La conferencia sobre transición energética que comenzó este 24 de abril en Santa Marta reúne a más de 53 naciones en un espacio convocado por Colombia y Países Bajos para discutir cómo avanzar en la salida de los combustibles fósiles. El encuentro llega en un momento en que los indicadores globales muestran mejoras, pero también límites claros sobre la velocidad y la solidez de ese cambio.
Avance general, pero a distintas velocidades
El dato que mejor resume ese contraste aparece en el Energy Transition Index 2025 del Foro Económico Mundial, que compara 118 países. El informe señala que el 65% mejoró su puntaje este año, pero solo el 28% avanzó al mismo tiempo en los tres frentes que ordenan la discusión energética: seguridad, equidad y sostenibilidad. Más que una trayectoria lineal, el reporte describe una transición de ritmos distintos, condicionada por inversión, regulación, infraestructura y capacidad estatal.
El mismo índice muestra que los mejores resultados siguen concentrados en Europa. Suecia, Finlandia y Dinamarca encabezan la clasificación de 2025, mientras otras economías grandes avanzan por rutas diferentes. China aparece en el puesto 12, Brasil en el 15 y Estados Unidos en el 17. El patrón refuerza una idea central del informe: no existe una fórmula única para hacer la transición, pero sí condiciones que tienden a facilitarla, como marcos regulatorios estables, infraestructura confiable y capacidad para sostener inversión de largo plazo.
Más inversión, pero con cuellos de botella
La Agencia Internacional de Energía proyecta que la inversión mundial en energía llegue este año a USD 3,3 billones. De ese total, USD 2,2 billones se dirigirían a renovables, redes, almacenamiento, combustibles de bajas emisiones, eficiencia y electrificación, el doble de los USD 1,1 billones que irían a petróleo, gas y carbón. El aumento del gasto confirma que el flujo de capital acompaña la transición, aunque no elimina por sí solo los problemas del sistema.
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Ahí aparece uno de los principales límites. El reporte del Foro advierte que la seguridad energética siguió siendo la dimensión de desempeño más lenta en 2025 y que la flexibilidad de los sistemas eléctricos cayó 1,3%. A eso se suma que las emisiones continuaron creciendo: el informe reporta un aumento de 0,8%, hasta 37,8 mil millones de toneladas. El resultado es una tensión conocida: hay más inversión limpia, pero todavía persisten redes con baja capacidad de respuesta, dependencia de importaciones y dificultades para absorber una demanda eléctrica que sigue creciendo.
América Latina llega con ventaja, pero también con límites
En América Latina y el Caribe, la discusión parte de una base distinta. La IEA ha señalado que la región ya tiene una de las matrices eléctricas más limpias del mundo, con renovables que representan alrededor del 60% de la generación, y que la inversión en energía limpia crecería cerca de 25% en 2025, hasta unos USD 70.000 millones. En ese aumento destacan Chile, Colombia y Costa Rica, mientras Brasil sigue empujando parte del dinamismo regional.
Pero esa ventaja no resuelve el problema de fondo. La propia IEA advierte que en Colombia más del 75% de la demanda total de energía todavía fue cubierta por combustibles fósiles en 2024 y que cualquier ruta de transición debe contemplar cómo compensar la caída de ingresos por petróleo, gas y carbón. En su evaluación sobre el país, el organismo recuerda además que el sector petrolero aportó, en promedio, cerca del 2% del PIB y 13% de los ingresos totales del Gobierno nacional durante la última década.
Ese es el trasfondo con el que arranca Santa Marta. La conferencia no fue diseñada como un espacio de negociación ni para cerrar un acuerdo vinculante, sino para producir un informe con rutas de implementación que pueda servir de insumo a la hoja de ruta de la presidencia de la COP30. El segmento de alto nivel está previsto para el 28 y 29 de abril, y al cierre se esperan los principales resultados del encuentro. Más que resolver el debate en una semana, la cita deja una conclusión inmediata: la transición ya está en marcha, pero no todos los países avanzan con la misma capacidad ni con el mismo margen para sostener el cambio.
