Bernardo Hoyos

Bernardo Hoyos

12 de octubre del 2012

Tomado de la revista Volar

En el municipio de Santa Rosa de Osos, en Antioquia, comenzó de niño su pasión por la radio. Allí, en su casa, le encantaba escuchar emisoras de variados tipos de música, noticias y programas de historia de la BBC de Londres hasta bien entrada la noche cuando su padre le pedía irse a dormir porque al otro día tenía que madrugar, mientras su madre, alcahueta, le susurraba: “Oiga su radio y oiga su música, que es lo que a usted le gusta y le interesa. Y yo le hacía caso”, cuenta hoy el hombre en que se convirtió aquel niño ávido de conocimientos.

La vida sería generosa con él, permitiéndole conocer mucho del mundo, llegando incluso a trabajar con esa inalcanzable BBC con la que soñaba en su cuarto. Y sigue siendo generosa hoy, cuando tiene en su haber cinco premios Simón Bolívar: tres por su activismo en la radio cultural, uno por televisión cultural y uno por Vida y Obra, que el país entero recibió con gran beneplácito, amén de otros premios de la Cámara de Comercio de Medellín, del Ministerio de Educación y condecoraciones de gobiernos y organizaciones de Bélgica, Austria, Francia (la orden de las artes y de las letras), Gran Bretaña y España.

A sus 76 años, Bernardo Hoyos es un ejemplo, tanto en el campo del periodismo cultural como por su rehabilitación tras sufrir un revés de salud visual y por su gran vitalidad y enorme pasión para hacer lo que siempre le gustó.
“La mía fue una vocación muy temprana que descubrí y tuve el privilegio de cultivar y de enrutar conforme las oportunidades se fueron presentando”, asegura.

Recuerdos de familia

Hoy evoca con gratitud su infancia feliz, que transcurrió rodeado de “gente muy culta, a la que podía escuchar y con la que podía conversar”. Su padre, don Luis, el notario del pueblo, era un admirador de todo lo inglés empezando por la salsa Perrins. “A mí me empezó a gustar Inglaterra por mis lecturas del rey Arturo y nunca olvido que mi papá decía convencido que todo lo inglés es lo mejor, menos el pan francés, que es de Francia y para convencerme, con mucho sentido del humor, repetía: los mejores paños son ingleses, las mejores herramientas también, los automóviles… Más adelante yo tendría la oportunidad de confirmar todo esto en Inglaterra donde supe que en efecto todo lo británico resulta muy bueno, pero no es lo único. Aunque todavía creo que la radio y la prensa de los ingleses son de las mejores del mundo, y también la televisión”, afirma.

Su madre, muy culta también, indignada alguna vez porque le dijo que El Quijote era un libro muy aburrido le ordenó leer al menos una página diaria. Así llegó a sus manos una linda edición ilustrada que le prestó Esther Tobón de Vásquez, y “me lo leí todo, solito”, recuerda. Pero no solo la lectura sino también el interés por la música sabría estimular doña Olivia llevándolo a los servicios cantados por el coro del Seminario de Santa Rosa que “eran una cosa bellísima”, recuerda. Y añade que además heredó de ella, excelente modista, el gusto por estar siempre de punta en blanco.

Muchos lindos recuerdos de su pueblo natal conserva Bernardo Hoyos en su memoria. Su “arquitectura sencilla, pero con mucho carácter”, por ejemplo, y la belleza del paisaje que aún hoy lo sigue entusiasmando. “La meseta continúa siendo hermosísima, con su vista por los cuatro costados, uno de los lugares más lindos que yo haya visto. Me acuerdo que uno se subía a la catedral y desde el techo, en un día despejado, podía verse el nevado del Ruiz”.

Bernardo Hoyos
Desde pequeño, en Santa Rosa de Osos, Bernardo Hoyos solía escuchar los programas de la BBC de Londres.

Su primera emisora

La Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín lo esperaba para estudiar Derecho, carrera que eligió por su inclinación hacia el humanismo, y además porque ir a la Universidad “le daba a uno seguridad, un cierto sentido de que se tenía ya una ruta trazada y un lugar en la vida. Hoy todavía creo que es muy importante, si se tiene la posibilidad, tener un título”.

