Augusto Solano

Presidente Ejecutivo de Asocolflores desde el año 2000. Ingeniero Industrial de la Universidad de los Andes y MBA del Wharton School, de la Universidad de Pennsylvania, asesor económico y financiero del Ministro de Desarrollo. Formó parte de las Juntas Directivas del Instituto Colombiano Agropecuario – ICA en representación del presidente de la República, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), del Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible (Cecodes, Presidente Junta Directiva), de Porvenir S.A. y de la Universidad ICESI.  También lo es de varias organizaciones de la floricultura internacional en los Estados Unidos y Europa.

Augusto Solano

El agente del cambio fundamental

Las discusiones sobre cómo las empresas deben asegurar el uso eficiente de los recursos naturales, de manera respetuosa y compatible con el medio ambiente, como el principal vehículo para alcanzar la sostenibilidad son necesarias, pero nunca suficientes. 

Tenemos que entender que, en ellas, se debe introducir con mayor fuerza la dimensión social. Al fin de cuentas, son las personas y las comunidades quienes más beneficiadas, o afectadas, resultan del actuar de las organizaciones privadas.

Cada vez se habla más de la transición sostenible alrededor del mundo, haciendo referencia generalmente a una transición energética y del buen aprovechamiento de los recursos naturales, desde el actuar económico. 

Sin embargo, aunque es muy importante, no solo lo que algunos llaman “verde” debe guiar las políticas, inversiones y acciones del sector privado.

Las empresas no se pueden alejar del enfoque multi actor de la Agenda 2030 y de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

Los ODS son producto de un proceso abierto e inclusivo que contó no solo con la participación de los estados miembros de la ONU, sino también con el aporte de múltiples representantes de los sectores civil, empresarial, científico, educativo y de las comunicaciones, entre otros muchos.

Hablando específicamente del empresariado, este ha adquirido un rol más que protagónico por su papel fundamental en la trilogía economía, sociedad y medio ambiente. 

En esta carrera por la sostenibilidad, empresarios de todo el mundo desarrollan innumerables acciones frente a la transición sostenible. Sin embargo, generalmente se ciñen a lo económico y medioambiental, y el fondo del asunto se encuentra mucho más allá.

Los resultados alcanzados son alentadores, pero en ningún caso definitivos, y en muchas de sus variables preocupantes. Lo único cierto es que nos han demostrado que solo si nos unimos las personas, podremos lograrlo. Y es ahí donde se identifica con claridad el agente de cambio fundamental: el ser humano.

No podemos realizar una transición, desde todas sus aristas, a cualquier costo. En las hojas de ruta y en los planes que se tracen siempre debe haber un ángulo social, entendiendo a qué paso podemos transitar, cómo los cambios van a afectar a nuestros ciudadanos, y qué capacidad se tiene para sostener su bienestar.

Hay que reconocer que el fin último de la sostenibilidad es la prosperidad, el desarrollo y el bienestar de las personas. Las empresas son personas trabajando para personas, eso debe ser una máxima en todas las organizaciones.

El cumplimiento de la Agenda 2030 debe verse como un bien al servicio del ser humano y de su desarrollo, el cual conlleva la modificación y transformación de las relaciones sociales.

Por todo lo anterior, las empresas, sin importar su tamaño, deben trabajar con las comunidades que las rodean, o con aquellas que tienen alguna relación.

Esto implica priorizar las necesidades de las personas, determinar las principales inequidades que padecen, y encontrar los riesgos que afrontan frente a su relación con la naturaleza. Así verán con mucha más claridad cuál puede ser su aporte en el tema sostenible.

Son las personas las que pueden realizar, como conjunto, los cambios comportamentales que nos urge obtener, y que en muchos casos se promueven desde las organizaciones privadas.

Los logros que buscamos se alcanzarán con mayor facilidad si las empresas son capaces de adaptarse a la gran variedad de culturas, situaciones y creencias que tienen las personas. Eso se logra hablando, escuchando e interactuando con las comunidades.

Para finalizar, y aunque suene redundante, no olvidemos que el agente de cambio en la sostenibilidad es el ser humano.

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