El purgatorio de una transgénero víctima de un pasaporte con sexo masculino

El purgatorio de una transgénero víctima de un pasaporte con sexo masculino

11 de julio del 2015

El purgatorio (sin papeles) de Eliana

Desde el 9 de junio, cuando se emitió el decreto 1227 de 2015, en las notarías colombianas cualquier persona puede cambiar legalmente la casilla ‘sexo’ en su cédula. Dejaron de ser necesarios los exámenes y pruebas invasivas que el Estado pedía a la población transgénero para declarar válido su cambio de género. En pocas palabras, corregir el sexo en el documento de identidad tiene ahora casi las mismas condiciones que un trámite de cambio de nombre.

Realizar este cambio consiste en cambiar una letra en un documento. No parece mucho, pero el paso es inmenso. Una decisión burocrática, una vuelta más en la notaría, puede tener consecuencias radicales en el futuro de aquellos que no están conformes con el sexo que se les asignó al nacer.

El drama lo vivió Eliana Rubashkyn, una mujer transgénero colombiana que vivió por más de ocho meses la peor experiencia de su vida.

La primera vez que hablé con Eliana se encontraba recluida en una habitación de seis metros cuadrados. Llevaba esperando en Hong Kong, casi sin papeles por siete meses, a que la ONU encontrara un país que la recibiera. Hasta que esto no sucediera, debía quedarse confinada y prácticamente sola, sin posibilidad de trabajo o de estudio en una ciudad que le era hostil.

La razón de su estadía forzada en la inmensa ciudad del sudeste chino fue que no le era posible presentar un pasaporte debidamente reconocido por las autoridades. Pues, hasta el pasado 9 de junio, en Colombia el género inscrito en el pasaporte (esa ‘M’ o esa ‘F’ que se halla bajo la categoría ‘sexo’) debía corresponder a la realidad genital del individuo.

Eliana hoy vive y trabaja en Auckland, Nueva Zelanda. Recuerda su historia y desea que nadie más viva lo que ella vivió. Solo hasta hace unos días es posible hacer lo que a Eliana le hubiese ahorrado meses de sufrimiento.

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“Fue en mi adolescencia que decidí que mi género no representaba lo que yo era”, dice Eliana al recordar su vida en Colombia.

Aunque para el Estado colombiano Eliana nació hombre, desde joven decidió que el nombre Luis Alexander le era ajeno. Ella se sentía mujer y se llamaría Eliana.

Con familia de ascendencia rusa y judía, Eliana vivió exteriormente la vida de un niño normal. Pero desde pequeña le gustaba ponerse ropa de mujer, usar el maquillaje de su madre y, encerrada en su cuarto, verse mujer frente al espejo. Cuando llegó a los veinte años “sentí un deseo frenético de mostrarle al mundo la persona que era” y, sin atreverse a compartirlo con su familia, salió a la calle vestida de mujer.

Bogotá la recibió con odio. En 2009, en uno de los primeros intentos de salir de su casa como Eliana, casi muere luego de recibir una puñalada de 6 cm. Meses más tarde, tras casi recibir un disparo mientras huía de una jornada de ‘limpieza social’, decidió que no podía permanecer en Colombia. Eliana había estudiado un pregrado y sabía ruso, español, inglés, portugués y algo de mandarín. De algún modo saldría a estudiar en el exterior.

Cuando Eliana se ganó una beca para estudiar en la Universidad de Taiwán no se lo creía. Lo que había sufrido mientras estudiaba Química Farmacéutica en la Universidad Nacional, quedaría atrás. Por fin saldría del país.

Además de que iba a estudiar una carrera de alta demanda, un MBA en Administración de la Salud, en esta ciudad podría empezar a ser una mujer en pleno sentido.

