Catalina Acosta, su cruzada para emprender, educar y conectar gratis a todo un país

Vie, 02/06/2023 - 14:27
La emprendedora Araucana, le permite hoy a varias municipios del país conectarse a internet gratis, educarse y generar dinero. Esta es su historia.

La bandera del emprendimiento en Colombia es extensa y multicolor. La idiosincrasia pujante, el 'echar pa' lante', la recursividad y el ánimo de superación propio de nuestro país, han dado como resultado un sector innovador y resiliente. Del mismo, destacan proyectos como el de Catalina Acosta, araucana que creó junto a su equipo, una aplicación que le da internet y educación gratis a miles de personas en los municipios. 

Ella, habló con KienyKe.com y contó su historia llena de obstáculos, creatividad y una necesidad imperante de construir país, de cambiarle el sesgo violento y pintarlo con los colores de múltiples ideas de desarrollo. 

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Contar balas de una pared, la historia de Catalina Acosta

Hace un par de años, cerca de diez, el hotel de Reca García era el más grande de Puerto Rondón, Arauca. Una casona con muchas habitaciones que desde una esquina acogía y vigilaba a foráneos y propios. 

Cuando las explosiones hacían vibrar la tierra y los sonidos de disparos se prolongaban por horas, este lugar era el refugio de personas asustadas que corrían allí para salvaguardar la vida propia y la de sus seres amados. 

Una vez dentro, esperaban a que la tormenta de la guerra pasara, a que la noche silenciara los nervios y la ansiedad. Al otro día, lo primero que se hacía era contar a los familiares, que estuvieran completos, luego de esto, iniciaba un ritual que día a día se normalizaba, contar las balas que habían quedado incrustadas en las fachadas de las casas. 

Eso, lo hacían todos, hasta los niños. Catalina Acosta, nieta de Reca García, la dueña de la casona, no era la excepción. Ella también contaba los vestigios de la violencia y casi que palpaba con asombro, el miedo comunitario de sus coterráneos. 

La actitud de Catalina García para salir avante

Si las balas tronaban, el espíritu proactivo de Catalina y su familia aún más. Rica lideraba sus fundos con apropiación y arrojo, su hija (madre de Catalina), Eliana López hacía lo propio con su negocio de ropa. La heredera de esta actitud, tomó la misma como bandera y desde temprana edad se instaló en su cabeza la frase: 

"No importa lo que pase, hagamos cosas chéveres, cosas grandes. Hay que darlo todo y trabajar con actitud", recuerda Catalina. 

Una idea semilla que creció y se convirtió en actitud. Aprendió del ejemplo de las mujeres de su casa. 

El momento "lanza flecha" de Catalina Acosta

La madre de Catalina tenía un almacén de ropas y zapatos. Comerciaba con ropa y prendas de vestir. Entusiasta con el mundo de la moda, buscó la manera de sobresalir en eventos de este sector. Una vez, durante sus múltiples ocupaciones, se enfermó. 

El imperio de tareas que pesaba sobre sus hombros se derrocó ante su indisposición. De todo esto se percató Catalina a sus nueve años, cuando sintió el llamado de la vida, su 'momento lanza flecha' como lo denomina. Ante la urgencia, supo que era la siguiente en orden de jerarquía en su casa y debía atender lo sucedido. 

Tomó las prendas que se debían entregar, el cuaderno de cuentas y la agenda de teléfonos a los que debía llamar. No pidió permiso, simplemente lo hizo. Luego de arreglárselas como pudo a su corta edad, entregó todo y cumplió con los compromisos de su madre. 

Luego, al enterarse, Eliana se sorprendió, pero no dejo ver mucho su emoción, pues temía que fuera contraproducente para el desarrollo de habilidades que estaba construyendo su pequeña hija. No la felicitó, solamente le agradeció a Catalina y continuó con su recuperación. 

Sin embargo, Catalina sintió que algo dentro de sí hizo 'clic' y quería seguir probándose más. 

La historia de cómo Catalina Acosta vendió dos millones de pesos a sus nueve años

Quiso replicar el mismo ejercicio. El 'clic' que había logrado con los compromisos de su madre, le llevaron a planear una idea. En las vacaciones más próximas luego de este suceso, le dijo a su mamá: "Ma, me voy para el hotel de mi abuela". 

Y así fue. Tomó el maletín de cds que tenía en la portada a las 'Chicas Superpoderosas' y lo desocupó. Ahí llevaría sus cuentas, luego tomó una mercancía de su mamá, varias prendas y emprendió su viaje. Llegó al hotel y le dijo a Rica que escogería la habitación que daba a la calle, una vez allí, repasó varias frases que había aprendido en el negocio de su mamá y empezó a decirlas a transeúntes, huéspedes y personas allegadas. 

