Nuestras necesidades interiores

Publicado por: richard.ladino el Mar, 30/06/2020 - 10:00
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Armando Martí
¿Alguna vez ha sido ignorado por alguien a quien admiraba, apreciaba o amaba?
Cortesía Devn
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Devn

Las necesidades humanas son aquellas sensaciones de carencia tanto externas como internas, las cuales están unidas al impulso y al deseo de satisfacerlas para equilibrarlas. Es por esta razón, que existen las necesidades fisiológicas (alimentarse, dormir y mantener un estado de salud óptimo), las necesidades emocionales (amar, ser amado, sentirse aceptado y pertenecer a una comunidad) y las necesidades trascendentales (tener un espacio espiritual para evolucionar).

Recordemos que somos seres con múltiples necesidades, en donde todas se relacionan entre sí y, es desde la conciencia individual y colectiva que se pueden solucionar. Para el pensador, economista, ambientalista y político chileno Marfred Max-Neef (1932 – 2019) las necesidades básicas se pueden clasificar de la siguiente manera:

1.Subsistencia.

2. Protección.

3. Afecto.

4. Entendimiento.

5. Participación.

6. Ocio.

7. Creación.

8. Identidad.

9. Libertad.

A diferencia del psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908 – 1970), quien creó la famosa pirámide de Maslow con el propósito de jerarquizar las necesidades humanas desde la psicología humanística como:

1. Necesidades de seguridad y protección.

2. Necesidades sociales y de afiliación.

3. Necesidades de estima, reconocimiento y autorrealización.

Sin embargo, Max-Neef, decía que no existían jerarquías en las necesidades pues las mismas son simultáneas y complementarias, impulsadas desde el interior del individuo. Por eso, su esencia no debería ser la comercialización y el consumo.

La vital necesidad de sanar al niño herido

Cortesía Nojan Namdar
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Nojan Namdar

Durante el proceso de consolidación hacia la adultez, aprendemos a desarrollar máscaras sociales y emocionales con el fin de esconder profundos vacíos en el inconsciente como parte de una infancia disfuncional, la cual está enmarcada en la incapacidad de los padres o figuras de autoridad por suplir adecuadamente algunas de nuestras necesidades básicas y emocionales como, por ejemplo:  

1. Estar seguro y acogido por el núcleo familiar.
2. Ser reconocido y tratado como un niño y no como un adulto. 
3. Sentirse amado por quien realmente es. 
4. Recibir un adecuado aprendizaje que le permita desenvolverse en el mundo. 

La vida es un proceso natural de crecimiento, por lo que no es aconsejable saltarse o acelerar ninguna de sus etapas normales. Es importante tener en cuenta, que cada niño es un ser único que requiere y depende de la calidad de formación y amor provenientes de sus progenitores o de aquellos de quienes se hicieron cargo de la crianza. 

De lo contrario, su energía vital que se alimenta y nutre del amor y el afecto, se vería truncada por el autosabotaje del adulto incompleto que al no tener una sana percepción de sí mismo, no podría en algunos casos, generar vínculos afectivos sanos con casi nadie. Por eso, aparecen conductas dramáticas cuyo fin es buscar la atención del entorno para ser reconocido por sus cualidades y afianzar la personalidad. Esta comprensión esencial, acarrea de forma silenciosa unas heridas profundas que marcan el camino del individuo.

Ahora bien, si la carencia de las necesidades no se suplieron desde la figura materna, a la persona le costará mucho amar, aceptarse a sí misma y a los demás, convirtiendo las relaciones en un conflicto al no saber gestionar sus emociones en la intimidad. Por el contrario, si la falencia proviene del padre, en la adultez a las personas se les dificulta alcanzar el éxito profesional, ya que, en el fondo no tienen confianza en sí mismos. 

Sobreviviendo al dolor emocional
 

Cortesía Yang Miao
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Yang Miao

La experiencia de no encontrar resonancia y empatía con alguno de los padres, así como también separarse del “ser” para sumergirse en el “no ser” buscando ser aceptados y amados, hace que estas personas adopten personajes socialmente convenientes con el propósito de sobrevivir a una realidad dolorosa. En ocasiones, esta indiferencia del núcleo familiar provoca relaciones frías e impersonales que hieren y debilitan la noción del Yo, es decir, una sensación de vació existencial al sentirse atrapados, aislados, abandonados, indefensos y sin esperanza. Por esta razón, es común experimentar un vacío acompañado de vergüenza, culpa, pérdida, baja autoestima y falta de autenticidad. 