Y por un tiempo así lo fue. Durante el año que estudió en Taiwán, Eliana pudo adelantar su tratamiento médico para continuar su transformación en una mujer. Tomó las hormonas prescritas y el resultado la sorprendió: “podía ver y sentir que mi cuerpo cambiaba, no me esperaba que el tratamiento fuera así de efectivo. En poco tiempo mis pechos crecieron, mi voz cambió y me sentía aún más como una mujer”.

Allí hizo amigos y tuvo su propio hogar, un pequeño apartamento donde estudiaba y cocinaba postres que vendía en la universidad para ganar dinero extra. Avanzaba en maestría y su tratamiento iba por buen camino.

Sin embargo luego de un año de estudio, Eliana debía renovar su pasaporte. Y para hacerlo tenía viajar al consulado más cercano, en Hong Kong.

Llegó a la ciudad e inmediatamente la detuvieron en inmigración. Cuando las autoridades vieron su pasaporte la recibieron con confusión y hostilidad. Una mujer con pasaporte de hombre había llegado a sus puertas. No podían registrar su entrada en el sistema. Le dijeron que no entraría a China hasta que la situación fuese aclarada. China no podía recibirla con los papeles que portaba; ella era una mujer y sus papeles debían decir lo mismo.

Sin embargo, ese cambio de letra en la casilla de sexo era imposible. Para eso debía declarar un trastorno sicológico o removerse los genitales con los que nació.

Pese a que Eliana tiene un pene, aunque durante gran parte de su vida se presentó como hombre, es una mujer. Sus genitales son masculinos, pero esa persona que se encontraba en la fotografía del documento ya no era ella. Eliana no tenía ni tiene ningún trastorno sicológico y quería ser mujer “sin mutilar mi cuerpo”.

Esto, al momento de su llegada y su estadía en Hong Kong, era imposible. Para entonces, Colombia no permitiría corregir el sexo de su documento de identidad mientras tuviese genitales masculinos.

Aún si hubiera querido realizarse estas pruebas o someterse a dicho tratamiento, ya era muy tarde; Eliana se encontraba recluida en el aeropuerto de Hong Kong y no podía salir. No la dejaban usar el teléfono.

“Me metieron en una celda de detención en el aeropuerto. Me hacían preguntas violentas y me obligaban a usar el baño de hombres que se encontraba en la misma celda, donde todos los detenidos podían verme”. Allí la interrogaron, la desnudaron y se burlaron de su figura. La tocaron y maltrataron –sin que esto contara legalmente como abuso, pues en China ‘abusador sexual’ es una categoría que aplica a quienes abusan de mujeres y niños, pero Eliana era un hombre, su documento lo decía–.

Detenida junto a criminales, contrabandistas e inmigrantes ilegales, aún tenía batería en su celular y “desesperada le escribí a todos mis contactos, a todos mis amigos en Facebook y Twitter y distintos grupos LGBT para que me ayudaran”.

Al parecer funcionó. Luego de emitir la orden de deportación, el Gobierno de China le ofreció libertad condicional. Eliana podía entrar a la ciudad pero no salir a ninguna parte que no fuera Colombia. Ahora se encontraba en una ciudad que no conocía, no tenía a donde ir y le aterraba la idea de tener que volver a su país natal.

Sin Estado, y solo con carácter de residente temporal en China, Eliana buscó ayuda de la ONU para encontrar asilo. De nuevo, su carencia de identidad oficial y su realidad genital le hicieron las cosas difíciles. Dado que Eliana no tenía papeles, el país que la recibiera debía emitir un pasaporte según sus leyes y condiciones.

De los 40 países que tienen convenios de reasentamiento con la ONU, solo cinco la podrían reconocer como mujer.

Hasta que Eliana se presentó, la ONU no había otorgado a ninguna persona trans el carácter de refugiado. Aunque ella fue la primera “la primera refugiada transgénero que no se ha realizado la cirugía de reasignación de sexo en ser reconocida como mujer”, esto no fue más que un alivio temporal. Durante meses ningún país aceptó su solicitud de reasentamiento.

Eliana, en su vacío burocrático y como muchas víctimas de guerra, fue una exiliada sin papeles.