La UPB disponía de una emisora de onda larga y él, sintiéndose con buena voz y con la capacidad de pronunciar bien los nombres de los músicos y artistas, le propuso al rector que lo vinculara. Así, a los 18 años fue nombrado locutor y, al año siguiente, director de la emisora. Eran solo unas cuantas horas al día de transmisión pero las suficientes para marcarle el inicio de su carrera en la radio cultural.

Lo de tener buena voz lo había deducido después de escuchar durante horas las transmisiones de radio, particularmente de la emisora cultural de la Universidad de Antioquia, que le parecía muy buena. “Yo me oía y también escuchaba a los demás locutores y me daba cuenta de que tenía una voz adecuada para la radio de ese tiempo. Nunca la forcé y tampoco hice cursos de locución, simplemente me esforzaba por pronunciar bien.

Mi voz ha cambiado un poco por los años, pero todavía es eficiente. Y la verdad es que yo no me imaginaba siendo un gran locutor de noticias o de radio convencional, pero sí de temas culturales”

Ya graduado de abogado ejerció como juez municipal en Santa Rosa de Osos y escribió una tesis sobre el tema jurídico en la Edad Media y la historia de España.

Sin embargo siguió vinculado a la radio pues Julio Nieto le dio la oportunidad de hacer un programa en Caracol los domingos de ocho a nueve de la noche. Pero fue su labor en la emisora de la universidad la que le abriría las puertas del mundo. “En el Centro Colombo Americano de Medellín me facilitaban muchos discos de la biblioteca, pues yo le daba mucha importancia al jazz y a la música norteamericana. Para mi sorpresa, me dijeron que el cónsul de Estados Unidos consideraba que la tarea de difusión cultural que yo había hecho era importante y que querían darme una beca para estudiar en Estados Unidos”. La beca era nada menos que de la Fundación Fulbright, que acababa de establecerse en el país. “Fui uno de los primeros en recibirla. Primero estudié inglés en Washington y después, Derecho comparado en Dallas. Ahorré plata y me marché para Europa, donde paseé como estudiante un tiempo largo.

Conocer otra cultura, bibliotecas, museos, en fin, hacer una vida independiente, cambió mi vida, así como ha cambiado la de mucha gente”.

Triunfar en Europa 

Después de viajar por el antiguo continente, se radicó en Londres durante nueve años donde fue editor de la revista International Management en español, de McGraw-Hill. Y allá también cumplió con uno de sus sueños: trabajar como colaborador en el Servicio Latinoamericano de la BBC de Londres. “Yo habría pagado por trabajar allí, por aprender. Y la vida me dio esta oportunidad en la que además de que me pagaban bien aprendí mucho haciendo una clase de radio que ya no se hace, con libretos y de forma muy precisa”, relata.

Además de este trabajo Inglaterra le regaló un amor a primera vista. Fue allí donde conoció a su esposa, Constanza Montes, con quien se casó hace ya 35 años. Viviendo en Londres, encantado con su trabajo y felizmente casado, nada hacia presagiar un cambio de planes. Pero un virus que contrajo durante un viaje y que le afectó ambos ojos y disminuyó seriamente su visión le hizo modificar sus proyectos. “Pensé que si este problema de salud iba a seguir avanzando, me sentiría más seguro, más tranquilo, más protegido si se quiere, viviendo en Colombia. De manera que lo hablé con mi señora y ella estuvo de acuerdo en volver a Colombia”. Hoy mira hacia atrás y está convencido de que haber regresado fue un acierto. “Con todo lo que quiero a Londres no me pesa para nada haberme devuelto.

Aquí he trabajado feliz más de treinta años, aquí tuve a mi hijo. Siento que regresé a tiempo, que mi país, como esperaba, me acogió muy bien. Yo sabía que aquí podría desarrollar las actividades que más me gustaban. Me parece que mi trabajo en la radio cultural constituye un privilegio, no todo el mundo tiene esta oportunidad, es algo muy especial y gratificante, que me hace sentir muy bien”.

