Una vez en mi vida conversé con Dietrich Fischer-Diskau

Lun, 21/05/2012 - 00:03
Por: Maria Stella Fernández Ardila.

La muerte de Dietrich Fischer-Dieskau, barítono alemán cuyo legado trasciende los escenarios más importantes del mundo lírico,  y  quien proyectó sus más altas calidades humanas desde su vida artística y docente, significa un adiós con todos los honores al  ¡Gran Maestro del Lied y de la Ópera!

Me consuela pensar que a su llegada a la nueva dimensión eterna lo puedan estar esperando Otto de Greiff, el más apasionado melómano, conocedor y traductor en “versiones poéticas” de la más bella poesía romántica que se conjuga en los Lieder alemanes y que fueron parte esencial de su repertorio. Como también deseo que Maruja Méndez lo esté esperando. Maruja, la especialista, profundamente  conocedora de la música universal de todos los tiempos, también amaba los Lieder. Sus audiciones didácticas de la Sala de Música de la Biblioteca Luis Ángel Arango, (en la década del 70) eran verdaderas obras de arte.

Podría decirse que hacía la más exquisita “curaduría” para presentar cada día entre las dos y seis de la tarde sus amores y sus hallazgos en la música clásica, de manera que siendo público privilegiado de su formación, nos dejó  inolvidables momentos, especialmente los encuentros con la Voz Humana, como ella  llamaba los programas que dedicaba al Lied y a la Ópera. Gracias a ellos, cada uno desde sus espacios, transmitían su predilección por  este género íntimo  de la música de cámara: el Lied alemán, que es  exquisita música y poesía  y es expresión  de los sentimientos humanos y con toda su fuerza está presente el amor y el desamor.

A través de sus programas y conversaciones  tuve el privilegio de  conocer y admirar la grandeza  del barítono  Dietrich Fischer-Diskau, a quien tristemente, estamos despidiendo.      

Dietrich Fischer-Diskau

Si los tres se encuentran en el cielo como es de esperarse, me pido un asiento desde ya junto a ellos para disfrutar de sus conversaciones. Esa sería la eternidad más gloriosa, oyéndolos hablar y a Fischer–Diskau cantar el inefable ciclo de lieder El viaje de invierno de Schubert,  acompañado al piano por Gerald Moore, o por Alfred Brendel. En Berlín, verano de 1987, un sueño hecho realidad.

Para poner en contexto ese encuentro con el Gran Maestro Dietrich Fischer-Diskau, comenzaré por contar que fui becada por el Goethe Institut de Bogotá para participar en el verano de 1987 en un intercambio cultural con el Goethe Institut de Berlín, dirigido a personas vinculadas a la actividad musical.

Me asignaron la estadía en Berlin y para hacer más increíble esta oportunidad, precisamente, en 1987 se celebraban los “750 años de Berlín” y a la extraordinaria programación todo el año; durante  el verano se realizó la 37 Berliner Festwochen, de modo que la atmósfera y  panorama artístico de una de las más importantes capitales culturales del mundo estaba activada al máximo.

Era consciente en mi desenfadada juventud, que estaba viviendo una de las oportunidades más grandiosas y enriquecedoras para conservar en mi corazón por el resto de mi vida, y por eso, aún guardo empastados los programas de mano autografiados del recital de Teresa Berganza; del  Don Giovanni con la Elvira de Gundula Janowitz; de  la  noche de Ópera Los Troyanos del compositor Aribert Reimann;  (también pianista de Fischer Diskau en recitales), del recital con Heinz Holliger, oboísta, Aurele Nicolette, flautista, Eduard Brunner, clarinetista, Klaus Thunemann, fagot,  Radovan Vlatkovic, corno; y András Schiff, piano. Como también  guardo el programa de mano del recital de Maurizio Pollini, en la Filarmónica de Berlín, con obras de Chopin en la primera parte y los Doce Estudios para piano Libro I y Libro II, de Debussy!; del recital de Alfred Brendel con obras de Schubert en el mismo recinto sagrado de la Música en Berlín, su Philarmonie, y por supuesto, del concierto con la Filarmónica de Berlín dirigida por Erich Leinsdorf y Walter Klien, solista del concierto para piano y  metales de Igor Stravinsky.

Como si fuera poco, también guardo el libro Die Ratten de Günther Grass,  con  un recuerdo muy fuerte porque  compartí con él y dos personas más de manera muy informal antes de iniciar su conferencia, (oportunidad que se dio por haber llegado muy  temprano), y al frente suyo sufrí un ataque de timidez ante el asombro de tenerlo tan cerca,  tanto,  que me paralicé y no le  pedí  su autográfo.

Durante ese verano también fue mi primera vez frente a la obra de Giacometti y ante El Proceso de Kafka, por el Teatro Nacional de Habimah de Tel Aviv. Todo este recorrido de memorias como diamantes de ese  verano en Berlín, justamente El Año de Celebración de sus 750 Años, se cerró con broche de oro con los dos recitales de Dietrich Fischer-Diskau, únicos e inolvidables a los que asistí y hoy, conmovida ante la tristísima noticia de su muerte, les comparto: El primer recital fue el 8 de septiembre, anunciado como “Musik aus dem Exil” (Música desde el Exilio) con obras de Hans Eisler “Landschaft des Exils” (Paisaje del Exilio). Las obras en su mayoría habían sido seleccionadas de su  libro de Canciones de Hollywood, (1942), compuestas por Eisler en el exilio en América, precisamente en California, a donde su maestro Arnold Schönberg y su amigo, Bertold Brecht, también  habían emigrado.

