Un mundo de fariseos

28 de marzo del 2016

“Fariseos: preferible ver a los terroristas de las Farc en conciertos y no cargando un fusil.”

Al terminar la Semana Santa, que cada vez es menos santa, conviene hacer una reflexión de las lecturas evangélicas y aplicarlas a la realidad del mundo moderno. Siempre me ha impactado el debate entre Cristo y los fariseos, aquella secta judaica que lo perseguía para demostrar que no cumplía la Torá y que por lo tanto merecía ser condenado. Finalmente lo lograron, y en esa alianza circunstancial entre el sanedrín preocupado por la popularidad de su mensaje renovador y la debilidad del Pilato apegado al derecho romano, terminaron por crucificarlo.

Los fariseos iban poniéndole pruebas y Cristo, que entendía su mala fe, los desconcertaba. Célebres son sus respuestas cuando le preguntaron por la lapidación de la mujer adúltera (“quien esté libre de toda culpa que lance la primera piedra”) o sobre los deberes terrenales (“dad al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios”). Frente a estos desafíos, la actitud del Señor era la de recordar la importancia del buen corazón, la primacía del amor y la coherencia entre la ley y la conducta.

El fariseísmo, ese énfasis en las formas por encima del fondo, es hoy muy frecuente.

Fariseo el presidente Santos que se lamenta de los muertos en Bruselas por el terrorismo y que busca simultáneamente garantizar la impunidad de quienes, en La Habana, han asesinado, secuestrado, extorsionado, violado a miles de compatriotas.

Fariseo el jefe de la diplomacia estadounidense que considera que el terrorismo, y el narcotráfico que lo financia, son las mayores amenazas para la democracia, y luego se reúne con la Farc que son la mejor encarnación de estos dos males.

Fariseos todos los “demócratas” que trinan (Je suis Bruxelles, Je suis Paris) compungidos por las muertes occidentales pero nunca lo hacen cuando las bombas son en Irak, Pakistán, Siria, Turquía o Colombia. Fariseos aquellos que afirman que es preferible ver a los terroristas de las Farc en conciertos y no cargando un fusil como si el dolor de las víctimas de sus crímenes, no contara. Fariseos los que apoyan la guerra contra Isis pero claman a gritos por el cese al fuego en Colombia.

Fariseos los que, desde la seguridad que brinda estar en el exterior, aplauden la política de paz de Santos sin entender la impunidad que se les está garantizando por crímenes contra la humanidad; que exaltan su terquedad en la búsqueda de un acuerdo, sin analizar lo que significa para Colombia todas las excesivas concesiones que el gobierno ha otorgado a la contraparte. Fariseos los que igualan a los ciudadanos colombianos que nunca mataron, ni secuestraron, ni extorsionaron, ni violaron con sus victimarios con el falso y manoseado argumento de que “todos somos culpables del conflicto”. Fariseos los que piden paz así sea al precio de la justicia sin reconocer que la impunidad no puede sino generar más violencia.

Fariseos los “falsos intelectuales”, dispuestos a olvidar las violaciones de tiranos de izquierda como los hermanos Castro, pero siempre implacables y rigurosos cuando los mismos hechos son cometidos por la derecha. Fariseos los que callan las violaciones de los derechos humanos en Venezuela por ser un “aliado” de la paz en Colombia.

Fariseos los que le perdonan al gobierno la corrupción, el despilfarro, el desgobierno, el apagón, los niños muertos de hambre, la desaparición del cargo confiabilidad, la venta de Isagen, la persecución de la oposición con el argumento de que está buscando la paz.

migomahu@hotmail.com

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