finalmente, se demostró que la veeduría ciudadana y su participación es clave para trabajar en equipo con el Alcalde y esto es un mensaje claro: la ciudad debe ser construida de la mano con la ciudadanía. Bogotá necesita acciones contundentes, consensuadas con la gente y que se note la mejora de nuestro aire. Bogotá necesita líderes en su administración, conscientes, con capacidad de decisión y, sobre todo, con entrega para hacer de esta ciudad una Bogotá con mejor calidad de vida.

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