Cuando las emociones nos enferman

12 Enero 2022, 09:14 AM
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Creado Por
Armando Martí
En realidad, no se trata de combatir la enfermedad sino de interpretar el mensaje que nos envía a través del cuerpo para reorganizar nuestra vida y recuperar la salud perdida.
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Cortesía Vitaliy Rigalovsky

Una de las revoluciones más grandes en la medicina moderna, ha sido la de encontrar la relación cuerpo, mente y emociones en la génesis de las patologías actuales. 

Desde los comienzos de la medicina occidental, algunas de las tendencias se basaban en remedios y fórmulas para aliviar tan sólo los síntomas, sin hacer énfasis en el origen real de la enfermedad. 

Los estudios de la neurología revelaron que el cerebro posee una gran energía, la cual se emplea para direccionar nuestra supervivencia, adaptándolo a los impulsos de la emoción y la forma en que reaccionamos ante los estímulos llamados “agentes estresores”. 

Recuerdo en este momento, que, en el año de 1993, uno de los miembros de nuestro grupo de investigaciones sobre la influencia de la mente en el cuerpo, aportó un valioso libro titulado “La enfermedad como camino: un método para el descubrimiento profundo de las enfermedades”, de los doctores Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahike (Editorial DEBOLSILLO). 

El Doctor Rüdiger Dahike nació en 1951, en Berlín (Alemania) y junto con su compatriota Thorwald Dethlefsen (psicólogo transpersonal), escribieron en 1983 esta innovadora obra, que tan sólo 10 años después, fue publicada en Colombia. En síntesis, este trabajo nos orienta a encontrar la relación mente – cuerpo. 

Por ejemplo, la emoción del miedo impide liberarse y fluir con las circunstancias de la vida y la culpa termina arruinando nuestros días. El miedo lleva implícita la solución. Por eso, resulta crucial confrontarlo al momento de realizar la curación de nuestras enfermedades.

En realidad, no se trata de combatir la enfermedad sino de interpretar el mensaje que nos envía a través del cuerpo para reorganizar nuestra vida y recuperar la salud perdida. En la medida de saber quiénes somos, podremos clarificar lo que en verdad queremos y así, realizar la misión que vinimos a cumplir a la Tierra. 

Otras formas de entender la enfermedad

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El Dr. Reynaldo Escalante y Armando Martí durante la entrevista realizada en su consultorio en 1993.

Estos pioneros de la investigación de las enfermedades psicosomáticas, aportaron valiosas teorías e hipótesis a los médicos y terapeutas bioenergéticos.

Uno de los más relevantes padres de la medicina bioenergética, fue el médico cirujano de la Universidad Nacional, Doctor Reynaldo Escalante, con quien tuve la fortuna de seguir de cerca y aprender muchas de sus técnicas, las cuales completé con el manejo de la intuición, la radiestesia y algunas terapias alternativas. 

En el consultorio del Dr. Escalante, ubicado en ese entonces en el barrio Chapinero de Bogotá, atendía un promedio de 100 personas diarias. Además, durante algunos descansos para comer y relajarnos, pasábamos inolvidables momentos conversando sobre temas filosóficos y existenciales, así como también del origen científico de las enfermedades, especialmente la del cáncer. 

Según él, está patología aparece cuando un conflicto interior impulsado por el resentimiento no fue resuelto conscientemente, haciendo que el organismo produzca un tumor para resolver este corto circuito energético. 

Es importante entender, que, si la persona no tiene la capacidad de identificar y manejar adecuadamente sus emociones, el cuerpo a través del subconsciente lo hará en forma de enfermedad. 

Abriendo las ventanas de la enfermedad del cáncer

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Cortesía National Cancer Institute

Los médicos definen el cáncer como un grupo de muchas enfermedades relacionadas y todas ellas tienen que ver con las células. El cáncer aparece cuando las células anormales crecen y se extienden rápidamente. Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y tienen mecanismos para dejar de crecer y con el tiempo también mueren. 

A diferencia de estas células normales, las células cancerígenas continúan creciendo y dividiéndose descontroladamente y no se mueren. Todo exceso desequilibra al cuerpo y la mente. 

Cuando no existe un equilibrio entre el trabajo y la recreación, entre el amor y la espiritualidad, el cuerpo protesta con manifestaciones psicosomáticas que van desde la crisis de pánico, fobias y ansiedad, hasta el extremo de afectar el sistema inmunológico, lo que podría conllevar a la aparición del cáncer. 

Un médico del alma

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Cortesía Ilona Panych

En aquella época de investigación interdisciplinaria, entrevisté al Dr. Reynaldo Escalante, quien ampliamente me expuso sus conceptos sobre la enfermedad del cáncer, los cuales presento a continuación: 

Armando Martí: Dr. Escalante ¿de qué manera una persona puede llegar a generar una enfermedad en su cuerpo como lo es el cáncer?

