Un control rutinario en la zona de carga del Aeropuerto Internacional El Dorado, en Bogotá, terminó con la incautación de cerca de 100 kilos de marihuana. El hallazgo ocurrió en una bodega de envíos nacionales, tras la alerta de la canina Kira, entrenada para detectar narcóticos.
¿Cómo inició el procedimiento en la bodega de envíos?
Según el reporte oficial, uniformados asignados al aeropuerto adelantaban labores de inspección y verificación en el área de mensajería y encomiendas. En medio del recorrido, el binomio canino entró a la bodega y Kira marcó como sospechosas dos cajas que hacían parte del flujo normal de paquetes. Esa señal activó el protocolo: aislar el envío, asegurar el punto y pasar a revisión física con el equipo encargado.
Después de la marcación, las autoridades realizaron la verificación del contenido. Dentro de las cajas encontraron 166 paquetes envueltos en material plástico. El peso total del cargamento, de acuerdo con la información divulgada, fue cercano a los 100 kilos. El material fue dejado a disposición de las autoridades competentes para el proceso de cadena de custodia, registro y análisis.
La ruta del envío y lo que ayuda a reconstruir
El cargamento se movía como encomienda. En los datos conocidos hasta ahora, el origen del despacho fue Armenia y el destino era Santa Marta. Este tipo de modalidad suele dejar rastros útiles para la investigación: guías de transporte, datos de remitente, puntos de recepción y tiempos de tránsito. En términos prácticos, ahí es donde el caso puede pasar de la incautación a la reconstrucción de la ruta logística.
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¿Qué sigue?
Hasta el momento, el foco público ha estado en el hallazgo y el volumen incautado. El siguiente paso clave es que la investigación logre conectar el paquete con responsables concretos: quién envió, quién recibiría y qué intermediarios participaron. Más allá del resultado inmediato, el caso vuelve a mostrar un punto sensible: la mensajería interna es una vía que puede camuflar cargamentos en movimientos cotidianos, y por eso los controles en bodegas y áreas de carga se han vuelto un frente decisivo para frenar la circulación de droga entre ciudades.
