Viva La Voz

Jue, 25/10/2012 - 00:32
En Holanda, en 2010, John De Mol y Roel Van Velzen crearon el exitoso programa The Voice of Holland. Posteriormente De Mol se asoció con Mark Burnett y produjeron una versión más elabo

En Holanda, en 2010, John De Mol y Roel Van Velzen crearon el exitoso programa The Voice of Holland. Posteriormente De Mol se asoció con Mark Burnett y produjeron una versión más elaborada para la cadena NBC de los Estados Unidos, donde ya lleva tres temporadas de rotundo éxito al mando de los cuatro "entrenadores", que en la televisión norteamericana son, hasta ahora, el rapero Cee-Lo, el guitarrista y voz de Maroon 5 Adam Levine, Blake Shelton estrella de la música Country y la archi-famosa Cristina Aguilera. (Al parecer pronto Shakira reemplazará a uno de ellos). La Voz, con leves variaciones en el nombre, tiene exitosas versiones en Vietnam, Ucrania, Bélgica, Argentina, Reino Unido, Portugal, México y España.

En buena hora Caracol Televisión adquirió la franquicia de este reality show, que hasta ahora ha roto todos los récords de sintonía y se ha convertido en un rato de verdadero solaz para los colombianos. Da gusto comprobar el derroche de talento que nos rodea, sorprende la calidad de las voces y capacidades histriónicas de ciudadanos que unas veces son artistas profesionales y otras simplemente aficionados.

El esquema inicial del programa, donde los cuatro "entrenadores" escogen a los postulados, de espaldas, sin poder ver las figuras de los cantantes, introduce un elemento inédito en televisión donde precisamente la imagen pareciera ser el 90% de la gracia de cualquiera. Esa primera escogencia, a oídas, valiéndose los jueces de un solo sentido, en desprecio de la imagen, trae a la pantalla chica un aire de equidad que permite a viejos, gordos, flacos, feos, y toda suerte de personas, ser escogidos solo por la alta calidad de su interpretación vocal. Esto indudablemente arrastra la simpatía mayoritaria de los televidentes que se identifican instintivamente con un sistema igualitario y justo, por decir lo menos, en un formato televisivo que echa mano de la amabilidad y renuncia a la repelencia como recurso ante el rating.

Pero si bien el esquema de la franquicia es así, lo que ha hecho de La Voz Colombia un oasis en medio de tanta violencia, es lo acertado del elenco y la maravillosa calidad humana que despliegan cada noche la bellísima Fanny Lú, Ricardo Montaner, Andrés Cepeda y Carlos Vives. Es ejemplarizante y emocionante ver el respeto con que tratan a los participantes, o la manera humana, afectuosa y enaltecedora como se despide a quienes no son escogidos, o pierden en las emocionantes "batallas" de talento...

Hay que resaltar el tino que fue darle ese cierto toque internacional, incorporando en la nómina de "entrenadores" a Gilberto Santa Rosa, Amaury y especialmente a Ricardo Montaner, un hombre de alta talla musical que con una vida coronada de éxitos, se nos revela cada noche a los colombianos como un ser humano sensible, sencillo, gracioso y afectuoso a quien todos quisiéramos como  amigo.

De hecho, un atributo del programa es cuanto nos revela sobre las personalidades de los "entrenadores" y "asesores" permitiéndonos asomarnos al alma de quienes son ídolos populares, inalcanzables para la mayoría, como Cepeda, Fanny Lú, Gilberto Santa Rosa, Amaury  y los simpáticos muchachos Montaner Da gusto la frescura de Maía, la "niña bonita", siempre espontánea y acertiva, al lado del decano de la internacionalización de la música colombiana: un Carlos Vives lleno de carisma que despliega allí su faceta de músico culto y adoba cada comentario con información antropológica e histórica, sin aires presuntuosos, con la naturalidad del hombre que conoce la gloria, pero no abandona su actitud humilde y es elevado por reconocimiento público a la poderosa escala humana de ejemplo e ícono popular.

La Voz es un recreo para el alma en un país ametrallado a diario por malas noticias, donde convivimos con ejércitos de desadaptados que asesinan y secuestran al amparo de pretextos ideológicos.

En ciudades que crecen sin control e incuban fenómenos de violencia que toman por sorpresa a las autoridades, la televisión demuestra ser el único medio con suficiente alcance masivo como herramienta de transformación social eficaz, aunque raramente la programación obedezca a una intención deliberada para erigirse como referente constructivo.

La Voz Colombia no es la excepción, porque Caracol no trajo esta franquicia para ganarse un premio en humanidades, sino a la espera de hacerse a una alta porción de la sintonía, y lo logró. Sin embargo por virtud o por azar, este programa ha mostrado el verdadero poder de la televisión, y lo novedoso es que lo ha hecho de manera positiva, pues cada noche las familias esperan ansiosas que el reloj marque las 8:00 para ver este estupendo show donde cuatro ídolos de la música se bajan de sus pedestales para derrochar amabilidad, generosidad, elogios, ternura y buenos modales ante participantes que responden con alegría y gratitud al despliegue de humildad de los cuatro "entrenadores" al lado de sus no menos famosos cinco "asesores".

No se si fue casualidad que los escogidos por Caracol fueran personas tan especiales en su condición humana, o si es parte del guión y pautas del esquema original, sin embargo su trabajo traspasa el umbral de lo actoral y contagia de positivismo y esperanza, a una hora de la noche en la que todos traemos de la calle una carga pesada de dificultades y problemas ordinarios.

Personalmente he acogido el show como un vehículo de alegría que me transporta a lo mejor de la condición humana. Lo veo como una terapia restauradora. Al terminar La Voz, me quedo comentándolo en familia, otras veces repito apartes emotivos del programa, y eso sí, evito seguir con Escobar el patrón del mal, pues sería borrar con el codo lo hecho con la mano, así que apago el televisor y duermo soñando como sería de distinta Colombia si nos despojáramos del odio, la envidia, y nos volcáramos a cultivar y abonar nuestros dones y talentos.

¡Gracias a La Voz Colombia!

@sergioaraujoc
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