La caída del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) en Puerto Leguízamo, Putumayo, volvió a poner en la memoria colectiva una cadena de tragedias que han marcado a las Fuerzas Armadas de Colombia en la última década.
El accidente, ocurrido en la mañana de este lunes, dejó un saldo de 68 uniformados fallecidos de los 128 ocupantes. Además, 57 militares fueron rescatados, uno salió ileso y cuatro permanecen desaparecidos mientras continúan las labores de búsqueda.
La aeronave se precipitó a tierra y se incendió minutos después de despegar. Entre las víctimas hay 58 integrantes del Ejército, 6 de la FAC, 2 de la Policía Nacional y 2 recientes sin identificar. Los heridos han sido trasladados a centros médicos en Florencia, Neiva y Bogotá, con 19 atendidos en el Hospital Militar Central y 30 en el Batallón de Sanidad Militar.
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Aunque las causas aún están bajo investigación, las autoridades han indicado que no hay indicios de atentado. La tragedia, una de las más graves recientes, revive episodios similares que han golpeado al país.
2015: una seguidilla de tragedias en el aire
El año 2015 quedó marcado por dos accidentes consecutivos. El 1 de agosto, once militares de la Fuerza Aérea Colombiana murieron tras el siniestro de un avión en zona rural de Agustín Codazzi, Cesar.
Las labores de rescate fueron complejas: los cuerpos quedaron atrapados en el fuselaje y su recuperación tomó más de 20 horas. Entre las víctimas estaban el mayor Alberto Ramírez Lombana y la subteniente Luisa Fernanda Salazar Villoga, quienes comandaban la aeronave.
Días después, el 4 de agosto, otro hecho sacudió al país: un helicóptero Blackhawk de la Policía Nacional se estrelló en las selvas de Urabá, Antioquia, dejando 16 policías muertos y dos heridos.
Las primeras hipótesis apuntaron a condiciones meteorológicas adversas. El entonces ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, explicó que la aeronave habría impactado contra una ladera a alta velocidad, posiblemente por nubosidad baja.
2016: el peor accidente del Ejército en aquella época
Un año más tarde, el 27 de junio de 2016, se registró el que ha sido considerado el peor accidente aéreo en la historia del Ejército colombiano.
Un helicóptero MI-17 cayó en una zona montañosa del departamento de Caldas, dejando 17 militares muertos, entre tripulantes y pasajeros.
El entonces presidente Juan Manuel Santos lamentó profundamente lo ocurrido, mientras las autoridades señalaban nuevamente al mal tiempo como una de las posibles causas.
2018: tragedia en operaciones contra el narcotráfico
El 19 de octubre de 2018, un helicóptero Black Hawk del Ejército se accidentó en Argelia, Cauca, tras cumplir una misión de transporte de tropas.
En el siniestro murieron cuatro militares, entre ellos el mayor Pedro Ignacio Granados Salcedo y el capitán Edson David Quintero Sánchez. Las condiciones climáticas dificultaron tanto el vuelo como las labores de rescate.
Nuevas amenazas: drones y zonas de conflicto
Los riesgos han evolucionado con el tiempo. El 21 de agosto de 2024, un helicóptero del Ejército fue derribado en Amalfi, Antioquia, en un ataque atribuido al uso de un dron con explosivos.
El hecho dejó 13 uniformados muertos y evidenció una nueva amenaza en el conflicto: el uso de tecnología adaptada con fines ofensivos por parte de grupos armados ilegales.
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El 29 de septiembre de 2024, un helicóptero Huey II de la FAC se desplomó en Cumaribo, Vichada, mientras realizaba una evacuación médica. El accidente dejó ocho militares fallecidos.
Meses después, el 29 de abril de 2025, un helicóptero Bell 412 de la Armada Nacional cayó en una laguna en Malagana, Bolívar, poco después de despegar. Murió el suboficial Yordi Steven Carvajal Rodríguez y tres uniformados resultaron heridos.
Desde Cesar y Urabá en 2015, pasando por Caldas, Cauca y Antioquia, hasta llegar a Putumayo en 2026, los accidentes aéreos han dejado una huella profunda en las Fuerzas Militares de Colombia.
Las causas han sido diversas: condiciones climáticas, fallas por investigar, y más recientemente, ataques con tecnología no convencional. Sin embargo, todos comparten un mismo impacto: la pérdida de vidas en medio de operaciones en regiones complejas.
Hoy, mientras avanzan las investigaciones del caso del Hércules C-130, el país vuelve a enfrentar una realidad persistente: los riesgos de las operaciones aéreas militares en territorios apartados siguen siendo una constante, y cada tragedia reabre la necesidad de reforzar la seguridad, la tecnología y los protocolos en el aire.
