Una mujer en la ventana

29 de enero del 2011

“No se les puede dar un año nuevo, enseguida lo rompen”. Mafalda

Diciembre con su alegría, mes de parranda y animación. Eso dice la canción. En las calles la gente celebraba el estreno de un año. Entre ellos, asesinos riendo con música y estruendo, bebiendo y empuñando su arma, disparan al aire su poderosa presencia en la fiesta del mundo. El sonido de pólvora camuflando la muerte que viaja prensada en una bala. Mientras retumban gritos, pólvora y copas, Esteban Giraldo, siete años, recibe un disparo lanzado al aire. También Mónica Andrea Muñoz, 26 años. Andrés Felipe Castillo, 5 años. Alejandro Rafael del Valle, 15 años. Muertos todos. Al menos 70 personas muertas por “balas perdidas”. Los heridos pasaron de cien. En los últimos 10 años murieron unas 1.000 personas por disparos indiscriminados. Cada 4 días una muerte por esta estúpida sinrazón. Violencia aleatoria, pero violencia. Ninguna bala es perdida.

Disparar porque sí no pasa de ser una infracción del Código de Policía. La venta de pólvora sólo está prohibida para menores de edad y adultos en estado de embriaguez. Las sanciones son el decomiso y la conducción ante un defensor de familia. ¿A quiénes se ha educado en Colombia durante tantos años? ¿A seres irreflexivos que obedecen al furor de instintos reforzados por una cultura primaria? ¿Es es posible la paz si en las celebraciones hay pólvora, si hay armas?

El 29 de diciembre, una mujer murió cuando recibió un balazo en la cabeza mientras miraba por la ventana.” Un titular, como otro cualquiera. Titular que emprende un viaje hacia otra fecha, en 2007 cuando el escritor Amos Oz recibía el Premio Príncipe de Asturias. Un viaje ofrecido por una mañana lluviosa al leer el incesante conteo de muertes, asomados por la ventana, lleva a pensar una Colombia donde los hechos dejen de ser cifras, las armas caigan como plumas, donde generaciones de asesinos aplacen su empresa de todos los días y conversen, se cuenten historias, cuiden sus mujeres y sus hijos. Esta sería una opción, claro, si la pared que sostiene esta ventana no haga aguas ni se desplomen los tejados.

Decía Oz: “Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios, los museos, los paisajes. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. (…) Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. (…) Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.

Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.

Parte de la tragedia (de la humanidad) es la incapacidad de muchos de nosotros de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad. La mujer de la ventana puede ser (cualquiera). Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho. (…) No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.”

La ventana no fue para esta señora un mirar pasar vida, sino el fin de su vida. No fue un lugar donde se vive, donde no se mata, porque un insensato armado de rumba y plomo, ¿qué sabe de celebrar con mesura? ¿Qué sabe del significado de restarle gravedad a sus actos? ¿Qué sabe de expresar la felicidad sin la machera de un arma? ¿Qué sabe de saludos cordiales, de agradecer un año de vida respetando la vida? No saber no es una opción. La opción es educación, pedagogía de normas para parranda y animación. Otra opción es leer más literatura.

En Cartagena murió esta mujer en su ventana por insensatez aleatoria. Cartagena celebra cada año una fascinante fiesta literaria, el HAY FESTIVAL. Un canto a las letras, embriaguez del espíritu, diálogo de escritores que lanzan historias al viento. Magia de palabras que nos abren mundos, que nos llevan a otras vidas, a otras mentes, aliento que mirado en el vidrio de una ventana nos haga exhalar un vaho sobre el cual escribir pensamientos invisibles y efímeros, crear una fantasía en la que un país educado para leer comprendiendo lo que se lee es posible. Que es posible una educación integral de calidad para todos. Una fantasía que nos ayude a entender.

“La cultura no es un lujo que podamos permitirnos sólo en las épocas faustas. Su misión es formular las preguntas esenciales. ¿Quiénes somos? ¿Dónde vamos? ¿Qué pretendemos construir? ¿Qué sociedad? ¿Qué civilización? ¿Y basadas en qué valores? ¿Cómo usar los recursos gigantescos que nos brinda la ciencia? ¿Cómo convertirlos en herramientas de libertad  y no de servidumbre?” Amin Maalouf

Ver:

Premio Príncipe de Asturias Letras 2007, Amos Oz

Premio Príncipe de Asturias Letras 2010, Amin Maalouf

HAY FESTIVAL Cartagena

Todo disparo al aire es peligroso

Experto explica riesgo de balas disparadas al aire

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