¿Alguna vez ha sido ignorado por alguien a quien admiraba, apreciaba o amaba? ¿Ha transgredido sus límites personales por complacer a los demás? ¿Por miedo al rechazo se convierte en un esclavo emocional de su pareja? Con el fin de evadir estos y otros interrogantes (los cuales al ser confrontados podrían sanarnos), preferimos el errado camino de la negación de estas situaciones, activando diferentes mecanismos de defensa para convertirse en personas a las que “nada les afecta”. Pero, en realidad, detrás de esa coraza aparentemente insensible e indiferente, se esconde un niño lastimado, rabioso, deprimido e incapaz de expresar sus sentimientos y necesidades interiores al no haber aprendido a sentirse valorado, reconocido y respetado como ser humano. 

Los hechos que crean estas dolorosas experiencias pueden ser directos/abiertos o indirectos/encubiertos. Aquellas de tipo abierto incluyen violencia, traumas causados por abusos sexuales al igual que bullying social y abandono físico. Mientras que los de tipo encubierto son las batallas emocionales, los abusos psicológico, los problemas de identidad, las compulsiones y las adicciones que permanecen latentes, pero sin ser reconocidas. 

Por este motivo, las víctimas de estas disfunciones emocionales generan mecanismos de evasión frente a su desesperante dolor, el cual disimulan a través de la racionalización, la propensión al consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas, adicciones al trabajo, a la comida, al sexo y a las dependencias afectivas, entre otras. 

Sin embargo, para sobrellevar estos desequilibrios, la persona inventa, construye y usa una infinidad de disfraces con el fin de sobrevivir a su propia cárcel emocional, aislándose de su mundo interior lo que aumenta el vacío y la angustia existencial. Estos “roles” y comportamientos que adquiere el individuo para resistir la carga pesada del dolor y la insatisfacción personal, no sólo lo afectan a él mismo sino también a todos los que lo rodean. 

Síndrome del “poderoso” dominante

Armando Martí
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Armando Martí

Generalmente la persona que adopta esta posición basa su éxito en un complejo de inferioridad, pues este constante malestar interior lo obliga a tener control y sentir poder sobre las circunstancias laborales, económicas y afectivas, es decir, ejerce una autoridad rígida, un dominio aplastante y una tendencia a utilizar a los demás para sus propios fines desde la imposición de unas reglas estrictas. 

Con el fin de mantener esta influencia y sometimiento, finge tener un equilibrio interior disfrazado de buenos modales como una manera de oponerse directamente a los cambios, por lo cual le conviene sostener una rutina muy intransigente. Asimismo, acompaña esta actitud imponiendo su opinión porque cree tener casi siempre la razón. Por eso, no tolera ninguna contradicción a sus afirmaciones y decisiones. De lo contrario, atemoriza, humilla, desacredita y hiere con sus palabras a los demás. 

Síndrome del “subordinado”
 

Armando Martí
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Armando Martí

Paradójicamente, existen personas que, a pesar de quejarse de ser  “víctimas”, son quienes en el fondo desean nutrir la postura del poderoso dominante. Por eso, su personalidad se subordina a las órdenes de quien manda, acumulando sentimiento de ira, impotencia y temor, pues no encuentran una salida cuando saben que están siendo manipulados, aprisionados y maltratados, pero siempre es más importante mantener el vínculo, que romperlo.

Es común que, dentro de sus estrategias de adaptación, menosprecien sus habilidades y reproduzcan pensamientos automáticos tales como: “no podría vivir sin alguien que se responsabilice de mí”, “necesito a alguien que me cuide y ayude todo el tiempo”, “solo no puedo hacer nada por mi vida”, “no soy capaz de decidir por mí mismo, por eso, me tienen que colaborar otros”, entre muchos más. De manera que a estas personas se les dificulta tomar decisiones cotidianas, ya que, les invade un sentimiento de debilidad y abandono. Además, quieren agradar todo el tiempo y ante las críticas se sienten vulnerables y frustrados, somatizando la angustia muchas veces para llamar la atención y crear dependencias.   

