La niña que murió por consumir demasiada gaseosa

La niña que murió por consumir demasiada gaseosa

16 de febrero del 2014

Alexa Linboom, de cinco años, se murió por haber bebido demasiada gaseosa. El 1 de enero de 2012, cuando Alexa llegó a un hospital de Johnson City, en el estado de Tennessee, EE.UU., tenía el cuerpo rígido, paralizado y de color azul. Berkley Bell, un fiscal de distrito le reveló a CNN que los síntomas de la niña fueron indicativos de un severo daño cerebral que fue ocasionado porque su padre y su madrastra la obligaron a consumir abundantes cantidades de gaseosa de uva.

Dos días más tarde la niña murió y la autopsia reveló que durante un lapso de dos horas fue obligada a beber 2.4 litros de gaseosa y agua. La niña gritó de dolor, luego entró en un estado de paralización y quedó inconsciente. Al parecer, la tortura a la que Alexa fue sujeta fue un castigo por haberse robado un refresco de uva de su madrastra y su muerte fue considerada un homicidio por una aguda intoxicación con fluidos, informó The Atlantic.

Casi dos años más tarde Mary y Randall Vaughn, sus padres, acaban de ser acusados de homicidio en primer grado, negligencia y abuso infantil y serán enjuiciados en octubre. Mientras tanto, se les ha detenido con una fianza de 500.000 dólares cada uno y sus otros cinco hijos han sido acogidos por el sistema de protección infantil de EE.UU.

“Trataron a esta niña de manera tan cruel que le causaron la muerte. No sé si su intención era matarla, pero lo que es claro que sí era su intención era lastimarla”, agregó Bell.

Cuando una persona consume demasiada gaseosa o agua, la sangre se diluye tanto que comienza a empujar agua dentro de otros órganos del cuerpo para librarse de ella. Uno de estos órganos es el cerebro, que se llena de agua y se hincha. Pero a diferencia de los otros órganos del cuerpo, el cerebro no tiene espacio para hincharse y comienza a presionar el cráneo hasta que se pierde la conciencia. En el caso de Alexa Linboom, el agua fue empujada hasta atravesar la parte baja de su cráneo, cortando así el abastecimiento de sangre al cerebro.

El caso de esta niña ha iluminado las impactantes cifras de abuso infantil en su país y ha traído conciencia sobre el hecho de que sí se puede morir por consumir grandes cantidades de algo aparentemente tan inocuo como es el agua.