Cocinero de un perro multimillonario

Cocinero de un perro multimillonario

11 de abril del 2011

El comensal más excéntrico que ha tenido el chef Daniel Kaplan fue un perro maltés de color blanco. Su nombre es Trouble, que quiere decir “problema” en español. Su nombre definía su existencia. Era la mascota de Leona Helmsley, magnate de finca raíz en Nueva York, propietaria de la mitad del Empire State y del hotel Helmsley Park Lane. Kaplan destinaba dos sesiones de quince minutos al día para prepararle el menú a Trouble, escogido de manera cuidadosa por Leona. La dieta contenía fresas con crema, verduras, pasta con queso parmesano, caldo de pollo y una proteína, que podía ser pescado a la parrilla. Cada comida podía costar hasta cincuenta dólares hace ocho años. Leona murió en 2007, le heredó a Trouble doce millones de dólares y el placer de comer concentrado.

A Trouble las comidas se le servían a las 9.00 a. m. y a las 5.00 p. m. sin falta. Helmsley probaba cada ingrediente antes de servírselo al perro, quien comía de su mano o de un cubierto. Cada porción, que pesaba en promedio 100 gr. y que tenía que estar tibia, se le subía al cuarto de Leona en tacitas separadas. Aunque Kaplan y sus cocineros eran muy cuidadosos, Helmsley devolvía la comida una vez a la semana porque consideraba que no tenía buen sabor. Y cuando el perro no probaba bocado a causa de los continuos malestares estomacales que le producía la comida humana, los culpables eran todos los empleados del hotel. La huella de su mala alimentación era evidente. Trouble tenía serios problemas en su pelo y piel.

Kaplan le cocinó a Trouble por dos años y medio, en su menú no podía faltar las fresas con crema.

Kaplan llegó al hotel Helmsley Park Lane sin saber que se iba a convertir en el empleado favorito de Leona. Daniel recuerda que ella misma lo entrevistó y, según él, le simpatizó porque también era judía. En 2003 fue contratado como jefe de cocina del lugar, que cuenta con seiscientas habitaciones de estilo clásico. Pero a los quince días se convirtió en el chef. Trabajó allí por dos años y medio, un tiempo récord, porque ningún chef aguantaba más de quince días al lado del mal carácter de Leona. Conocida como la “Reina de la maldad”, ella fue diferente con Kaplan. En ocasiones le pedía que dejara la cocina y la acompañara a ver televisión. También era uno de los pocos empleados que podía consentir a Trouble. A su partida Helmsley le regaló una colección de recetas del hotel.

Leona creció en una familia pobre de Brooklyn. A comienzos de los años setenta trabajó como vendedora de finca raíz para el magnate Harry Helmsley. Gracias a un romance que tuvo con él fue nombrada presidenta de la cadena Helmsley Hotels, encargada de más de veinte hoteles en Estados Unidos. En poco tiempo triplicó el negocio. En 1993 fue llevada a la cárcel por evadir impuestos.

El perro, que para esa época tenía cuatro años, parecía el hijo de Leona. Tenía invadida las paredes del hotel con fotografías de Trouble, casi siempre lo cargada en brazos, compartía su cama con él y le compraba ropa de las mejores marcas. Leona amaba ciegamente a Trouble. Incluso, creía que su difunto marido le hablaba a través de él. Por eso, lo mejor que podía hacer por él era dejarle una jugosa herencia.

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