El problema visual le impidió leer durante diez años y le trajo muchas afecciones y varias operaciones. “Hoy está estabilizado. Tengo una visión mínima, pues no veo por el ojo derecho y por el izquierdo apenas veo entre 20 y 25%, pero con eso me las arreglo. Lo importante consiste en que puedo leer usando una lupa, y resulta una maravilla”, y lo admirable es que a pesar de la enorme incomodidad, lee muchísimo. “Me he adaptado a mis limitaciones: puedo manejar el micrófono, sé hacer entrevistas y presentar un disco, a pesar de mis años he podido manejar bien el problema. Si puedo ser algún ejemplo para la gente, como parece que es, me alegra serlo, porque uno debe aprovechar sus limitaciones para el propio beneficio. De manera que ya ni pienso en eso, la gente que me conoce ya sabe cómo son las cosas, con mi equipo trabajamos en un medio de mucha comunicación y yo sé qué no puedo hacer: manejar un carro, caminar solo o correr”.

Álvaro Castaño, Pilar Castaño y Bernardo Hoyos
Con Pilar Castaño y Álvaro Castaño Castillo,  fundador de la HJCK.

De vuelta a la radio

Inmerso desde siempre en el mundo de la cultura, Bernardo Hoyos ha tenido sin embargo la oportunidad de desempeñarse en otros campos afines a las comunicaciones como el de las Relaciones Públicas. En Atlas Publicidad y en McCann Erickson fue descubriendo que tenía cierta facilidad para contactar la gente y para escribir de forma correcta. Pero la gran oportunidad llegó con Bavaria, donde el presidente de la compañía, Carlos Echavarría, a quien había conocido en Medellín, lo nombró director de RRPP. “Lo cierto es que la palabra siempre ha tenido un cierto tufo de frivolidad: cocteles y gente elegante y la verdad es que no hay tal. Las RRPP se han convertido en una cosa sumamente compleja, que incluye las relaciones con la comunidad, los gobiernos, los clientes y la naturaleza. A mí siempre me gustó el tema y pude hacer también un poco de ello siendo director de RRPP de Panamerican Life, una compañía de seguros en Nueva Orleans”.

Director cultural de RTI Televisión, asesor cultural de Caracol Radio, encargado de la información cultural de 6 a.m. a 9 a.m. al lado de Darío Arizmendi, Bernardo Hoyos fue también durante casi una década director del programa La Música hasta que lo nombraron director de la Emisora Cultural de la Universidad Jorge Tadeo Lozano (106.9 FM), en 1999. “Todo este recorrido me dejó unos conocimientos muy interesantes que aplico hoy en la emisora donde, la verdad, hago de todo y me gusta mucho: lidero programas, entrevisto, tengo un equipo magnífico de colaboradores, preparamos un boletín y consigo la publicidad para sostener la emisora, lo cual necesita un poco de RRPP. Me parece que todo se va juntando y volviéndose una sola cosa.

Definitivamente me gusta mucho la radio. Por algo llevo ya casi cincuenta años en ella.” En medio de todas esas actividades le queda tiempo para presentar, junto con Diana Rico, el programa Cine Arte, del canal de televisión de Caracol, y para ser colaborador esporádico de distintos medios nacionales como El Tiempo, y las revistas Diners y Credencial.

Aquí y allá

Los años y las complicaciones de los ojos no le han hecho fácil viajar, algo que para él era frecuente cuando era director de International Management, en Londres. “Ahora prefiero hacerlo menos porque los viajes para mí son agotadores.
Aunque estoy acompañado siempre por mi señora, el aeropuerto se me hace sumamente complicado, con sus esperas y sus procedimientos”.

En los últimos años ha viajado a Nueva York, a Miami, a Londres y a Praga, una ciudad que a su esposa le gusta mucho y que él disfruta aunque no puede hacer la vida activa que hacía antes, de museos, exposiciones, cine y tantas otras cosas. “Ya estoy más limitado, mis vacaciones ideales son, fácilmente, quedarme en mi casa, leyendo.” Así que ahora los destinos son cuidadosamente escogidos, como sucedió el año pasado cuando estuvo con su hijo y Constanza en Francia. ”Fuimos a París y a Illiers-Combray, el pueblo donde pasó Marcel Proust la infancia y que él evoca mucho. En toda mi vida de lector mi libro predilecto ha sido En busca del tiempo perdido, así que tuvimos un día memorable en pleno otoño, con los árboles deshojándose, paseando por el parque al cual iba Proust. Almorzamos, luego nos dirigimos a la catedral de Chartres, y asistimos a la misa en esa inmensa y bellísima iglesia, con la luz de otoño filtrándose por los vitrales a las seis de la tarde. A mí me gusta mucho el arte gótico de la Edad Media, entonces estar ahí con mi esposa y mi hijo fue magnífico”, recuerda.