Dr. Reynaldo Escalante: Cada ser humano se enferma en la medida en que no se conoce a sí mismo, se rechaza y tiene baja autoestima. En el fondo, el cáncer son células que se rebelan ante la incapacidad de responsabilizarnos de nuestro cuerpo. 

Realmente, las enfermedades nacen por trasgredir las leyes naturales que fueron creadas para estar y sentirse bien. Los malos hábitos y los defectos del carácter junto con la personalidad pueden agobiar al alma, convirtiéndose en una carga innecesaria conocida con “patología”.

A.M: Entonces ¿las emociones no expresadas y el no conocernos a nosotros mismos es el comienzo de las enfermedades?

R.E: La patología se forma cuando la conciencia se bloquea o se anestesia, volviéndonos incapaces para lograr momentos de felicidad. Es así como el cuerpo, elemento sabio y creador, se llena de enfermedades y dolencias, las cuales obligatoriamente hacen ver al ser humano lo quiera o no, tal y como es,  advirtiendo de que somos unos completos desconocidos para nosotros mismos. 

Lo mejor es procurar que el dolor y la enfermedad no nos sobrepasen ni dominen. De esta manera, es posible darle la oportunidad a las peores crisis para convertirnos en mejores personas y a la enfermedad, el instrumento a través del cual, podemos fortalecernos y crecer interiormente. Eso no quiere decir que el hombre tiene que volverse masoquista, pero sí realista, maduro y existencial. Nadie está exento de este estado.

Cada uno de nosotros es su propio maestro formado mediante las experiencias que hemos vivido. Esa postura de vivir de instante en instante, contribuye más que los libros de autoayuda y los cursos de fin de semana, ya que estamos diseñados para ser alumnos y la vida es nuestro sabio maestro.

A.M: Sí, al parecer debemos convertirnos en los jardineros de nuestras propias enfermedades. ¿Cómo aprovechar al máximo esos momentos de felicidad y plenitud que experimentamos en la vida?

R.E: Es importante aprender a gozar cada acto de la vida, sin escudarse en teorías y prejuicios que impidan poder vivir al cien por ciento y en plenitud los instantes de felicidad, amor y bienestar presentes en cada día. 

A.M: ¿Cuál es la mejor manera de describir la naturaleza del ser humano desde su instinto más básico hasta su conexión más espiritual con el universo? 

R.E: La palabra que mejor encajaría es ambivalencia: tener valencia de dos verdades. En el ser humano no hay una verdad absoluta. El hombre como criatura es instintivo y animal y como esencia espiritual, está dotado de una inteligencia a fin de reconocer y aceptar los errores, con el propósito de tomar acción y cambiar sus disfunciones. 

Ahí está la ambivalencia. La única forma de que cada persona se sienta bien consigo mismo, es viviendo y respetando los deseos de cada uno. Nadie puede decidir en la vida de los demás, esa es la regla fundamental para evolucionar. La aceptación de lo que no se puede cambiar y el valor de cambiar lo que sí se puede, marcan la diferencia entre el necio y el sabio. 

A.M: ¿En realidad el ser humano tiene el poder de sanar o enfermar según la manera en que oriente sus pensamientos y afirmaciones? Es decir, ¿somos lo que pensamos?

R.E: Somos la única especie que tiene la capacidad de comunicarse por medio de un lenguaje verbal. Por eso, a cada creación le otorgamos un nombre. El poder de la palabra es tan contundente que basta una vocal para dañar un concepto, empezar guerras y acabar con vidas inocentes. Uno no es bueno o es malo, uno es bueno y malo. 

En cada persona subsisten las dos esencias: la trascendencia y la decadencia. Somos imperfectos y redimidos, porque somos animales con necesidades, pero al mismo tiempo, unidades espirituales.

A.M: ¿Cómo lograr cambiar o modificar estos comportamientos duales y destructivos que nos alejan de la congruencia las cuales nos enferman y debilitan?

R.E: Todo puede cambiar o ser modificado, en la medida que usted lo desee. “Cambiar”, esa palabra me resulta algo irritable y fuera del contexto terapéutico, emocional y personal. El cambio significa sacrificarse por otro para ser mejor. ¿Por qué cambio, si yo soy así?

Una cosa es cambiar y otra muy distinta es modificar el comportamiento o algunos defectos de carácter. Mi consejo Armando, es que siga siendo el mismo. La esencia del ser humano no es cambiar sino mejorar. ¿Cuál es el propósito de cambiar nuestra esencia si en el fondo el ser humano es una especie buena y compasiva? 

El principio fundamental del camino espiritual es “no hacerse daño y no hacerle daño a nadie”. Lo que debemos aprender es a desprogramar malos “programas“ y reaprender a ser libre, aceptándose repito tal y como es para poder aceptar al otro de igual manera.

Por eso, un Poder Superior a nuestro ego, es el apoyo que necesitamos para lograr el milagro consciente de curar nuestras enfermedades incluyendo la del cáncer.

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