Morir de amor: las relaciones tóxicas entre adictos y codependientes

24 Agosto 2022, 09:00 AM
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Creado Por
Armando Martí
Una relación afectiva difícilmente podrá ser estable entre adictos y codependientes sin rehabilitación.
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Cortesía Kelly Sikkema

Podemos afirmar que una relación afectiva es malsana y tóxica cuando sentimos que nos está generando dolor emocional, miedo, ansiedad, incertidumbre y apego excesivo. Estos vínculos emocionales negativos, son difíciles de identificar pues están basados en el “amor“ romántico y a su vez inmaduro de alguna o ambas partes de la pareja. 

Un sentimiento característico de este tipo de relación, es el pensamiento obsesivo y el sufrimiento emocional. La autoestima es la principal víctima de las relaciones entre adictos y codependientes, ya que el miedo a estar solos o sentirse abandonados les impide darse cuenta de lo cerca que están de convertirse en esclavos emocionales y lo que es peor, en víctimas y verdugos el uno del otro.

Adictos y codependientes sufren de una enfermedad instalada en su ADN, que afecta el cuerpo, la mente y el alma. Lo único estable en el amor entre adictos y codependientes, es un malestar constante. 

Ellos creen que, al enamorarse, se abren las puertas del cielo. Cuando en realidad, desde su distorsionada percepción, sólo saben abrir las de su propio infierno, pues su valor personal fue agredido por su núcleo familiar y el social. 

Usualmente, ambos provienen de familias disfuncionales, que no eran congruentes entre lo que pensaban, decían y hacían, y esto, confundió sus mentes que aprendieron a negar o minimizar las situaciones que afectaban sus vidas, lo que causo profundas heridas en su niño(a) interior.

Esa es una de las razones por las que eligen salidas exteriores de sobrevivencia a través del consumo del alcohol, las drogas y las adicciones, al igual que parejas con desórdenes afectivos complementarios a los suyo para culparlas de su dolor emocional y así evadir su propia realidad.
 

El espejismo del amor

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Cortesía Jakob Owens

En pareja creen estar enamorados, pero adictos y codependientes, no saben amar y en poco tiempo la anestesia lograda con el  “amor “‘,  la pasión, el placer sexual o el trabajo excesivo, irán desapareciendo para darle paso a la frustración, la decepción y la ira, el resentimiento y la victimización, descubriendo que cada vez más están solos. Una relación afectiva difícilmente podrá ser estable entre adictos y codependientes sin rehabilitación. 

El adicto siempre lastimará a quien más lo ama y el codependiente asumirá el papel de “salvador”, “perseguidor” o “víctima”, para dominar a su pareja a cualquier costo. Como el adicto no conoce sus sentimientos íntimos y mucho menos la humildad, jamás se dejará doblegar por el codependiente, quien a su vez posee un ego controlador disfrazado de compasión y ayuda. 

Es así como la relación se va convirtiendo en algo insoportable, pues está cargada de sentimientos y reacciones autodestructivas. 

Estas parejas tienen una gran tendencia a competir, debido a que están inhabilitadas para compartir sanamente su vínculo, pues la enfermedad físico/emocional los somete inexorablemente a la autodestrucción.

El codependiente se acostumbró a quejarse de su “querido adicto”, con interminables y dolorosos reclamos. Como sus vidas carecen de autenticidad por haber sobrevivido a un entorno familiar y social tan amenazantes, adictos y codependientes se convierten en verdaderos maestros en el uso de disfraces y máscaras de la manipulación. 

En las parejas adicto - codependientes no existe la lealtad, pues la sombra de la desconfianza y los celos siempre están presentes. La alegría tampoco existe, mucho menos, la diversión y la recreación, que son opacados por la odiosa tendencia de interminables señalamientos y críticas del uno hacia el otro. Por lo tanto, el deseo, la pasión, la imaginación, el erotismo y la atracción mutua se va agotando. 

En los adictos y codependientes, la influencia de los padres disfuncionales está marcada como un tatuaje en la piel del alma. Por eso, ven en sus parejas la sombra del amor obsesivo o la imposibilidad de expresar sus sentimientos, es decir, la pareja será su propio espejo, donde lo que más detestan de sí mismos es en realidad lo que ocultan. También, inconscientemente escogen sus parejas para revivir heridas y traumas emocionales que no fueron superados en la infancia. 

El origen del falso yo

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Cortesía Bruno Van Der Kraan

Los adictos y codependientes forman vínculos alexitímicos, ya que, no pueden reconocer casi nunca sus propios sentimientos. 

De ahí que, les atrae todo lo que les cambie el estado de ánimo, como aventuras, fantasías, fanatismos religiosos, despilfarros, exageradas expectativas, irresponsabilidades, desbordes, robos y engaños, tratando inútilmente de interpretar a través de su astuta inteligencia, la vida como ellos la quieren ver y no como realmente es, ya que su dislexia emocional les impide la sobriedad.