Síndrome del “muñeco de felpa”
 

Roman Skrypnyk
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Roman Skrypnyk

¿Qué sucede en el interior de las personas que atraviesan este síntoma del “muñeco de felpa”? En el fondo, un miedo incontrolable al rechazo pues prefieren sacrificar su individualidad antes de dejar de ser el centro del mundo de esa persona especial, porque les garantiza una posición de sentirse valioso e irremplazable. Esta insoportable espera, evita que el individuo pueda afirmarse a sí mismo al no poder expresar abiertamente sus necesidades y siempre permanece a la espera de que el otro lo haga, midiendo el amor de los demás según su grado de atención debido a que carece de una confianza interior. 

Sin duda, la dependencia tóxica que se va generando anula cualquier desarrollo de un bienestar sano y equilibrado, pues vive constantemente culpabilizándose de los errores cometidos, sacrificando su libertad de poder ser quien realmente es y complaciendo las expectativas ajenas por encima de las propias, convirtiéndose en un “felpudo emocional”. Esta es una de las bases de la enfermedad emocional llamada codependencia. 

Reflexiones para suplir nuestras necesidades interiores
 

Armando Martí
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Armando Martí

Abrir las ventanas hacia el interior para conocerme y aceptarme vale la pena. Por eso, necesito hacer un alto en mi camino, descansar y reflexionar sobre mí mismo. Es importante utilizar la mente conectada al corazón, para que desde la inteligencia emocional pueda aclarar quién soy realmente y cuál es el sentido de mi vida. Para esto se deben buscar espacios de silencio con el fin de reflexionar y meditar, teniendo conciencia plena del instante presente. Así dejo de seguir dominado por mis pensamientos egocéntricos y obsesivos logrando escuchar la voz interior del sentido común, la cual al estar sintonizada me acompañará mientras encuentro el rumbo para rehabilitar a mi niño interior herido, conciliándolo con el adulto maduro del presente. 

Al final, el mayor descubrimiento de este proceso es que la decisión es mía. Esta fuerza que me ayuda a definir y cambiar las situaciones vividas es la que me produce la libertad de responsabilizarme de mí mismo. Tomar valientemente un nuevo camino en mi existencia, me permite adquirir seguridad al cambiar los hábitos nocivos, así como la calidad de mis pensamientos, emociones y en general de mi salud integral. Abrazar mi mente y corazón con la energía de un amor auténtico para que no sigan en pugna y dejen fluir la autoestima, es la llave hacia el despertar espiritual. 

En conclusión, el ser humano está dividido en tres partes, cada una con necesidades diferentes: la primera, el soma o el cuerpo físico; la segunda, la mente y las emociones que son en realidad el alma; y finalmente, la fuerza del espíritu también conocida como el “logos”, que le da todo el sentido de trascendencia a la existencia. Nosotros debemos aprender a conocer las reacciones del cuerpo, sus instintos e impulsos naturales, así como también, las respuestas de la mente y los bloqueos con que ella nos desafía a superarnos. Lo más importante es aprender a conectarnos a nuestro espíritu, con el fin de vivir libres, en armonía y en paz.
 

Armando Martí
Créditos:
Armando Martí

Como escribía la Dra. Virginia Satir quien fue una de las más reconocidas investigadora de las emociones y necesidades interiores de las personas, en su transformador libro titulado Vivir para amar (Un encuentro con los tesoros de tu mundo interior) Ed. Pax México,1996:

“Las Cinco libertades

La libertad de ver y oír lo que se desea,
En vez de oír y ver lo que se debe.

La libertad de decir y pensar lo que se desea,
En vez de decir y pensar lo que se puede.

La libertad de sentir y expresar lo que se desea,
En vez de sentir y expresar lo que se permite.

La libertad de preguntar e informarse
sobre lo que se desea, en vez de preguntar
e informarse sobre lo que se dispone.

La libertad de decidir y asumir riesgos.
En vez de decidir y asumir riesgos
que parezcan seguros y propios”.