Goyo explota por caso de racismo en colegio de Boyacá

5 Diciembre 2022, 07:21 PM
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La cantante Goyo levantó su voz en contra del caso de racismo denunciado en un colegio de Boyacá, que habría derivado en fuertes agresiones físicas y sexuales contra dos menores.

La cantante colombiana Gloria Emilse Martínez, más conocida como Goyo, explotó en sus redes sociales contra el reciente caso de racismo denunciado en una escuela de Boyacá, donde unos hermanos de apenas cinco y nueve años de edad habrían sido golpeados y presuntamente accedidos carnalmente por su color de piel.

La situación ocurrió en el corregimiento de Morcote, en el municipio Boyacense de Paya, exactamente en la Institución Educativa El Rosario. En este lugar, Kerlin Murillo, madre de los niños, habría logrado encontrar trabajo como profesora de bachillerato y dos cupos de estudio para sus hijos menores. Sin embargo, lo que parecía un boleto seguro a una vida tranquila, terminó como una auténtica pesadilla. 

Así lo relató Murillo a Revista Semana, quien expuso no solamente los ataques de los que habría sido  blanco en carne propia por parte de los demás docentes y directivos del colegio, sino también las numerosas palizas y los vejámenes sexuales que habrían sufrido sus pequeños hijos. Mostrando incluso algunas fotografías de las heridas que le quedaron a los niños tras estos episodios.

Ante tal injusticia, Goyo, integrante de Chocquibtown, se mostró tremendamente molesta y triste frente a lo sucedido, pidiendo justicia para los niños que terminaron afectados por estas muestras de violencia que se siguen negando desde la institución educativa. 

“¿Violencia racista? ¡Esto no es increíble en Colombia!  Somos testigos de esto y de más.  Justicia pues, justicia”, señaló la artista a través de su cuenta personal.

Lo cierto es que su indignación no es para menos. El caso en cuestión, de acuerdo con lo relatado por la profesora Murillo al mencionado medio, es probablemente uno de los más cruentos sucedidos en un ámbito escolar en Colombia, reuniendo todo lo que puede estar mal: desde el matoneo escolar físico y psicológico, hasta presuntas conductas criminales como la agresión sexual.

Huyendo de la violencia en el departamento del Chocó, Murillo huyó junto con sus dos pequeños hijos Keiner, de 5 años, y Keyler, de 9, con quienes se asentó en el pacífico departamento de Boyacá esperando una vida tranquila. No obstante, la mujer denuncia que desde el primer momento hubo un fuerte rechazo hacia ella y su familia, aparentemente por razones de raza. 

“Nos atacaron por pertenecer a la población negra y afrodescendiente. Por la pigmentación de nuestra piel fuimos agredidos de todas las formas, hasta el punto de que mis hijos fueron abusados sexualmente”, le dijo la docente a Semana. 

Los relatos son aterradores: luego de que la presión sobre ella no tuviera efecto, sus hijos se volvieron el objetivo de palizas, humillaciones como el orinarles la boca o la práctica de todo tipo de vejámenes sexuales que habrían alcanzado el punto del acceso carnal violento con siete menores como victimarios. Además, narra que cuando uno de sus hijos no quiso dejarse, el actuar de los menores fue amarrarlo de sus partes íntimas con una cabuya para luego tirar de ella. 

Como si fuera poco, la situación llegó a trascender de las aulas a las calles, pues ambos niños habrían llegado con profundas heridas a su casa luego de enfrentarse con otros menores en defensa propia e incluso llegaron a ser apedreados. Una pesadilla que ahora se ha convertido para aquella familia en una auténtica prisión. 

Al final, todo esto se ha convertido en un escándalo de talla nacional, en el que varios actores han salido a rechazar un comportamiento abiertamente racista que empezó desde los adultos y terminó inculcado en los niños, al punto de que uno de los hijos de la docente llegase a recibir ofensas relacionadas con su raza (que esta publicación prefiere evitar). 

La versión del colegio sobre los presuntos abusos 

 

Según recoge la Revista Semana, mientras la madre víctima señala a todas las autoridades de la Institución Educativa El Rosario de actuar con negligencia y al rector, Jorge Humberto Cuy, como origen de la orden de estos ataques, este señala que una aseveración como esta es una “blasfemia”. 

Según Cuy, desde el colegio se activaron todas las rutas protocolarias para darle atención a los abusos denunciados por Murillo, añadiendo que supuestamente tanto él como el resto del plantel educativo siempre se relacionaron “con aprecio, respeto y mucho cariño”. 

No obstante, también aprovechó para culpar a la mujer, aseverando que es una persona conflictiva y que, en presencia de algunos docentes, ha procedido a golpear a sus hijos en algunas ocasiones (lo que relaciona con los golpes de las imágenes). Algo que negó rotundamente una de las profesoras del colegio, quien vivió un tiempo con Murillo, describiéndola como “una mujer sabia” y cariñosa con sus hijos. 

Finalmente, el recto de colegio describió a uno de los hijos de Murillo como un niño con “mala convivencia”, resaltando dicha situación como una causa de los golpes con los que llegaba a casa. Aún cuando la responsabilidad de resolver una situación como estas recae, precisamente, en sus zapatos. 

Al final, un crudo relato de una situación que se debate entre la problemática del bullying y el profundo racismo estructural que aún se vive en Colombia. Caso que lamentablemente, aún con muchas versiones por confirmar en la investigación que corresponde a las autoridades, termina en una de las más tristes peticiones que un niño le puede decir a su madre en un país diverso: “Ya no quieren tener la piel negra”. 

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