Día del Médico: guerreros de los males invisibles

Publicado por: erika.diaz el Jue, 03/12/2020 - 12:56
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Creado Por
Erika Mesa Díaz
Con el motivo del Día Panamericano del Médico, Kienyke.com presenta una historia de esta conmemoración y homenajea la dura labor de quienes combaten a la pandemia de frente.
Con el motivo del Día Panamericano del Médico, Kienyke.com presenta una historia de esta conmemoración y homenajea la dura labor de quienes combaten a la pandemia de frente.
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Un médico cubano y un virus son las razones que llevaron a elegir el 3 de diciembre como el Día Panamericano del Médico. En este duro año que termina, los médicos han estado al frente de la batalla de la humanidad contra un enemigo invisible que nos transformó la vida. Hoy, Kienyke.com celebra su vocación.

Aedes aegypti

Los flavivirus son virus que son transmitidos por artrópodos. Algunos ejemplos de ese tipo de virus son el virus del zika, el dengue y la fiebre amarilla. Este último virus llegó a las Américas desde África con los infames cargamentos de esclavos de los siglos XVI y XVII. Los africanos habían convivido con la fiebre amarilla desde hacía ya un tiempo y habían desarrollado cierta resistencia. Sin embargo, cuando un europeo enfermaba de fiebre amarilla, generalmente moría.

Hubo fuertes brotes de fiebre amarilla desde cuando esta llegó al continente. Incluso, la Revolución haitiana fue ganada en parte porque el virus fue despiadado en el territorio caribeño y el ejército francés tuvo muchas bajas sensibles. Cuando los ingleses quisieron apoderarse de terrenos clave, como México y Perú, sus ejércitos perdieron 20 mil hombres —de 27 mil que eran— debido a la enfermedad. Inclusive, un primer intento de construir el Canal de Panamá se echó a perder porque los trabajadores franceses morían por el virus.

Como lo describió el el profesor Roger Norman Buckley en su trabajo sobre la fiebre amarilla, “las Indias del Oeste eran una trampa mortal para todo blanco que no tuviera inmunidad a la fiebre amarilla”. Al ser tan letal y misteriosa, los médicos se dedicaron a investigar su origen y cómo combatirla. 

El primer médico en identificar al mosquito Aedes aegypti como responsable de la transmisión de la fiebre amarilla fue el epidemiólogo Carlos Finlay, un cubano hijo de un escocés y una francesa, nacido el 3 de diciembre de 1833. Esta fue la primera vez que se habló de un mosquito como transmisor de un virus. El descubrimiento ayudó al Gobierno cubano a focalizar mejor la estrategia para combatir el virus, hasta llegar a erradicarlo de La Habana. 

Este hallazgo fue tan importante que se decidió que el cumpleaños de Finlay sería la fecha para celebrar el Día Panamericano del Médico. La UNESCO también entrega un premio Carlos Finlay de Microbiología, un reconocimiento que se otorga en años impares a quienes hacen grandes contribuciones a esa ciencia.

De los flavivirus a los coronavirus

Un siglo largo ha pasado desde cuando se descubrió el origen de la fiebre amarilla. La vacuna que hoy se usa para controlar esta enfermedad ya tiene 83 años, así que ha dejado de ser un problema en la mayoría de regiones afectadas. Asimismo, se identificaron otros mosquitos que transmiten enfermedades y se adelantan campañas para evitar que consigan nidos y se propaguen.

Hoy en día, el enemigo no se acumula en fuentes de agua dulce. El SARS-CoV-2 se aloja en el aire y entra por la nariz, los ojos, las orejas y la boca. Aún no es claro del todo cómo se contagia y qué es más efectivo para prevenirlo, además del lavado de manos y el uso de tapabocas. Sus síntomas varían mucho entre paciente y paciente, es altamente contagioso y ha saturado las unidades de cuidados intensivos del mundo, al punto de tener que decidir a quién salvarle la vida. 

En cuestión de diez meses, la covid-19 cambió nuestras vidas: nos forzó a cubrir nuestra cara y nos alejó de nuestras entretenciones, nuestras oficinas y nuestros amigos; pero, sobre todo, nos enseñó a valorar la labor de los profesionales de la salud. 

Especialmente, la pandemia nos hizo entender que muchos médicos no son tantos y que los sacrificios que hacen en nombre de la vocación son únicos. También nos hizo ver que, si no está en nuestras manos cambiar sus condiciones de trabajo, lo mínimo que les debemos es respeto.

Sacrificios en nombre del amor

Y eso es lo que en Colombia a veces hace falta para con ellos. Cabe recordar en este día el triste y simbólico caso del médico José Buelvas, quien trabaja en la unidad de cuidados intensivos de la Clínica Materno Infantil Adela de Char, en Soledad, Atlántico. El médico recibió un arreglo fúnebre para intimidarlos a él y a su familia para que él renunciara a su cargo. A pesar de la amenaza, él decidió que no renunciaría a su vocación tan fácilmente”.

Cuando José habló con Kienyke sobre el tema, dijo lo siguiente: "yo creo que necesitaba un empujón y lo recibí hoy por parte de todo el país, por parte de mis colegas, amigos y compañeros. Yo no voy a renunciar a mi vocación, que es servir como médico. Voy a continuar. Ya fui a trabajar en horas de la mañana con acompañamiento policial".

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Fue un impactante caso de acoso y, tristemente, no fue el único registrado. En abril, durante el inicio de la cuarentena, varios médicos denunciaron en las redes sociales que habían sido víctimas de discriminación, acoso e intimidaciones.

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El atropello contra los médicos en época de pandemia es cruel, pero en Colombia siempre ha sido un tema de discusión. De hecho, de acuerdo con cifras del Colegio Médico Colombiano (CMC), solo un 25 % de médicos cuentan con un contrato a término indefinido. Eso significa que el resto debe pagar las prestaciones sociales con su propio bolsillo y no tienen muchas garantías laborales.

Algunos médicos, además de no recibir garantías laborales, tampoco reciben sus pagos a tiempo. Ya se hizo parte del paisaje que los médicos en zonas rurales o ciudades intermedias hacen huelgas para reclamar que se les garantice algo tan mínimo como su salario.

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El propio CMC también reporta que el acceso a equipos de protección personal, para evitar que los médicos se contagien de covid-19, es escaso en buena parte de las Instituciones Prestadoras de Salud. Sin embargo, el drama no termina cuando los consiguen: son sumamente incómodos y deben soportarlos por largas jornadas.

¿Vale la pena aguantar tanto en nombre del amor? Depende. Posiblemente el lector de estas líneas no es gerente de una IPS o político y no tiene mucha injerencia en las condiciones de trabajo de los médicos. El mejor agradecimiento que tenemos a la mano es no jugar con pólvora ni salir de la casa si no es necesario.