Sergio Fajardo

Lun, 11/06/2012 - 01:02
No le gusta hacer política con su pellejo. Costumbre bastante extendida en un país como Colombia en donde la política es una actividad de alto riesgo. Y la autovictimización un recurso que muchos
No le gusta hacer política con su pellejo. Costumbre bastante extendida en un país como Colombia en donde la política es una actividad de alto riesgo. Y la autovictimización un recurso que muchos usan con habilidad. Por eso las denuncias sobre la existencia de un plan para asesinarlo son absolutamente creíbles. Fue descubierto por el Ejército y todo apunta a sectores incómodos con su gestión como Gobernador de Antioquia como los autores del macabro plan. Fajardo es de los políticos que necesitamos. Ha desempeñado un papel excepcional en la recuperación de la confianza ciudadana en la actividad pública. Su Alcaldía en la Medellín azotada por las bandas y las mafias representó una verdadera ruptura política. Ruptura por su triunfo sobre las estructuras políticas tradicionales, liderando Compromiso Ciudadano, su movimiento político de entonces. Pero también porque adelantó una gestión que devolvió la esperanza a los medellinenses, mejoró la vida en la capital paisa y mereció reconocimientos dentro y fuera del país. Además de ser seleccionado como mejor Alcalde, fue considerado en el 2007 el personaje de América Latina por la publicación Financial Times. Saltó a la política nacional convirtiendo su experiencia gubernativa en su proyecto político. Ética pública y Educación han sido sus banderas fundamentales. Y luego del fallido intento por consolidar su movimiento Compromiso Ciudadano por Colombia, se juntó con Lucho Garzón; Peñalosa y Antanas Mockus, de quien fue su fórmula vicepresidencial, para desatar la célebre Ola Verde que estuvo a punto de ganar las elecciones presidenciales del 2010. Luego, su movimiento ingresó formalmente al Partido Verde, de quien es uno de sus principales dirigentes. Fajardo no se queda quieto. Postuló su nombre y ganó la gobernación con su propuesta “Antioquia, la más educada” derrotando la maquinaria conservadora liderada por Luis Alfredo Ramos.  Ya en la contienda por la Alcaldía había derrotado también las maquinarias de Sergio Naranjo y Luis Pérez. Bastante polémica ha causado la publicación de su famoso Libro Blanco. En una especie de corte de cuentas con su antecesor señaló irregularidades en la contratación pública del departamento y alertó sobre el uso desmedido de la contratación directa en el gobierno anterior. “Muchas manos y pocos ojos” en el manejo de los recursos públicos de Antioquia, denunció  el Libro Blanco. Pero quizás el desafío más importante que tiene Fajardo al frente de los destinos de su departamento sea el de restablecer la “legalidad democrática”. Un territorio que ha sido bastión de mafias del narcotráfico, organizaciones paramilitares y bandas emergentes requiere una cirugía profunda en su cuerpo social para garantizar larga vida. Seguramente de esa mezcla y reciclaje permanente de ilegalidades y violencias que debe ser superada, proviene esta celada contra la vida del gobernador. A Fajardo le critican su excesivo personalismo. Y su etnocentrismo paisa. No ha sido fácil desprenderse de un movimiento político que se debía exclusivamente a su liderazgo para ensayar una apuesta más colectiva en el Partido Verde. Pero es una voz decente en la política colombiana. Un dirigente dotado de ideas y convicciones democráticas que merece morir de viejo.
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