El adicto al alcohol o a las drogas, experimenta una sensación de ser todopoderoso y buscará una pareja a quien dominar, convirtiéndola en su padre o en su madre, a quienes en el fondo detestan y los culpan de sus problemas y desgracias. La pareja codependiente buscará controlar por todos los medios el comportamiento de su compañero(a). 

Su personalidad está dividida representando el papel del salvador, la víctima y el perseguidor. 

En otras palabras, por encima de Dios el codependiente se siente con la autoridad de cambiar la vida de la otra persona y si no obedece a sus requerimientos, lo critica, lo acusa, lo señala y lo humilla (El Perseguidor). O, se queja ante todo el mundo, de la crueldad y sufrimiento en su relación de pareja, proclamando su desgracia y convirtiendo a su pareja “en el malo de la película” (La Víctima). Finalmente, termina por perdonar de cualquier agresión física o emocional que haya sucedido hacia él/ella, justificando actos denigrante protagonizadas por su pareja, dándole segundas, terceras e infinitas oportunidades (El Salvador).

El camino de la rehabilitación entre adictos y codependientes

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Cortesía Etienne Boulang

El amor todo lo cura, por lo que la rehabilitación a esta enfermedad, tiene como base el despertar espiritual proveniente de un Poder Superior al ego enfermo de adictos y codependientes.

La adicción y la codependencia, se pueden controlar y rehabilitar, pero la decisión tiene que venir de cada uno de los afectados, sin presiones amenazas o requerimientos inmediatos de su entorno familiar. Confrontar estos signos y síntomas, los ayuda a cambiar la actitud, pues el reconocer esta ingobernabilidad de sus vidas, es el primer paso hacia la rehabilitación. 

La ayuda psicoterapéutica realizada por expertos en adicciones y relaciones codependientes, es vital para su recuperación, así como también, la asistencia a grupos de apoyo de 12 pasos. Este es el comienzo de un proceso disciplinado, comprometido y prioritario para empezar a sanar. 

Esta decisión y la forma de escoger este tratamiento, es una cuestión de cada familia en particular debe decidir basándose en la idoneidad y experiencia de los profesionales y expertos en la consejería y manejo de las adiciones. 

En el caso del codependiente este no debe tener exageradas expectativas o esperar que el alcohólico o adicto busque ayuda, puesto que, durante la convivencia con adictos, su sistema nervioso se afectó, debilitándose y colapsando. Por lo que debe mirar hacia sí mismo y reconocerse igual o más enfermo que el propio Alcohólico. Para apoyar este proceso transformativo, existen grupos de apoyo cono los de Al-Anon, Coda y A.A. 

El alcoholismo y la adicción, no se pueden controlar solamente con la fuerza de voluntad, se necesita de una despertar espiritual que conecte la parte más bondadosa y positiva que habita en el alma de todos los seres humanos para lograr la sanación personal y en pareja.

Desafortunadamente, muchas veces el sentimiento de culpa, ira y resentimiento es superior a cualquier buena intención y en muchas ocasiones, solamente las crisis profundas o fondos emocionales adversos, son las guías para la recuperación. Por eso, cuando sucedan estas crisis, repito, deben ser tratadas por profesionales o miembros de la comunidad terapéutica. 

La paciencia, la esperanza y la sobriedad, son gracias que provienen del Espíritu como resultado de un trabajo transformativo interior orientado hacia una real libertad espiritual libre de las cadenas de la Adicción tóxica. 

La rehabilitación de esta terrible enfermedad es lenta y fatigante, pero la recuperación de la tranquilidad mental y emocional no tienen precio. Se necesita mucha valentía puesto que todas las emociones que están guardadas en el inconsciente de cada uno de los miembros de la pareja, emergen de forma urgente para ser revisadas, expresadas, comprendidas y sobre todo sanadas.

Nada de esto es fácil, es casi como reiniciar del cerebro todo el programa aprendido hasta hoy, que distorsionaba gran parte de la realidad de la vida de cada uno, pero sin duda la recompensa de vivir plenamente con la certeza de ser y no parecer produce un gran felicidad al saberse aceptado y amado por un Poder Superior a nosotros mismos. 

Finalmente, los gobiernos y las entidades no gubernamentales, deben intensificar y desarrollar campañas preventivas para orientar y reeducar a la población, sobre la importancia de construir nuevas bases y paradigmas funcionales para lograr mejorar la comunicación abierta y sincera, entre todos sus miembros. 

Es primordial informar sobre las bases de la enfermedad de la adicción y la codependencia, para implantar soluciones y acciones preventivas, en beneficio de nuestro país Colombia y de todos los países del mundo. Personalmente creo en el amor como fuerza universal de unión y cooperación mutua. 

De modo que el amor sano cura al amor insano y debe dar segundas y terceras oportunidades, pues el ser humano es obra de una inteligencia superior que hace posible lo imposible. De eso no me queda ninguna duda.

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