"Hola Pilar, mira este vestido tan bonito que tengo, puede ser tuyo; Hola niño, cómprale ropa a tu madre; Te quedaría espectacular esa prenda. Todo eso decía yo a mis nueve años para lograr mi objetivo", aseguró Catalina. 

La maleta de 'Las chicas super poderosas' se llenó de billetes. Vendió dos millones de pesos en menos de una semana a sus nueve años. 

La etapa escolar y el amor por las ventas de Catalina Acosta

Catalina vivió una etapa escolar tranquila. A su vez, iba creciendo su papel de importancia en los asuntos de su madre, hasta tal punto de convertirse en una asistente de ella en los compromisos comerciales de sus negocios. Viajaba con ella y coordinaba mucho de su agenda. 

"Yo siempre he sido muy amiguera, me fue muy bien, tenía buenas notas, con altibajos pero normal. Tuve muy buenos profesores. Yo sabía que yo quería salir a trabajar", aseguró. 

Catalina supo que el paso de la educación era un requerimiento, un complemento de su decisión de ser empresaria. Claro, fortaleció muchas más habilidades con la educación, pero quería salir de su institución directo a trabajar. 

Esta idea caló muy bien, hasta que vio a un tío suyo frente a una hoja en blanco. Él, minutos, horas después llenó esa hoja de trazos y le dio forma a una construcción. Algo que llamó poderosamente la atención de Catalina, "cómo pasar de cero a crear algo maravilloso". Desde ahí cambió sus planes y decidió que estudiaría arquitectura y que de algún u otro modo lo conectaría con su sueño de empresaria. 

Etapa universitaria y la creación de Appen

Ingresó en 2009 a la Universidad de La Salle en Bogotá a estudiar Arquitectura. En el proceso, aprendió muchas más habilidades de creación, mientras que a la par crecía en responsabilidad con el negocio de su madre. Aprovechaba los momentos libres para responder a sus tareas de la empresa familiar. 

A la vez, desarrolló un amor profundo por las ciudades, por el urbanismo. En el transporte rumbo a su universidad se hacía preguntas sobre la movilidad de Bogotá, las operaciones y tareas que podría la tecnología mejorar. Aquí es válido recordar que en la época no estaba tan desarrollado el mundo digital, una gran parte de las cosas era manual, analógico.

Esta curiosidad por la tecnología y su avance la llevó a conectarse con personas como Andrés (cofundadore de Appen), con quien compartía esa visión. Más adelante, cuando inició a trabajar en su campo para empresas y sus primeras consultorías como arquitecta, entendió algo poderoso. 

“Nosotros trabajamos en varias industrias. Naturalmente somos arquitectos, urbanistas y desarrollamos soluciones para problemas regionales, problemas muy ligados a la productividad, al desarrollo de la ciudad, a llevar oportunidades y generar planes que impactarán comunidades, y había un tema transversal, siempre por el cual se caían los proyectos: la conectividad”, aseguró Catalina.

Así llegó la idea de crear Appen. Estaba junto a Andrés ideando soluciones urbanistas y tomando mucha experiencia en este sector. Sin embargo, un día entendieron que debían llevarlo a una plataforma, un lugar en el que se pudiera reunir de manera ágil, explícita, digital y aterrizada, esto en pro del  desarrollo para las comunidades.

Fue ahí donde conocieron a Maxi, un joven brillante en los códigos de programación, él se unió de inmediato al equipo e iniciaron la creación de su robusta plataforma, que buscaba conectar a internet de manera gratuita, fácil y rápida a miles de personas. 

Catalina dejó un poco de lado los compromisos con el negocio de su madre y se enfocó en sacar adelante su idea. Conectar a internet a esas personas que contaban balas en las paredes de sus casas, que se pudieran educar y que de alguna forma generaran dinero. 

Appen ha pasado hasta el momento por varios obstáculos y cada día crece más de la mano de las ideas continuas que se le ocurren a Catalina, una mujer que de niña vendió dos millones de pesos con sus ocurrencias y habilidades. Tan sólo en 2022 esta plataforma movió: US$5 millones  y desembolsó más de 2.000 créditos. 

Catalina dedica horas de su día para leer los comentarios de sus usuarios y hace poco encontró uno valioso: "Hola, yo soy maestro de construcción, en mi familia todos utilizamos y mi hermano menor no faltó nunca a sus clases en pandemia gracias a la aplicación. Estoy terminando mi curso en el SENA como maestro profesional. Gracias Appen".

Acosta asegura que no haber tirado la toalla le permite hoy ayudar a miles de personas. La curiosidad es su olfato, así como su actitud, que se nutrió de las frases positivas, pese al contexto, de su abuela, mamá y hermana. Hoy, su cruzada es conectar a internet gratis a todo un país, para que se eduque, para que emprenda y pueda hacer clic con su propósito como ella a los nueve años. 

Creado Por
Diego Dorado
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