Hong Kong no recibió a Eliana como lo hizo Taiwán. Aunque la organización Rainbow Action le encontró la pequeña habitación de 4×1.5, temía salir a la ciudad. La orden de deportación seguía en píe y “en cualquier momento me podía coger la policía y armar problemas”.

Durante el tiempo que esperó sin la posibilidad de trabajar o estudiar, Eliana recibía una pequeña cantidad de comida y solo contaba con un sustento de 150 dólares mensuales, entregados por el Gobierno de Hong Kong, una de las ciudades más caras del mundo.

Transgenero Eliana

Su situación era difícil. En octubre del 2013 se desmayó en la calle y, una vez en el hospital, por su condición de transgénero, no fue tratada por el déficit hormonal que sufría; en cambio, la internaron en el pabellón siquiátrico.

Durante más de ocho meses Eliana estuvo en Hong Kong, quedándose en distintos hogares de paso que lograba encontrar. En ocasiones se quedaba en centros de detención destinados a personas con problemas legales por solucionar o en pequeñas oficinas de las organizaciones que la buscaban. En ningún sitio podía residir mucho tiempo, no tenía papeles que mostrar, nada se podía decir oficialmente de ella.

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Eliana encontró hogar gracias a Nueva Zelanda. El país de Oceanía, que conocía su caso desde el principio, se demoró meses considerando su aplicación, pues en el momento se encontraba recibiendo refugiados de Siria. “Yo sé que un sirio se quedó sin puesto por cuenta mía”, reconoce.

Pero ahora Eliana tiene pasaporte de refugiada, vive en Auckland y China ya quedó en el pasado. Esto significa que, aunque aún no tiene Estado, ella goza de todas garantías propias de un ciudadano neozelandés, de una mujer neozelandesa.

Allá es famosa. Salió en los periódicos más leídos del país y en ocasiones la reconocen en las calles. Está contenta.

“Ellos se sienten muy orgullosos de mi historia. Con ella quieren reafirmar la idea de que su país es un país abierto. Aquí me brindan toda la asistencia que necesito”. Vive en el centro de la ciudad con su marido; trabaja como operadora logística en una aerolínea de vuelos privados y, cuando tiene tiempo, escribe en su blog –donde ha registrado sus vivencias y pensamientos, desde su vida en China hasta el encuentro con su esposo.

La vida es en entero distinta allí. Su visa de residencia tiene ‘indefinido’ como fecha de expiración y, aún más importantemente, en la casilla ‘sexo’ dice ‘femenino’.   Hace poco hizo los trámites para obtener su licencia de conducción, algo que meses atrás hubiera sido imposible. “Es la primera vez en mi historia como Eliana que tengo un documento que me identifica”, escribió en una entrada de su blog.

En Colombia, según un informe sobre los derechos de la comunidad LGBT realizado por Colombia Diversa, las mujeres trans son víctimas de la mayor parte de los ataques y muertes que se presentan en la comunidad.

Alejandro Lanz, abogado de la organización Colombia Diversa y director de PARCES, explicó que el reconocimiento legal de sexo sin necesidad de una revisión genital o sicológica, es una inmensa batalla que se ha ganado.

Por eso tal vez es momento de recordar la historia de Eliana y la invisibilidad que una simple casilla en un documento oficial le causó.

Eliana vivió las consecuencias extremas de la imposibilidad de documentarse. Su pasaporte decía ‘masculino’ pero lo que vieron al otro lado del mundo fue a una mujer. Esta disparidad significó para Eliana una estadía de más de ocho meses en China, en un limbo burocrático como una especie particular de refugiada.

Tuvo que esperar a que la burocracia internacional le diera un lugar, a que en algún país reconocieran lo que ella es.

Cuando le pregunté a Eliana sobre la posibilidad de la corrección de sexo en la cédula colombiana, ella respondió, casi riendo: “No es sorpresa para mí. Es como un ‘por fin, ya era hora’”