El misterio de los perros suicidas

21 de septiembre del 2017

En Escocia hay un puente desde el que, misteriosamente se lanzan los perros. ¿Qué está pasando?

El misterio de los perros suicidas

El puente de Overtoun es una construcción de más de cien años que se levanta frente al castillo de Overtoun, en Milton, Escocia. A simple vista es una estructura común y corriente, muy propia de la arquitectura de ese lugar de Europa: hecho con enormes piedras, con diseños en sus columnas como las de un castillo medieval. Es tan alto como un edificio de cuatro pisos. Ese puente tiene algo particular que no tiene otro en el mundo: desde allá, inexplicablemnte, se arrojan los perros. Por eso le dicen el ‘Puente de los perros suicidas’.

Desde hace 50 años, se han contabilizado más de 100 perros que han saltado desde el puente. No existe una explicación lógica al fenómeno de los perros suicidas.

En diciembre de 2001 Victoria sacó a pasear a su perro Bruno, un pastor alemán, por los alrededores del Palacio de Overtoun. “El lugar es muy grande y él puede correr a sus anchas” –dijo ella en una entrevista a un medio local.

“Era un día normal. Él corría por todas partes; lo olisqueaba todo. Llegamos al puente: Bruno iba delante de mí. Antes de que me diera cuenta, puso las patas en el petril. Luego tomó impulso y saltó. Quedé horrorizada”.

Algo extraordinario había hecho que Bruno sintiera el deseo de saltar del puente.

Las hipótesis

Lo primero que dijeron algunos habitantes de la zona fue que había “fuerzas sobrenaturales” que obligaban a los perros a saltar. Ante la falta de una respuesta lógica, eso fue lo único que les ocurrió. “Era como si un espíritu maligno los llamara desde abajo para que se tiraran” –informó un lugareño.

La recurrencia de los saltos llevó a que Willie Cochrane, periodista local, se interesara en el tema. Luego de que publicara el primer artículo, recibió muchas llamadas de personas contando que las había pasado lo mismo. Incluso, un hombre que lo contó que su perro había saltado dos veces: en la primera sobrevivió, luego, un par de meses después, cuando pasaron por el puente, el animal se volvió a lanzar.

David Sands, experto en comportamiento animal, conoció la historia por los reportajes de Cochrane. “Esta historia implicaba muchas emociones humanas. Yo quería recurrir a la ciencia. Tenía que haber una explicación lógica”, dijo Sands.

Además de Sands, Joyce Stuart, también conocedora del comportamiento de los perros, se interesó en el tema. Empezó su investigación llamando a los dueños de las mascotas muertas para saber si podría encontrar un patrón. Fue ella quien descubrió que el fenómeno de los perros suicidas no era algo reciente, sino que se remitía a unos 60 años atrás.

Además de la posibilidad de un “ente sobrenatural” que obligaba a los perros a saltar, también se decía que el estado de ánimo de los dueños influía mucho. Se pensaba que era la tristeza de los seres humanos la que estaba enfermando a los perros. Y tiene mucho sentido: cerca del pueblo, había un viaducto muy alto que cruzaba una vía principal, desde el que, con preocupante regularidad, de suicidaban las personas ¿Coincidencia?

“Los perros no tienen conciencia del pasado o el futuro. Viven el presente; eso es lo que les importa. Y aunque no lleven la existencia más feliz del mundo, no querrían ponerle fin a sus días”, dijo Joyce Stuart.

“Cuando me preguntaron si los perros se estaban suicidando –dijo el doctor Sand–: me eché a reír. Eso sería humanizar su comportamiento”.

Otra de las hipótesis que manejaban los habitantes de Milton era que los perros se sentían atraídos por el ruido. Abajo del puente hay una garganta profunda, a través de la que pasa un río que al chocar con las piedras produce un sonido muy fuerte. Como se sabe, el sentido del oído está muy desarrollado en ellos, así que podría ser que, atraídos por el ruido, saltaran para ver qué sucedía. O eso era lo que pensaba la gente.

Ante la falta de respuestas, los habitantes más supersticiosos empezaron a decir era que viejos espíritus celtas los que obligaban a los perros a saltar. Luego los fantasmas de los animales muertos, que erraban por la zona, lanzaban un ladrido desde ultratumba que atraía a sus congéneres vivos.

“Yo barajaba la posibilidad de que hubiera sonidos provenientes de algún objeto inanimado, una antena de radio o lo que fuera. Había quien pensaba que serían interferencias eléctricas. Muchos tenían ideas relativas al agua. En las pruebas que hicimos alrededor del puente no encontramos ningún sonido que pudiera tener alguna relación con el comportamiento de los perros”, explicó Sands.

El ruido no era la causa. La clave, entonces, podría estar en otro de los sentidos mejor desarrollados de los perros: el olfato.

La respuesta

En la zona de Milton habitan un gran número de mamíferos. Una de las especies propias de la región es el visón, un animal carnívoro, de la familia de los mustélidos, muy parecido a una ardilla. Entre otras cosas se caracteriza porque desde sus glándulas anales produce un olor muy fuerte.

El profesor Sand, al descartar la cuestión del ruido, diseñó un experimento para demostrar si era o no el olor. En botellas puso trapos impregnados con el olor de ardillas, zorros y visones, animales propios del lugar. Luego comprobó con varios perros que de inmediato se dirigían a la botella que tenía el olor de los visones. “Si ese olor se encontraba también en las inmediaciones del puente –explicó–, podría tener una gran influencia en el comportamiento de los perros”.

Un nuevo sentido de los perros aparece para darle fuerza a la hipótesis del olor a visón: la vista. Los ojos de los perros no están muy bien desarrollados. La visión de los perros es bicromática; eso significa que hay colores como el rojo, por ejemplo, que ellos no podrían identificar. Además ven seis veces menos que los seres humanos.

“Es muy difícil calcular la profundidad ­–explicó el profesor Sands–, cuando lo que se ve es una gran mancha gris. Un perro al pasar el puente, quedaría completamente rodeado por la piedra y no podrían ver lo que hay al otro lado”.

Los dueños también tenían mucho que ver: el hecho de que al atravesar el puente las personas se asomaran hacía abajo, despertaba la curiosidad en los perros; pero como no contaban con una visión capaz de informarles sobre la distancia y la verdadera dimensión de la altura del puente, no se asomaban sino que saltaban. Cuestión de instinto.

Recapitulemos: la idea del suicidio no era posible porque un perro no tiene ese comportamiento. En cuanto a algún sonido o llamado, tampoco era posible porque los aparatos que usaron los científicos no captaron ningún sonido especial. Así, un experimento demostró que el olor de los visones ejercía mucha atracción en los perros, y que alrededor del puente “apestaba a visón”. Y finalmente, la visión de los perros no podía calcular ni las dimensiones ni la perspectiva real del puente.

El motivo es una combinación de factores. “Hay tres razones por la que los perros saltan del puente –concluyó David Sands: en primer lugar, el olfato del perro, segundo, la influencia de los gestos de los propios dueños, y tercero, la estructura del puente que les impide ver lo que hay al otro lado, así que saltan sin pensar que hay una caída de más de nueve metros”. Misterio resuelto.

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