Trasplantes fecales

9 de febrero del 2011

Hay titulares que se envidian y este es uno de esos.  No es mío, es de la revista virtual Slate (viernes 28 de enero, 2011) y la historia es interesante, aunque admito, un poco desagradable. Pero el titular tiene en si mismo una gran enseñanza biológica.

Trasplantar es colocar un órgano o tejido en un animal vivo.  Este trasplante puede provenir del mismo animal o individuo, de otro donante de la misma especie o de especie distinta. Las combinaciones son muchas y también los problemas de reconocimiento y aceptación del órgano trasplantado.

Si hablamos de trasplantes fecales podemos preguntarnos ¿es la materia fecal un órgano o tejido?.  Pues sí, muchos científicos lo consideran así.  Habitan en nuestro tracto gastrointestinal unos cien billones de microorganismos, la gran mayoría en el colón donde podemos alojar hasta cuatro kilogramos de bacterias.  Si pensamos que el hígado pesa unos dos kilogramos podemos aceptar que tenemos un gran órgano bacteriano en nuestro colon que se puede transplantar.  Los científicos lo han llamado el microbioma intestinal.

Y cumple un papel en nuestra fisiología: digestión de algunos residuos complejos como la celulosa, competencia por algunos nutrientes como el hierro, producción de algunas vitaminas, equilibrio inmune y otras funciones importantes para nuestra salud.  Hasta se ha demostrado recientemente que, por lo menos en ratones, la flora intestinal influye en el desarrollo del cerebro (Proc. Nat. Acad. Sci. USA, enero, 2011).  Pero quizás lo más importante es que evita que nos colonicen otras bacterias que nos hacen daño.

Estamos acostumbrados evolutivamente a nuestros microorganismos. Pero, ¿qué ocurre cuando recibimos antibióticos que barren las bacterias buenas del colon, sobretodo si estamos en una condición inmunológica debilitada?. Nos invaden microorganismos que nos enferman.

Hay un germen particularmente peligroso, el Clostridium difficile.  Esta bacteria está ampliamente distribuida en el medio ambiente incluyendo hospitales, en animales y otros seres humanos.  Si llega a un colon deshabitado por sus bacterias usuales, sobretodo en adultos mayores hospitalizados que han recibido antibióticos de amplio espectro, produce una colitis particularmente difícil de tratar llamada colitis pseudo-membranosa.  Puede llevar a la muerte por deshidratación y otras complicaciones, aún en casos de infección moderada según la Clínica Mayo.  En algunas series la mortalidad llega al 24 por ciento y la frecuencia de recaídas también es alta.  Además, en la última década se han reportado cepas de C. difficile multirresistentes a antibióticos que producen mayor cantidad de toxinas.  Por estas razones el tratamiento se ha vuelto especialmente difícil.

Parte fundamental del enfoque terapéutico en estos casos es la recolonización del colon por microorganismos benéficos.  En la medicina actual se usan los probióticos con este propósito.  Los probióticos son productos farmacológicos y alimenticios, tipo yogur, con bacterias como lactobacilos, bifidobacterias y otras, que actúan como una carga bacteriana para restablecer el equilibrio del microbioma intestinal. Pero a veces el uso de probióticos no es suficiente y en estos casos se ha propuesto el llamado transplante de materia fecal.

El donante es una familiar cercano que se supone comparte la mayoría de bacterias con el paciente.  Se le suministra un purgante suave y se descarta infección con organismos patógenos (VIH, virus de las hepatitis, parásitos importantes, etc.).  Una apropiada muestra, unos 30 gramos,  de materia fecal se “trasplanta” al paciente con sonda nasogástrica o colonoscopio.  A nadie se le da a comer o beber el “órgano transplantado” para tranquilidad de muchos.

Hay una guía para prepararlo en casa publicada en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology.  La razón para hacerlo en casa es que la mayoría de los hospitales y proveedores de cuidado médico se resisten a usar un tratamiento no probado aún en estudios clínicos con pacientes y “controles”.  Entiende uno la dificultad de encontrar “controles” (personas sanas) que voluntariamente se sometan al descrito transplante de materia fecal.  Pero pacientes de colitis por C. difficile atestiguan haber mejorado con ese tratamiento.

Es verdaderamente complicado demostrar la eficacia de algunos procedimientos médicos como éste.  Pero ante una condición tan crítica como la colitis pseudomembranosa y en pacientes severamente enfermos puede estar justificado su uso.

Los que no estamos colonizados y enfermos por C. difficile debemos recordar que es importante mantener el equilibrio de la flora intestinal, ese microbioma que parece ser un “órgano” importante de nuestra fisiología.  La mayoría de las diarreas en adultos son fenómenos autolimitados y debemos evitar el uso de antibióticos si no son necesarios.  Muchas autoridades también critican el uso masivo e industrializado de antibióticos en la ganadería y avicultura.  No todas las bacterias son enemigas nuestras.

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