Enfermería: el deber de cuidar a quien no puede cuidarse

Publicado por: Erika Mesa Díaz el Mié, 12/05/2021 - 19:10
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Los enfermeros y enfermeras trabajan todos los días para garantizar el bienestar de personas que tienen dificultades para valerse por sí mismas. Kienyke.com reflexiona sobre la importancia de su labor.
Enfermería: el deber de cuidar a quien no puede cuidarse

Si usted es una persona en plenitud de facultades, tal vez no note las pequeñas cosas que hace a diario y garantizan su calidad de vida porque ya las hace de forma rutinaria e inconsciente: se levanta, tiende su cama, se toma una ducha, viste ropas cómodas y zapatos seguros, prepara su comida, come, lava sus dientes, va al baño, pide ayuda cuando la necesita y duerme en su cama todas las noches.

Sin embargo, cuando usted era niño, alguien tuvo que ayudarle a cumplir esas tareas. Como usted no sabía hablar, alguien debía interpretar las señales de su cuerpo para identificar si tenía hambre o alguna molestia. Como usted no sabía cocinar ni era consciente de cómo mantener una dieta balanceada, alguien debía asegurarse de que usted comiera bien. También era necesario que le ayudaran a bañarse, ir al baño y vestirse con ropa limpia todos los días.

Posiblemente esa persona era su madre y lo hacía con todo el amor del mundo, hasta cuando usted aprendió a hacer esas cosas por sí solo y el trabajo del cuidado pasó a manos suyas. Seguramente, si usted llega a ser padre o madre, también lo hará por sus hijos hasta que ellos puedan valerse por sí mismos. Después de todo, usted es consciente de que ni su mamá ni usted durarán para siempre, y aunque sí lo hicieran, cuidar de alguien más es una gran responsabilidad que requiere habilidad y paciencia.

Lo ideal sería que, una vez alcanzado el uso de razón, usted pudiera cuidar de sí mismo hasta el final de sus días. Sin embargo, este mundo está lejos de ser ideal. En las partes del globo donde vivir es más cómodo, los años llegan con el deterioro del cuerpo y la mente. En países como este, donde el bien germinará quién sabe cuándo, hay conflictos y enfermedades endémicas.

En ambos casos, la tarea de cuidar a quienes pierden la capacidad de cuidar de sí mismos era encargada a las mujeres antes del siglo XIX, cuando ocurrió la Guerra de Crimea y la inglesa Florence Nightingale, quien nació el 12 de mayo de 1820, escribió los principios de la enfermería moderna. 

Según Florence Nightingale, las mujeres que se especializarían en cuidar de los heridos de guerra debían tener mucho más que empatía y compasión: necesitaban saber mantener un espacio limpio y tranquilo para los convalecientes, entender algunas señales básicas de malestar, hablar con los enfermos y sus familias, entre otras cosas.

Estas cosas son más complicadas de lo que parecen. Si usted ha tenido el cabello largo, sabe que no se siente igual cepillarlo con sus propias manos que ser peinado por otra persona: dicha persona no comparte su umbral de dolor y podría propinarle un par de tirones sin querer. 

Si esa sola tarea es difícil de hacer por otra persona, imagínese tener que abrir la boca de alguien más pesado que usted para lavar sus dientes, cargarlo para bañarlo, limpiar una herida sin causarle dolor, ayudarle a comer sin que se ahogue, darle sus medicinas a tiempo y de forma correcta, revisar que su cama y sus cosas estén limpias y asegurarse de que su salud se mantenga estable.

Ahora que comprende cuán esenciales y complejas son las tareas del cuidado, entenderá por qué siempre hay demanda y escasez de auxiliares y profesionales de enfermería, la cual no ha podido ser sopesada ni siquiera por la entrada de personal masculino a esa profesión desde la segunda mitad del siglo XX. 

De acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, antes de la llegada de la pandemia por covid-19 el mundo ya tenía un déficit de aproximadamente 5.9 millones de enfermeros y enfermeras. Hoy en día, el déficit para cubrir la demanda y reemplazar a los enfermeros retirados asciende a 13 millones. 

Aunque los países en vías de desarrollo enfrentan una mayor escasez de estos profesionales, incluso potencias como Estados Unidos adolecen de enfermeros. De hecho —dato curioso—, hay un proceso especial para asignar visas americanas a enfermeros.

Eso no significa que su profesión sea socialmente reconocida y valorada como es debido. De hecho, los enfermeros y enfermeras son menospreciados por directivos y usuarios del sistema de salud. Eso se ve reflejado en incumplimiento de salarios y sobrecarga laboral. 

Además, por la naturaleza de sus funciones, son las personas más expuestas a contagiarse con los males de sus pacientes —incluido el covid-19, por supuesto; según cifras de diciembre de 2020, el 40% del personal de la salud infectado en México correspondía a enfermeros y enfermeras— y desarrollar otros problemas, como estrés postraumático.

El sacrificio de cuidar a otros, que no es cosa fácil, se reconoce cada 12 de mayo. El personal de enfermería cuida de los heridos de guerra, los enfermos en los hospitales, los adultos mayores y las personas con movilidad reducida. El centro de su trabajo es la dignidad humana y vale la pena detenerse a pensar en la dignidad suya.

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