El Maestro Fischer-Diskau  configuró su programa  para este recital con obras de Brecht, Mörike. Hölderling, Heine, y cerró con el ¡Monólogo de Horacio de Shakespeare! El Maestro escogió cuidadosamente este  programa y escribió un texto de gran rigor académico, él era un intelectual exquisito, artista integral, docente. 

En el texto, él mismo quiso  presentar su  motivación al escoger las obras de este programa, y lo interpretó sin pausa, vocalmente perfecto, conmovedoramente humano en las referencias de todos los sentimientos que exhalta la dura realidad del  exilio. Prometo a los lectores el programa con la traducción del texto citado y de las notas al programa (en la próxima columna dentro de quince días), y para cumplir, he invitado a Marta Kovacsics,  eminente traductora chilena de origen húngaro, residente en Colombia. El pianista del programa de la música del exilio fue el compositor Aribert Reimann.

Con Wolfgang Rhim son dos alemanes de la más alta importancia en el mundo musical contemporáneo. (Reimann  había venido antes a  Bogotá  con su grupo de cámara y presentó un recital extraordinario en la Sala Arango, con el auspicio del Goethe Insitut).

Fischer-Diskau, la noche mágica  en la Deutsche Oper y la Bella Magelone, op. 33 de Brahms La segunda noche en la  que tuve el privilegio de escuchar a Fischer-Diskau, se trataba de un  programa anunciado dentro de un ciclo: Liederabende, ciclo de tres recitales con programas de un solo compositor. Primero, un programa Schumann/el segundo, un programa  Brahms / y el último, dedicado a obras de  Liszt y Richard Strauss. Mi boleta correspondía al anunciado, “Dietrich Fischer-Diskau, barítono- Hartmut Höll, piano” /  Deutsche Oper Berlín- jueves 24 de septiembre de 1987-8 p.m. –El programa, “Die Schöne Magelone, op. 33 de Johannes Brahms “(La bella Magelone)-15 Romanzas de Ludwig Tieck.

Nunca he vuelto a encontrar esta obra en el repertorio de salas de concierto, no sé si porque únicamente la cantaba Fischer-Diskau o porque el género del Lied definitiva y muy tristemente ha caído en desuso en las salas de concierto y por lo tanto,  son cada vez menos los amantes del género, un círculo que podría llevar al género a perecer en archivos para musicólogos únicamente.

Al finalizar su recital, para el cual ningún calificativo de belleza sería suficiente, fui al camerino del Maestro —gracias al Señor Wenger, manager del pianista cubano Jorge Luis Prats—, y él me guió para poder entrar con mis credenciales de la Sala de Conciertos del Banco de la República. Al momento del encuentro con el Maestro Dietrich Fischer-Diskau, hoy, al recordar cómo fue ese momento y que él ya no está,  vuelvo a las lágrimas. Se agolparon tantos sentimientos… primero reaccionar ante mi incredulidad de estar viviendo ese momento,  mi gran  admiración, el respeto frente al artista, la felicidad por su gentileza al atenderme  y que pudiera decirle rápidamente  cómo el banco central de Colombia, el Banco de la República realizaba la Temporada Anual de Conciertos en la Biblioteca Luis Ángel Arango, para apoyar el desarrollo cultural del país, y por ese motivo, le extendía en su nombre la  invitación para venir a  Colombia.

El Maestro Fiescher–Diskau me respondió con afable sonrisa y  gran gentileza que le encantaría venir al tiempo que me explicó que ya no hacía giras a América, y  en cambio, me iba a presentar a su pianista, y resaltó: —Es un extraordinario pianista y con su esposa, Hartmut y Mitsuko conforman Dúo de Lied Alemán. Quiero que lo conozca y me alegraría mucho que puedan ir a Bogotá. Efectivamente, conocí enseguida a Hartmut Höll, y dos años después vinieron y son ya  varias veces en las que se  han presentado en la Sala Arango, de las cuales, francamente inolvidable para mí, la noche del Ciclo “El Viaje de Invierno” interpretado por Mitsuko en actitud casi religiosa, ella, entre la música de Schubert, la poesía de Wilhelm Müller y su actitud del más refinado estilo  zen como fue el carácter que a mi modo de sentir,  le imprimió a su recital. Personalmente, como melómana que adora el Lied, lo escogería como uno de los más exquisitos recitales que hayamos podido escuchar en nuestro país en todos los tiempos. El Maestro Fischer-Diskau no vino a Colombia.

Pero su deseo al presentarme al pianista Harmut Höll para que viniera –en su lugar—hizo posible los recitales de la “La pareja perfecta del Lied Alemán” como los bautizó Le Monde de la Musique, y asi como su deseo se  cumplió,  ésta fue una manera de poder estar cerca de él,  de estar cerca de la exquisita perfección de las interpretaciones únicas de “Dietrich Fischer-Diskau”, especialmente del Ciclo Viaje de Invierno, emblemática obra de su amplio repertorio ,  y que en la versatilidad de su voz y de arte,  le permitía  fluír con la misma grandeza en el Lied , como en  la Ópera. Paz en su alma, consuelo en el corazón de su esposa, Julia Varady, y en el corazón de su familia, amigos, colegas, y su gran público en todo el mundo.

Creado Por
Maria Stella Fernández Ardila
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