Michelle Paver creía que estaba loca

Michelle Paver creía que estaba loca

26 de Enero del 2011

“¿Estoy loca al perder mi tiempo de esta forma?”, se pregunta Michelle Paver sentada en su escritorio, mientras amanece y llega la hora de ir a trabajar. La idea de dejarlo, de no escribir, es muy deprimente para contemplarla, así que se prepara un café, vuelve a su escritorio y continúa. El primer día que Michelle volvió a la ciudad luego de su año sabático se da cuenta que ha cometido un error. Mientras revisa su correo electrónico y ve que hay tres mil mensajes que ahogan su computador, en lo único que puede pensar es en Withous Charity, el primer borrador de su novela. Manda su manuscrito a una editorial y antes de recibir alguna respuesta, renuncia a la firma de abogados donde trabaja.

Nyasaland se llama Malawi desde 1964, y es un país al sureste de áfrica. Allí Michelle Paver, una de las escritoras infantiles más reconocidas del mundo, nació el 9 de septiembre de 1969. Al poco tiempo su familia se trasladó a Inglaterra, vivió en Essex hasta sus ocho años y luego se fueron a Wimbledon, donde vivió la mayor parte de su vida. Un conejo llamado Hamish y un Tiranosaurio Rex fueron los personajes principales de su primera historia. “No recuerdo cómo fue que empecé a escribir, sólo era algo que sabía que quería hacer apenas pudiera leer”, dijo en su página web.  El primer libro que leyó fue un libro álbum de la gente en la Edad de piedra, también leyó Finn Family Moomintroll, de Tove Jansson y The Sagebrush Sorrel. Dice que todavía tiene los tres libros. Michelle también leyó a Tolkien, Alan Garner, John Gordon, Roger Lancelyn,  M.R. James y cualquier antología de historias de fantasmas que sus manos pudieran encontrar. Cuando leyó a E. Nesbitt y su Man-size in Marble dice que no pudo dormir, que quedó aterrorizada y bañada de un sudor frío por horas.

Cuando Michelle tenía once años, una nueva estudiante entró a su clase. Hasta entonces el colegio había sido divertido, pero esa nueva estudiante sentía tanta aversión hacía Michelle que se llevó al resto de la clase a su lado, es decir, en contra de Michelle. “No se oye tan mal, pero era miserable y siempre estaba sola, después de un año, la niña se fue y todo volvió a la normalidad, pero nunca he olvidado ese momento”, dijo en una entrevista publicada en su página web. Es probable que eso le haya ayudado a convertirse en escritora, porque dice que durante ese año se refugió en su imaginación.


Sus años de infancia fueron felices, pero en su adolescencia todo cambió. “Tenía sobrepeso, acné y en general era detestable. Odiaba todo, incluso Wimbledon, que empezaba a ser más popular y de repente todos eran delgados, seguros de sí mismos y estaba a la moda”, dice. Eso influyó mucho en Michelle, porque no salía a la calle y leía todo cuanto caía en sus manos. También experimentó la verdad de estar sola en realidad, algo que pareció durar mucho tiempo y que le ayudó cuando empezó a escribir novelas.

Sus primeros intentos de novelas fueron rechazados y lo más difícil era seguir y escribir día a día, semana tras semana, año tras año, sin saber si algún día sería publicada. Sus autores favoritos fueron Jane Austen, Anthony Trollope, Kipling, Ray Bradbury, John Keats, Henry James, Edith Wharton, Catullus y Propertius. Pero sus influencias fueron sus papás, que se aseguraron de que creciera rodeada de libros, que siempre la apoyaron en sus gustos y quienes la animaron a tomar riesgos.

Michelle estudió bioquímica en Lady Margaret Hall, en Oxford ,y allí, en los años ochenta surgió la idea principal de Las Crónicas de la Prehistoria. Escribió el borrador, pero el contexto histórico no la convencía, así que guardó el manuscrito en una caja y la metió en el fondo de su armario. Cuando salió de la universidad, buscó un trabajo en el que le quedara tiempo para escribir. Empezó a trabajar en una firma de abogados porque pensó que tendría tiempo libre, pero no pasó mucho tiempo antes de estar llena de trabajo y demandas que resolver. Luego de cinco años de trabajar fines de semana y noches enteras, Michelle pidió un año sabático. Cuando se lo aprobaron se fue a viajar por todo el mundo, estuvo en Perú, Ecuador, Sudáfrica, Francia y Estados Unidos. Durante su viaje terminó el manuscrito de Without Charity y después de viajar todo un año, volvió a la gran ciudad.

Después de renunciar a la firma de abogados, pasaron sólo un par de meses cuando la llamaron de una editorial para publicar su libro. Without Charity fue seleccionada por W. H. Smith, una de las librerías más grandes de Gran Bretaña, como una novela debut para otorgarle el premio Fresh Talen. Michelle Paver desde ese momento, es escritora de tiempo completo y su único jefe son los miles de lectores niños que tiene alrededor del mundo.