Y es precisamente su hijo, su mayor orgullo, la persona que mejor lo conoce y su gran amigo, dice sin titubear. Con 29 años, estudios en el exterior y una carrera muy sólida en el campo académico, a Juan Sebastián, al igual que a su padre, le gusta mucho la educación y es actualmente el secretario general del Gimnasio Moderno.

Bernardo Hoyos
En su oficina, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, trabajaba rodeado de una numerosa colección de música.

Vivir sin prisas 

Su día comienza a las nueve de la mañana. “No me gusta madrugar porque me quedo leyendo hasta tarde. No tengo ni obligación ni necesidad de levantarme temprano, más bien, ese esfuerzo lo aplico a la labor del día. Llego a la emisora por la mañana, porque siempre hay muchas cosas que hacer, reviso la correspondencia y atiendo los temas urgentes. Luego almuerzo y salgo a caminar con Martha, mi secretaria, durante media hora por la universidad y los alrededores. Después regreso y es hora de hacer entrevistas, preparar el boletín, revisar discos, hablar con los colaboradores, hacer dos o tres llamadas, algunas al exterior. De pronto voy a una tienda de discos a buscar algo específico. Mi vida no es nada monótona, sino más bien una rutina amable pero siempre creativa y llena de sorpresas, porque siempre me llegan personas muy interesantes para entrevistar: un gran tenor, un importante músico norteamericano, o un escritor, en fin”.

De noche sale muy poco, así que de vuelta en casa se dispone a leer. “Leo mucho, con mi lupa, como lo he hecho desde hace 22 años, hasta bien entrada la noche”, y claro, oye radio. En este momento, como es usual, sobre su mesa de noche reposan varios libros que está leyendo a la vez. “La obra completa de los ensayos de Montaigne, el gran escritor francés del siglo 16 en una edición muy bella que sacó Acantilado. Es un libro muy grande, casi de 900 páginas, en letra más bien pequeña, tengo que usar mi lupa con mucho cuidado. También estoy leyendo una autobiografía de un gran colaborador de la revista New Yorker, que se llama Brendan Gill. El otro es un libro de Martin de Riquer sobre la historia del Santo Grial y también hay un libro de un crítico norteamericano de arte de apellido Shapiro. Novelas leo muy poco, porque infortunadamente no me alcanza el tiempo, pero leí el libro de María Isabel Rueda, el de las grandes entrevistas, que me gustó muchísimo. Me pareció una gran historia de la vida de Colombia de los últimos cincuenta años”.

Toda esa cultura que posee, que le han dejado sus viajes y sus lecturas, la pone al servicio de los oyentes. “Lo importante es que lo que escuchen les resulte interesante, que les sea revelada información valiosa, que descubran un compositor, un artista, un escritor… Sabemos que no tenemos una audiencia numerosa, pero sí tenemos un público que cree en nosotros y está pendiente de nuestros aportes y nuestra labor. Somos una buena compañía para quienes nos escuchan, una emisora que estimula sus intereses culturales y musicales, de todo tipo”.

Después de una vida larga y provechosa, su único deseo es quedarse en Bogotá, donde se siente a gusto, y seguir así. “Es cierto que la vida nos trae cambios y hay que estar preparado para eso, pero llevo tanto tiempo haciendo una cosa que me encanta hacer, que no tengo por qué esperar más. Lo único que anhelo es continuar así, trabajando en lo que quiero, con las personas que estimo, con la mejor salud posible y haciendo lo que me gusta, tratando de hacerlo cada día mejor. La verdad es que no he pensado nunca en retirarme y nadie me ha sugerido tampoco que lo haga. Estoy en un trabajo que me genera una inmensa pasión y cariño y que sé que también les sirve a los demás”, concluye Bernardo Hoyos, un hombre que ha dedicado su vida a difundir el arte y la cultura desde un micrófono, y del que hay mucho que aprender.

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